Vivimos la paradoja de ser la sociedad más conectada de la historia y, al mismo tiempo, una de las que mayores dificultades enfrenta para escucharse. Nunca fue tan fácil enviar un mensaje, expresar una opinión o confrontar públicamente una idea. Sin embargo, la velocidad con la que nos comunicamos parece estar superando nuestra capacidad para comprendernos.Marshall B. Rosenberg, en Comunicación no violenta: un lenguaje de vida, planteó una alternativa profundamente humana: aprender a observar sin juzgar, reconocer nuestros sentimientos, identificar las necesidades que los originan y formular peticiones concretas sin convertirlas en imposiciones. Su propuesta adquiere hoy una vigencia extraordinaria.Las redes sociales han reducido prácticamente a segundos la distancia entre emoción y reacción. Una diferencia política termina en insulto; un desacuerdo familiar se convierte en enfrentamiento; una crítica laboral se interpreta como ataque personal. Hemos comenzado peligrosamente a confundir cuestionar una conducta con descalificar a una persona.PublicidadLa comunicación no violenta propone separar a la persona de sus actos y las diferencias de la enemistad.Esto resulta particularmente importante en política. Una democracia necesita discrepancias, oposición y debate. Lo que no necesita es transformar al adversario en enemigo. Podemos cuestionar firmemente una propuesta sin destruir la dignidad de quien la plantea. La madurez democrática debería medirse también por nuestra capacidad para confrontar ideas sin deshumanizar personas.Lo mismo ocurre en las empresas, familias y comunidades. Preguntarnos “¿quién tiene la culpa?” suele conducir al enfrentamiento. Preguntarnos “¿qué necesitamos comprender para resolver esto?” abre posibilidades diferentes. Incluso la inteligencia artificial podría contribuir. PublicidadPublicidadLos sistemas actuales pueden ayudarnos a detectar lenguaje agresivo, reformular mensajes o advertir generalizaciones. Pero ninguna tecnología podrá reemplazar nuestra responsabilidad sobre las palabras que elegimos.Por ello necesitamos avanzar hacia una comunicación basada en cinco dimensiones: conciencia, comprensión, conexión, construcción y cooperación. No significa evitar conversaciones difíciles ni renunciar a nuestros principios. La comunicación no violenta no consiste simplemente en hablar suavemente. Consiste en desarrollar algo mucho más exigente: decir verdades difíciles sin negar la dignidad de quien las escucha. (O)Jorge Ortiz Merchán, máster en Economía y Políticas Públicas, Durán
La urgencia de aprender a comprendernos
Necesitamos avanzar hacia una comunicación basada en cinco dimensiones.








