La irregularidad del crédito a las familias alcanzó en mayo el 12,8%, el mayor nivel en más de veinte años y la decimonovena suba mensual consecutiva. En octubre de 2024 era del 2,5%. Sin embargo, el 2 de junio, en el 43° Congreso Anual del IAEF, Vladimir Werning, vicepresidente del Banco Central, sostuvo que “la mora bancaria ha tocado pico en el segundo trimestre de 2026” y que el ciclo de expansión del crédito al sector privado “está próximo a avanzar”. La afirmación parece desmentida por los datos publicados, pero no lo está. El ratio de irregularidad informa sobre el pasado, pero las fuerzas que gobiernan su trayectoria futura ya cambiaron de signo.

El ratio de mora crediticia es un cociente entre la cartera en situación irregular y la cartera total, y ambos términos se mueven con rezago. Un crédito ingresa a la categoría irregular recién después de noventa días de atraso: lo que leemos en mayo refleja, en buena medida, decisiones y capacidad de pago de febrero. A eso se suma un efecto de acumulación. El deudor que ingresa al stock deteriorado permanece allí durante meses y, con frecuencia, años, hasta que regulariza su situación o la entidad castiga el crédito contablemente. El ratio tiene, por lo tanto, una inercia considerable y es una fotografía del daño acumulado, no un termómetro del presente.