0:000:00El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia ArtificialDesde hacía más de un siglo, concretamente desde el 20 de agosto de 1905, no podía contemplarse en España un eclipse total como el que pudo verse ayer. El fenómeno empezó algo después de las 19.30 h y tuvo su momento culminante alrededor de las 20.30 h –con variaciones en función del punto geográfico desde donde se observaba–, cuando durante cerca de un minuto y medio el Sol fue totalmente eclipsado por la Luna. El astro rey oscurecido por el satélite de la Tierra.La excepcionalidad –hasta cierto punto relativa, como se verá más adelante– de este fenómeno ha despertado en nuestro país un interés inusitado. Por supuesto, el de los amantes de la astronomía que tienen por costumbre escrutar los cielos, en particular los nocturnos, con el ánimo de asomarse al vasto y todavía ignoto universo del que forma parte la Tierra. Pero también el interés de una inmensa masa de ciudadanos animados por otros motivos, entre ellos la posibilidad de asistir a un fenómeno inusual, de abrir y cerrar un paréntesis en el que encapsular un tiempo nuestras cuitas diarias, sin tener que pagar nada o casi nada por ello.La excepcionalidad del fenómeno ha despertado en España una expectación igualmente inusualLa expectación despertada por este eclipse ha sido extraordinaria. Hace semanas que se ha convertido en un tema de conversación y debate ciudadanos, generando incluso bandos enfrentados. Por un lado, los que han reservado una parte de sus vacaciones estivales a la atenta contemplación de este fenómeno astronómico. Por otro lado, los que afirman haber visto ya en el pasado algo parecido, aunque acaso no tan completo, y consideran que tanta expectación es desmesurada y obedece a razones que no están dispuestos a compartir.Pese a esta división social, es indiscutible que la dimensión del fenómeno ha sido enorme. Se calcula que ayer se realizaron hasta un millón y medio de desplazamientos en España para lograr las mejores vistas posibles del eclipse, con la consiguiente afectación en la red viaria, particularmente estresada en algunos puntos de la Península y sometida ayer en algunos enclaves a una prueba de carga. Y sobre todo en esa franja diagonal óptima para verlo, que atravesó la Península, desde la costa noroccidental situada entre A Coruña y Santander, hasta la mediterránea, limitada por Tarragona y Valencia, sin olvidar las islas Baleares. Cabe añadir que el eclipse fue sucedido por la lluvia de estrellas de las perseidas, un clásico en estas fechas veraniegas.La dimensión turística y económica ha sido elevada y ha comportado un esfuerzo de las autoridadesDebido a lo que podríamos denominar eclipsemanía , la dimensión turística y económica del fenómeno se ha disparado hasta cotas muy elevadas. Se ha calculado que el impacto económico registrado en las zonas donde con mayor claridad pudo verse el eclipse se ha situado entre los trescientos y los cuatrocientos millones de euros. Las autoridades, desde las estatales hasta las locales, se vieron obligadas a poner en marcha un dispositivo especial para los desplazamientos, con un número de efectivos policiales desplegados para tratar de garantizar la seguridad colectiva que iba más allá de los treinta mil. Y las gafas especiales para observar el eclipse, que con seguridad se han vendido por millones, han experimentado constantes alzas de precios según se acercaba la fecha de ayer. Antes de producirse, el eclipse había seducido ya a buena parte de la población española, interesada por la posibilidad de ver cómo el astro rey era opacado por la Luna, aunque solo fuera durante un breve periodo de tiempo.La eclipsemanía que ha recorrido España, uno de los países más privilegiados del mundo para seguir este eclipse total, admite distintas lecturas. Para algunos es un caso de gregarismo, causado por un fenómeno natural de cortas, aunque vistosas, consecuencias. Para otros, tiene su base en la innata curiosidad que caracteriza al ser humano y en lo infrecuente del caso. Esto último admite al menos cierta discusión, puesto que no habrá que esperar mucho para asistir a fenómenos similares. Para ver uno de dimensión comparable, sí, puesto que no está previsto que vuelva a darse hasta noviembre del 2053. Pero es igualmente cierto que el eclipse de ayer se inserta en una secuencia de tres fenómenos similares, conocida como el trío ibérico, que tendrá otros episodios relevantes el 2 de agosto del 2027 y el 26 de enero del 2028. En todo caso, el del 12 de agosto del 2026 es ya historia, aunque deja una estela de hechizo que probablemente seguirá presente durante no pocos días.
El día en que la Luna eclipsó el Sol, por Editorial
Desde hacía más de un siglo, concretamente desde el 20 de agosto de 1905, no podía contemplarse en España un eclipse total como el que pudo verse ayer. El fenómeno empezó algo después de las 19.30 h y tuvo su momento culminante alrededor de las 20.30 h –con variaciones en...











