Benicàssim (Castellón) (EFE).- Tras 31 años de trayectoria, el festival internacional Rototom Sunsplash de Benicàssim (Castellón) ha perfeccionado un modelo logístico y espacial que lo transforma en una «miniciudad» vacacional mediterránea donde coexisten multitud de ofertas variadas que lo convierten en un lugar ecléctico con espacio para la música y el activismo social.

“No existe una única manera de habitar, ni de vivir, Rototom”, indica el director del festival, Filippo Giunta: “Hemos diseñado un espacio amable donde una familia con niños pequeños y un grupo de jóvenes pueden compartir la misma semana de vacaciones respetando sus propios ritmos”.

La singularidad del recinto cultural, que abrirá del 16 al 22 de agosto, reside en su capacidad para ofrecer una infraestructura viva por la que fluyen propuestas «infinitas» para que cada asistente pueda explorar sus “mil vidas” dentro del festival.

La clave de esta coexistencia radica en la armonización de espacios y horarios, ya que activa diariamente doce horas ininterrumpidas de programación que arrancan con áreas diurnas de relajación, aprendizaje y salud holística para dar paso, de forma natural, a una intensa actividad nocturna de conciertos y sesiones de sound system hasta la madrugada.