La doctora Inês Neves, especialista en medicina estética, explica cuándo es más recomendable utilizar cada tratamiento. La flacidez facial es uno de esos cambios que aparecen poco a poco y que no siempre sabemos cómo abordar. Con el paso del tiempo, la piel pierde firmeza y el rostro puede empezar a mostrar una menor definición en zonas como el óvalo facial, la mandíbula o el cuello. Frente a este proceso, cada vez existen más tratamientos estéticos que buscan estimular la producción de colágeno sin recurrir directamente a la cirugía. Entre ellos, dos de los más conocidos son la radiofrecuencia y los ultrasonidos microfocalizados (HIFU).Pero, aunque ambos persiguen mejorar la firmeza, no funcionan exactamente de la misma manera ni actúan sobre las mismas estructuras. Entonces, ¿cuál es mejor?La respuesta, según la Dra. Inês Neves, especialista en medicina estética, no pasa necesariamente por elegir uno y descartar el otro. "Existe una tecnología adecuada para esa piel, en ese momento preciso", explica. Antes de decidir, señala, es necesario valorar el grado de flacidez, la anatomía de la zona que se quiere tratar y las expectativas de cada pacienteUltrasonidos: cuando el objetivo es trabajar el soporte y definir el rostroLos ultrasonidos microfocalizados de alta intensidad (HIFU) actúan mediante energía aplicada en puntos muy precisos y a mayor profundidad. Según la experta, pueden alcanzar la dermis profunda y la capa SMAS, una estructura sobre la que también se trabaja en el lifting quirúrgico. Por eso, dentro de este planteamiento, se orientan especialmente a zonas en las que se busca mejorar la definición y el soporte, como el tercio inferior del rostro, la línea mandibular, la papada y el cuello.Eso sí, sus resultados no son inmediatos. El documento señala que pueden empezar a hacerse visibles a partir de las seis u ocho semanas, a medida que se produce la reorganización del colágeno, y que sus efectos pueden prolongarse entre 12 y 18 meses.Radiofrecuencia: cuando la prioridad es la calidad de la pielLa radiofrecuencia con microagujas, por su parte, trabaja de otra manera. En el caso descrito por la especialista, la tecnología combina ondas pulsadas y continuas con microagujas no aisladas para concentrar el calor en la dermis. El objetivo no se limita a la firmeza: también puede utilizarse para abordar aspectos relacionados con la calidad y textura de la piel, pigmentación, cicatrices y determinadas alteraciones vasculares.Por eso, la diferencia podría resumirse de una manera sencilla: los ultrasonidos se centran más en el soporte estructural, mientras que la radiofrecuencia pone el foco en la calidad y densidad de la piel. De hecho, la Dra. Neves considera que ambos tratamientos pueden ser complementarios y formar parte de un protocolo personalizado.¿Y si combinamos los dos?Precisamente porque trabajan a diferentes niveles, la especialista apuesta por diseñar tratamientos adaptados a las características de cada rostro en lugar de plantearlos necesariamente como opciones enfrentadas. La elección debería partir de una valoración profesional y de unas expectativas realistas.Ninguna de estas tecnologías debería entenderse como una alternativa milagrosa capaz de sustituir a la cirugía en casos de flacidez avanzada. "El error más habitual es esperar un resultado inmediato y definitivo como si fuera una cirugía", advierte la doctora. La producción de colágeno responde a los ritmos biológicos del organismo y los resultados son progresivos.No existe un tratamiento universalmente mejor. La clave está en saber qué necesita cada piel: trabajar principalmente el soporte y la definición del rostro, mejorar su calidad y textura o combinar diferentes estrategias. Como resume la Dra. Neves, el punto de partida debería ser siempre un diagnóstico individualizado y un plan que respete la biología de cada persona.