Los resultados que obtuvo México en los Juegos Centroamericanos y del Caribe no son obra de la casualidad. Encabezar el medallero, con 167 oros y 407 preseas totales, demuestra el enorme potencial que tiene el deporte nacional cuando sí existe una base sólida de desarrollo.Sin embargo, también nos deja una reflexión muy importante: El verdadero éxito no comenzó en Santo Domingo, ni en este sexenio. Es el resultado de un proyecto que inició hace más de tres décadas y sigue siendo el principal semillero del alto rendimiento en nuestro país: La Olimpiada Nacional.Desde que este programa fue impulsado en 1994, por el entonces director de la Conade, Ivar Sisniega, México encontró una herramienta capaz de detectar talento, como ningún otro país de la región.La Olimpiada Nacional provocó algo que pocas veces se reconoce: Obligó a los estados a invertir en infraestructura, entrenadores, becas y programas deportivos.También, hubo etapas en las que el respaldo del Gobierno Federal fortaleció enormemente el proyecto, generando una sana competencia entre las entidades por colocarse entre las mejores del país.Pero también debemos ser autocríticos. La Olimpiada Nacional cumple con su misión de descubrir talento; donde seguimos fallando es en el siguiente paso. Muchos atletas llegan a los 17 o 18 años con enormes condiciones y después dejan de recibir el acompañamiento necesario para convertirse en deportistas de clase mundial.Los clavados representan el mejor ejemplo de cómo debe hacerse el trabajo. México mantiene un nivel competitivo, porque cuenta con entrenadores de primer nivel, una planeación permanente y —sobre todo— un calendario internacional que permite a sus atletas medirse constantemente con las mejores potencias del mundo. Lo mismo ocurre en el taekwondo, el tiro con arco o la natación artística.Si realmente se busca que México supere la barrera de las 10 medallas en los Juegos Olímpicos Los Ángeles 2028, las federaciones deben cambiar su visión. Los recursos públicos no pueden destinarse únicamente a organizar competencias nacionales; deben invertirse en preparación, campamentos, ciencia aplicada al deporte, competencias internacionales y seguimiento individual de quienes tienen posibilidades reales de competir por una medalla.La Olimpiada Nacional ya hizo su parte y ha demostrado ser una de las mejores inversiones del deporte mexicano. Ahora, les corresponde a las federaciones y a autoridades completar el proceso.El talento existe, los resultados en Centroamérica lo confirmaron, y el potencial está a la vista. Lo único que no podemos permitirnos es desperdiciar una generación que ya demostró.deportes@eluniversal.com.mx Únete a nuestro canal
La Olimpiada Nacional ya cumplió; ahora, falta cumplirle a los atletas, escribe Nelson Vargas
Los recursos públicos no pueden destinarse únicamente a organizar competencias nacionales







