I. Asenjo

Actualizado a las 10:16h.

Atribuida al célebre filósofo taoísta Zhuangzi, esta frase es una metáfora milenaria sobre el valor de la autenticidad frente a la exigencia de utilidad que impone la sociedad. «Un árbol torcido vive su propia vida, pero un árbol recto se convierte en madera». Una idea que invita a la reflexión.

La imagen contrapone dos destinos. Por un lado un árbol recto, fuerte y perfectamente formado, que resulta valioso porque puede convertirse en tablas, vigas o muebles. Precisamente por su utilidad, acaba siendo talado y transformado en un recurso. Por otro lado, el árbol torcido no encaja en los estándares de la producción y queda fuera del interés de quienes buscan aprovecharlo. Esa aparente imperfección le permite permanecer en pie y continuar su propio camino.

La metáfora cuestiona una idea muy extendida en la sociedad actual como la de que el éxito depende de ser siempre eficiente, disciplinado, adaptable, productivo y previsible. Bajo esa lógica, las personas que cumplen con todos los requisitos pueden convertirse en piezas especialmente aprovechables por el sistema. Trabajan más, responden a más exigencias y, con frecuencia, terminan expuestas al desgaste y a la presión constante.