Es momento de entusiasmarse, de actuar y de ser parte de la historia. Ecuador ya abrió la puerta, ahora toca cruzarla.12 de agosto, 2026 - 09h00El 28 de julio de 2026, la Ecuador Space Society (ESS) firmó un acuerdo histórico con Starlab Space LLC, convirtiéndose en su socio exclusivo en el país. Este paso abre las puertas para que investigadores, universidades y empresas ecuatorianas accedan a una estación orbital de última generación, sin necesidad de contar con una agencia espacial propia ni con presupuestos descomunales. Es –en pocas palabras– la llave que nos conecta con la nueva economía espacial. Durante décadas, el espacio fue territorio exclusivo de potencias con programas militares y científicos multimillonarios. Hoy, gracias a los cohetes reutilizables, enviar un kilogramo de carga a órbita cuesta menos de $ 3.000, frente a los $ 54.500 de los años 80. Esa reducción ha democratizado el acceso y transformado el espacio en una plataforma comercial abierta a cualquier país. Ecuador ya tiene un pie adentro. PublicidadEl Foro Económico Mundial estima que la economía espacial crecerá de $ 630.000 millones en 2023 a $ 1,8 billones en 2035. Sectores como la cadena de suministro, alimentos, defensa, retail y comunicaciones serán los motores de esa expansión. ¿Por qué no pensar que el banano, el cacao, el camarón o la industria farmacéutica ecuatoriana pueden ser parte de esa revolución? Nuestra ubicación geográfica es una ventaja natural: estar sobre la línea ecuatorial reduce el gasto energético de los lanzamientos y nos coloca en el mapa de la logística espacial. Pero esa ventaja solo se convierte en competitividad si construimos alrededor de ella un clúster de conocimiento compartido. La llamada Orbiting Intelligence, que procesa datos directamente en el espacio con inteligencia artificial, promete revolucionar la gestión de riesgos. Imaginemos bancos monitoreando en tiempo real la salud de los cultivos de sus clientes y ajustando sus carteras antes de que llegue un desastre climático. Eso no es ciencia ficción, es gestión responsable con herramientas que ya están al alcance, con lo que no repetiríamos los errores de previsión del fenómeno del Niño de 1997. PublicidadPublicidadLa alianza con Starlab también abre la puerta a la manufactura en microgravedad, un terreno en el que Ecuador puede experimentar con procesos imposibles en la Tierra. Desde alimentos como banano, cacao y camarón hasta productos farmacéuticos, las posibilidades son inmensas. No se trata de convertirnos en una potencia espacial tradicional, sino de aprovechar esta ventana antes de que otro país vecino lo haga primero. Hoy la pregunta no es si Ecuador puede estar en la órbita espacial, sino si nuestras empresas, universidades y emprendedores están dispuestos a mover un dedo para aprovechar esta oportunidad. Quedarse fuera significa perder competitividad, innovación y acceso a un mercado que crecerá exponencialmente en la próxima década. Este acuerdo no es solo un papel firmado: es una invitación a romper paradigmas, a pensar más allá de nuestras fronteras y a participar activamente en una economía que definirá el futuro. El espacio ya no es un lujo de potencias, es un terreno fértil para quienes se atrevan a sembrar allí. Es momento de entusiasmarse, de actuar y de ser parte de la historia. Ecuador ya abrió la puerta, ahora toca cruzarla. (O)Max Galarza, docente de Desarrollo Sostenible de la UEES, GuayaquilPublicidad¿Tienes alguna sugerencia de tema, comentario o encontraste un error en esta nota?