La aparición de caracoles terrestres gigantes africanos en Miami en 2011 planteó un problema que iba más allá de su eliminación y era el de encontrar a los ejemplares que permanecían escondidos. Florida terminó recurriendo a una herramienta poco habitual para reforzar la búsqueda: perros labradores especialmente entrenados para detectar su olor, incluso cuando los humanos no podían verlos.El caracol gigante africano -Lissachatina fulica- es originario de África Oriental y puede alcanzar casi 20 centímetros de largo. Según la información citada por el medio, se alimenta de una amplia variedad de plantas: se registraron al menos 500 especies vegetales entre sus fuentes de alimento.La detección del segundo brote se produjo el 9 de septiembre de 2011, en una zona residencial de Miami. A partir de entonces, las autoridades realizaron relevamientos y, en abril de 2012, establecieron límites de cuarentena y medidas regulatorias alrededor del área afectada.El principal obstáculo era que los caracoles podían ocultarse en lugares difíciles de revisar visualmente. Los inspectores recorrían jardines y otros sitios donde podían refugiarse, mientras que los vecinos también participaban mediante el reporte de posibles avistamientos.El antecedente que ya había tenido FloridaEl episodio de 2011 no fue el primer contacto de Florida con esta especie. En 1966, tres caracoles gigantes africanos fueron llevados a Miami y liberados en un jardín. La infestación fue detectada en 1969 y, durante una campaña de erradicación que se extendió hasta 1975, se encontraron más de 18.000 ejemplares.Durante el nuevo brote, los funcionarios combinaron diferentes métodos: inspecciones reiteradas, recolección manual de ejemplares, eliminación de lugares de refugio, aplicación de pesticidas y pruebas con trampas. Para entonces, la estrategia no consistía solamente en retirar los animales visibles. Era necesario comprobar que no quedaran ejemplares ocultos.Los perros se incorporaron al operativo en 2014. Raider y Bear, dos labradores negros, fueron entrenados específicamente para reconocer el olor de los caracoles terrestres gigantes africanos.Su preparación duró diez semanas: cuatro en una instalación de entrenamiento del Departamento de Agricultura de Estados Unidos y otras seis de trabajo práctico en el condado de Miami-Dade. Los animales resultaban especialmente útiles en zonas donde los caracoles habían aparecido anteriormente, pero su cantidad había disminuido hasta niveles muy bajos.Cuando detectaban un ejemplar, los perros habían sido entrenados para sentarse sobre el lugar y señalar así el hallazgo. También podían diferenciar el olor de esta especie del correspondiente a otros caracoles, una capacidad que permitía reforzar las inspecciones humanas.Para cuando fueron incorporados, las autoridades ya habían retirado más de 140.000 caracoles mediante equipos con perros, cebos, relevamientos, recolección, trampas experimentales y modificaciones del hábitat.Una búsqueda que continuó durante añosEl último caracol vivo correspondiente al brote de 2011 fue detectado en 2017. La vigilancia continuó después de ese hallazgo porque una reducción de las detecciones no garantizaba que la infestación hubiera desaparecido.En septiembre de 2021, el Departamento de Agricultura de Estados Unidos declaró erradicado ese brote luego de tres años consecutivos sin detectar caracoles en los condados de Broward y Miami-Dade.