Compañeras de militancia y organizaciones feministas cuestionaron la hipótesis judicial que investiga el crimen de Jéssica Núñez, la mujer trans de 44 años asesinada el jueves 13 de agosto en barrio La Floresta, de Villa Nueva. Para ellas, el ataque no puede leerse como una simple riña entre vecinos, sino como un crimen de odio motivado por la identidad de género de la víctima.
Alejandra Navarro, amiga de la víctima, y Betiana Cabrera Fasolis, de Mumalá Nacional, sostienen que el hecho debe encuadrarse como crimen de odio o travesticidio, pese a que la causa judicial descartó hasta el momento un contexto de violencia de género.
Jéssica murió tras recibir una puñalada en el pecho en inmediaciones de calle San Luis al 200, cerca de las cinco de la madrugada. Alcanzó a caminar unos cuatrocientos metros antes de desplomarse en la vía pública; un vecino alertó a la Policía y personal de la Patrulla Preventiva la trasladó al Hospital Pasteur, donde los médicos constataron el fallecimiento poco después de su ingreso.
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Por el hecho quedaron detenidos Johana Mailen Rogero, de 22 años, y su padre, Cristian Oscar Rogero, de 48, conocido como "Macarrón", imputados por homicidio simple y partícipe necesario, respectivamente. La Fiscalía de Fuero Múltiple 2 de Villa María, a cargo de Juliana Companys, sostiene que existían conflictos previos entre la víctima y los acusados y que, por el momento, no encuentra elementos para encuadrar el hecho dentro de la violencia de género.






