Germán González es licenciado en comercio internacional y despachante de aduana (Foto: Movant Connection)“El profesional argentino tiene que saber de muchas cosas: algo de economía, algo de leyes, un poco de todo”. Con más de 30 años en el comercio exterior, Germán repasa cómo cambió la actividad, qué errores se repiten en las operaciones de importación y por qué cree que la figura del despachante podría perder terreno frente al declarante y la inteligencia artificial.¿Qué es lo que notás que fue cambiando en el comercio exterior con el paso del tiempo?Hace más de 30 años que trabajo en comercio exterior: primero adentro de empresas y después asesorando a otras. La Argentina es muy cíclica, por momentos estamos importando y por momentos tenemos la necesidad de exportar. Creo que siempre deberíamos exportar, pero todo va cambiando a pasos agigantados.PUBLICIDADAparecen productos nuevos y posiciones arancelarias que antes no existían: hay mercadería que hoy tiene una posición fija y antes no la tenía. En la parte logística también cambió mucho: hay muchos más operadores, mucha más gente que compra y mucha más gente que vende.El despachante se va amoldando todo el tiempo, porque es una parte de la cadena de valor para que la mercadería entre o salga, pero muchas veces es, entre comillas, el que peor está visto. Un importador piensa en el despachante en último lugar: ve un producto, ve que es negocio y recién ahí va a consultar.PUBLICIDADEse producto puede tener un montón de requisitos, o incluso prohibiciones, y no es tan fácil como decir ‘me gusta este producto y lo traigo’. Muchas veces la gente empieza el proceso al revés, en lugar de averiguar primero qué necesita para poder importarlo o exportarlo.Veo que muchas veces el importador o el exportador mira el precio y no tanto la calidad. No quiero generalizar, pero hoy hay importaciones de todo: productos buenos y productos que son muy malos. Para el país, ese doble clic lo pondría en la calidad, aunque no tenga que ver directamente con el comercio exterior.PUBLICIDADCon una oferta tan amplia como la que existe hoy, no puede ser que sigan entrando al país productos de tan baja calidad. Me gustaría que hubiera productos mejores."Ojalá en algún momento la aduana permita trabajar todavía más remoto: la parte física de tener que ir a presentar algo en persona ya me parece algo viejo", comenta Germán (Foto: Shutterstock)El profesional argentino tiene que saber de muchas cosas: algo de economía, algo de leyes, un poco de todo. Trabajo bastante con gente en Europa y ellos hacen el despacho y ya está, terminaron su trabajo. Nosotros tenemos que saber qué requisitos aplican, qué necesita cada operación y hasta las finanzas de nuestros clientes: si pueden pagar, si tienen dinero en el banco, si el banco les permite girar. Son cosas que en otros lugares no existen.PUBLICIDADEsa exigencia también es tranquilidad, porque el cliente deposita la confianza en vos y sos responsable de la operación: si algo no se puede pagar o girar, el despachante tiene que salir a resolverlo, aunque en su momento no dependiera de él.Lo veo totalmente posible. Es más, ojalá en algún momento la aduana permita trabajar todavía más remoto: la parte física de tener que ir a presentar algo en persona ya me parece algo viejo, que quedó atrás con los cambios de los últimos años.PUBLICIDADHoy un despachante puede habilitarse, buscar un comisionista y operar en una aduana distinta a la propia sin problema. De hecho, yo ya no tengo oficina. Igual, creo que estar presente y generar diálogo con el cliente ayuda a la confianza, aunque no sea estrictamente necesario.