Durante el Mundial, el actor Javier Bardem hizo dos cosas que a mucha gente le parecieron incompatibles: se puso la camiseta de la selección española y sacó una bandera palestina en la grada. Tras haber acudido al partido contra Austria sin la camiseta, se le vino encima una campaña que lo acusaba de despreciar a su país; después se la puso y explicó en redes sociales que se la puso porque en España cabemos todos. El hecho de que un actor tuviera que explicarse para poder llevar una camiseta de fútbol condensa todo el problema español con sus propios símbolos.
Resulta también que, hace unos días, varios colectivos fascistas intentaron organizar manifestaciones racistas en Ceuta. Cuando los youtubers ultras y una organización neonazi convocaron sus concentraciones, se encontraron enfrente a los vecinos, muchos de origen marroquí, coreando “fuera de aquí” y “esta es nuestra ciudad”. Por las imágenes de El Faro de Ceuta hemos visto que entre los vecinos había varios que vestían también la camiseta de la selección española, e incluso alguno llevaba serigrafiada en la espalda el nombre de Lamine Yamal; ya saben, ese impresionante y joven jugador del que el activista de extrema derecha Vito Quiles cuestionaba la nacionalidad española —quizás por ser musulmán o por ser más moreno de lo que el ultra consideraba apropiado—. Merece la pena retener esa estampa, ya que se trata de ciudadanos españoles a los que la extrema derecha les niega serlo, echando de su ciudad a quienes habían ido a explicarles que no lo son.






