El mercado automotor argentino atraviesa un proceso de reconfiguración que combina dos tendencias contrapuestas: la caída del volumen general de ventas y el crecimiento acelerado de los vehículos electrificados. Mientras las proyecciones para 2026 ubican al mercado nacional entre 520.000 y 550.000 unidades, frente a las 575.000 del año pasado, las nuevas tecnologías de movilidad ganan participación y obligan a los concesionarios a revisar su modelo de negocios.

Para Sebastián Parra, director ejecutivo de Familia Parra, el escenario es “desafiante” porque existe una creciente distancia entre la evolución de algunos sectores de la economía y la capacidad de consumo de la clase media. A comienzos del año, las expectativas del sector apuntaban a superar las 600.000 unidades, pero la evolución del consumo modificó esas previsiones.

“Hay una desconexión entre los sectores que están impulsando el crecimiento del país, como minería, petróleo y gas, y la microeconomía que afecta a la clase media”, señala Parra. La pérdida de poder adquisitivo y la cautela del consumidor impactan directamente sobre las decisiones de compra de bienes durables como el automóvil.

A este escenario se suma una competencia cada vez más intensa. La apertura del mercado favoreció el desembarco de nuevas marcas, especialmente de origen chino, que ingresan con una combinación de tecnología, equipamiento y precios que presiona sobre las automotrices tradicionales.