Que el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, no tenía intención alguna de cumplir el acuerdo alcanzado el pasado octubre con Hamás, que establecía un cese de hostilidades, era algo sobradamente conocido. Desde entonces, ha impedido la entrada de ayuda humanitaria en la Franja de Gaza cada vez que lo ha considerado conveniente, obligando a la población palestina a continuos desplazamientos forzosos, a malvivir en precarias tiendas de campaña y a no poder satisfacer sus necesidades más básicas.
Igualmente, ha matado a más de 1.200 palestinos como resultado de sus sistemáticos y prácticamente diarios bombardeos e incursiones terrestres. Y, por supuesto sus fuerzas militares no solo no se han retirado hasta la Línea Amarilla –que ya suponía controlar físicamente más del 50% del territorio total de Gaza–, sino que han ampliado su despliegue hasta llegar al actual 70%.
Un comportamiento que nos deja de paso con la duda sobre la verdadera voluntad del Movimiento de Resistencia Islámica (Hamás) para cumplir su parte del acuerdo, aferrado al argumento de que las reiteradas violaciones israelíes han impedido su desarrollo.
Lo que resulta en todo caso llamativo es que el primer ministro israelí haya llegado al punto de mostrar públicamente su rechazo frontal al plan de 15 puntos que la aberrante Junta de Paz, creada y presidida por Donald Trump, dice haber alcanzado con Hamás el pasado julio para su desarme. El mismo que Trump había calificado como “un paso monumental” hacia la paz en la zona.











