En un mercado donde las cadenas de descuento duro (hard discount) están ganando más espacios, las tiendas de barrio se resisten a perder protagonismo y quieren mantenerse como el canal tradicional más cercano para los consumidores.En Ecuador existen alrededor de 130.000 tiendas de barrio. Cerca del 70 % del abastecimiento diario de los hogares se realiza a través de este canal, del cual dependen aproximadamente medio millón de familias de manera directa o indirecta, según la Asociación Red Ecuatoriana de Tenderos (RET).El gremio agrupa a unas 23.000 tiendas en todo el país, principalmente en Guayaquil, Quito y Cuenca; también tiene presencia en provincias de la Amazonía.PublicidadGuido Varela, presidente de la RET, cuenta que, en un contexto donde cerca del 70 % de trabajadores carece de empleo formal, la tienda constituye una alternativa de autoempleo y un emprendimiento familiar.La asociación busca que los propietarios de estos negocios se reconozcan como “empresarios tenderos” y avancen hacia la profesionalización, capacitándose, diversificando su oferta de productos, brindando servicios y adoptando herramientas tecnológicas.El crecimiento de las cadenas de descuento es un fenómeno que ya se vio en Colombia y Perú, desplazando a las tiendas de barrio. Competir resulta complicado debido al volumen, los precios y la capacidad de marca de estos formatos.PublicidadPublicidadEn Ecuador ya se siente el impacto en los comercios minoristas. No obstante, los tenderos buscan las maneras de seguir a flote con sus negocios.“Las tiendas de barrio siempre van a estar. Lo que vemos en la región es que cuando se abre un discount es muy difícil competir, pero no imposible. Este tipo de modelo de negocios sin duda afecta y hace fundamental que el tendero se tecnifique y se profesionalice y que incorpore dentro de su negocio otros servicios que antes, tal vez, no los veía necesarios”, indica Varela.Cada tienda sostiene directamente a una familia y forma parte de un amplio encadenamiento productivo que incluye a fabricantes, distribuidores, vendedores y transportistas, destacó.Años atrás se estimaba que entre 75 % y 80 % de las ventas de grandes empresas de consumo masivo se realizaba mediante tiendas de barrio. Esa participación ha disminuido.Con ese panorama, el vocero de la RET insiste que proteger a las tiendas de barrio también implica proteger el empleo, el encadenamiento productivo y la economía local.Posición en el mercadoUn estudio reciente elaborado en Quito por Oikonomics Consultora Económica revela que las tiendas de barrio representan el 22 % del comercio de cercanía, por su practicidad en el día a día, seguidas por los mercados tradicionales (21 %).PublicidadEn tanto que el modelo de descuento tiene una sólida penetración, donde las cadenas TuTi (18 %) y AKÍ (10 %) consolidan su propuesta de valor orientada a precios asequibles.De igual manera, una investigación de Worldpanel by Numerator expone que en Colombia, por ejemplo, el gasto o la participación de los locales de descuento superan el 30 %; mientras que en Ecuador se mantiene en alrededor del 10 %.“Las tiendas de descuentos en Ecuador han aprendido de lo que está pasando en Colombia. En ese país el gasto o la participación de estas tiendas descuento superan el 30 %. Acá en Ecuador es un 10 % aún; de cada 100 dólares, el consumidor destinó solo 10 dólares dentro del discounter”, explica Simón Chong, director comercial de Worldpanel by Numerator.De acuerdo con el estudio de Worldpanel, que analiza información del primer semestre de 2026, el comprador ecuatoriano acude a nueve puntos de venta para adquirir los productos que necesita.El canal tradicional, que se subdivide en varias categorías donde se encuentran las tiendas de barrio y otros locales, concentra alrededor del 65 % de las compras. El canal moderno se lleva el 30 %. Y el discounter, un 10 %.“No existe un consumidor de la tienda de barrio, no existe un consumidor de Tuti, no existe un consumidor de Megamaxi, no existe un consumidor de Mi Comisariato. Es un consumidor que va al Tuti y a ocho canales de compras más”, expone Chong.En el semestre analizado, las tiendas de barrio se están recuperando en un 3 % en facturación, pero todavía no llegan a niveles de años anteriores. Su debilitamiento responde a tres factores. Primero, tras la pandemia no se recuperó la frecuencia de compra, porque los consumidores empezaron a distribuir sus compras entre más canales.Segundo, la inseguridad afectó a los comercios minoristas, pero han aprendido a operar en esas condiciones. Tercero, los discounters y autoservicios introdujeron productos económicos con los que la tienda compite por precio, especialmente en categorías básicas, como leche, pan y otros productos de consumo frecuente.No obstante, los discounters —aunque su crecimiento sigue siendo importante— se están desacelerando porque parten de una base cada vez mayor, observa Chong. Estos establecimientos no concentran todas las compras del consumidor; si fuera el único canal elegido por su precio, tendría una participación más alta.El director comercial de Worldpanel analiza que la tienda de barrio ya no puede depender únicamente de la cercanía y la disponibilidad.Para recuperar relevancia, debe priorizar categorías de alta rotación y necesidades que otros canales no resuelven igual. Su ventaja está en productos fríos, compras urgentes y presentaciones asequibles: bebidas refrigeradas, snacks, champú en sachet, salsa de tomate en sachet y sazonadores, entre otros productos.Diversificación, márgenes y atenciónLa tienda de barrio es un negocio de volumen, no de grandes márgenes de ganancia. Además, por cada dólar que ingresa se reinvierte alrededor del 85 %, es decir, 85 centavos, para reposición de mercadería, según la RET.Guido Varela explica que, dependiendo de la categoría, los productos pueden dejar entre 5 % y 20 % de margen. Aunque puede parecer un volumen alto, en la práctica se traduce en pocos centavos por cada producto.Por eso, es necesario mantener un flujo constante de clientes. La respuesta no está solo en vender productos, sino en sumar servicios para que los usuarios, por ejemplo, puedan realizar pagos de servicios, como agua, luz e internet, que puedan recibir o enviar dinero, entre otras alternativas.En ese sentido, el gremio de tenderos tiene una alianza con Wester Union para que las tiendas de barrio se conviertan en corresponsables no bancarios, sin costo de inversión, y puedan recibir remesas de los migrantes.RET también impulsa el uso de medios de electrónicos para pagos digitales, ya sea mediante transferencias, con tarjetas o con billeteras móviles. Varela indica que las comisiones por servicios de este tipo han disminuido, por lo que es más factible su implementación.Además, señala que los pagos electrónicos generan un historial transaccional que puede demostrar ante la banca la seriedad y el movimiento real del negocio, lo que facilitará que el propietario de la tienda pueda acceder a crédito en instituciones financieras y, con ello, invertir en su establecimiento.Más allá de eso, las herramientas tecnológicas pueden agilizar la toma de pedidos, recomendar niveles de inventario y mejorar la gestión de compras.Empero, no todas las soluciones sirven para todos los establecimientos, por lo que cada tendero debe informarse, probarlas y evaluar si le resultan convenientes o no.Con ese escenario, la Asociación Red Ecuatoriana de Tenderos realizará en Quito la 11.ª edición de la ExpoTienda, la Feria para el Tendero, que se desarrollará el próximo 15 y 16 de agosto.Será un encuentro donde propietarios de tiendas podrán tener contacto directo con productores, distribuidores y entidades financieras. También podrán acceder a capacitaciones y promociones. (I)
Tiendas de barrio buscan diversificarse frente al desafío de un mercado más competitivo
Existen alrededor de 130.000 tiendas en el país y cerca de medio millón de familias dependen de ellas, según la Asociación Red Ecuatoriana de Tenderos.







