En el Chocó, uno de los departamentos más pobres de Colombia, el terremoto de magnitud 7,4 del lunes pasado agravó una crisis marcada por deficiencias en salud, servicios públicos y atención estatal, lo que dificulta la respuesta a la emergencia y la atención de miles de damnificados. Tres días después del sismo, las autoridades dieron por concluida la fase de búsqueda y rescate, tras confirmar trece fallecidos en el departamento, nueve de ellos en Quibdó, la capital, y concentraron sus esfuerzos en la atención de las familias que perdieron sus viviendas.Durante una reunión del Puesto de Mando Unificado (PMU) celebrada la noche del miércoles en la capital chocoana, el vicepresidente colombiano, José Manuel Restrepo, resumió a EFE las necesidades más urgentes de la emergencia: “Albergues, carpas, tanques de agua, kits de aseo, combustible y plantas eléctricas”.PublicidadTerremoto en Colombia: rescatan a un niño tras 32 horas atrapado en la oscuridadEl ministro del Interior, Rodrigo Lara Restrepo, anunció, además, el envío de alimentos, insumos médicos, combustible para mantener operativas las plantas eléctricas, carpas para los albergues y materiales destinados a la recuperación del sistema eléctrico, así como el desplazamiento de equipos de ingenieros para evaluar los daños en viviendas, colegios, edificios públicos y estaciones de Policía.Sin embargo, el cierre de las operaciones de búsqueda no supone el fin de la emergencia. Al contrario, abre una fase aún más compleja: identificar a los damnificados, cuantificar los daños y reconstruir una infraestructura golpeada desde hace décadas por el abandono estatal.Una emergencia sobre otra La magnitud del desafío queda reflejada en los indicadores sociales del departamento, donde la pobreza monetaria alcanzó el 65,3 % en 2025, más del doble del promedio nacional, situado en el 28 %, según cifras del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE).PublicidadPublicidadLa situación es especialmente crítica en Quibdó, la ciudad con mayor incidencia de pobreza monetaria del país (61,7 %) y con una tasa de pobreza extrema del 32,5 %, un escenario que agrava la capacidad de respuesta ante una emergencia como la provocada por el terremoto.Sube a 265 la cifra de muertos por el terremoto de magnitud 7,4 en ColombiaLa defensora del Pueblo, Iris Marín, advirtió en declaraciones a EFE que todavía no existe un censo que permita determinar el número real de damnificados, lo que dificulta la distribución de las ayudas y la planificación de la respuesta institucional.La emergencia también ha puesto a prueba la capacidad del sistema sanitario del departamento, donde el Hospital San Francisco de Asís, el principal centro asistencial de Quibdó, tiene una sobreocupación cercana al 160 %, una situación agravada por las dificultades para garantizar un suministro estable de energía y una conectividad adecuada.La capacidad institucional, al límiteEl alcalde de Quibdó, Rafael Bolaños, reconoció que el terremoto puso en evidencia las limitaciones de las instituciones para responder a una catástrofe de esta magnitud. “Esta emergencia inesperada ha desnudado completamente la capacidad de respuesta institucional”, afirmó a EFE el alcalde.Las cifras ilustran la dimensión del desafío: más de 150 barrios sufrieron algún nivel de afectación y al menos 1.200 viviendas requieren una evaluación estructural.Colombia declara emergencia económica para afrontar crisis tras terremotoLos equipos técnicos recorren los sectores más golpeados para identificar edificaciones en riesgo y ordenar evacuaciones preventivas, un proceso que avanza más lentamente de lo que esperan muchas familias que denuncian la ausencia de ayudas y de censos oficiales.PublicidadEn el coliseo de boxeo del barrio Las Américas funciona el principal albergue habilitado hasta ahora, aunque las autoridades estudian la apertura de un segundo espacio para atender a quienes se quedaron sin hogar.Los postes inclinados y a punto de caer y equipos de trabajadores que se esfuerzan por restablecer el servicio eléctrico recuerdan que la normalidad todavía está lejos, mientras que, a pocos metros, las montañas de concreto donde hasta hace solo tres días se levantaban viviendas mantienen intactas las huellas del desastre. (I)