Reino Unido lleva años reforzando sus defensas frente al espionaje chino. Esta vez, sin embargo, el problema no ha conseguido penetrar desde fuera: ya estaba dentro. Una revisión de ciberseguridad de la Royal Navy ha descubierto que las cámaras instaladas en algunos de sus drones navales de vigilancia de última generación incorporaban componentes fabricados en China que mantenían comunicaciones no autorizadas con una dirección IP situada en el gigante asiático. El Ministerio de Defensa reaccionó de inmediato eliminando toda conexión a internet. Pero el caso reabre el debate sobre quién controla realmente la cadena de suministro de la nueva guerra tecnológica. Los K3 Scout son embarcaciones de superficie no tripuladas utilizadas desde marzo por unidades de élite de los Royal Marines y concebidas como una pieza de la transformación tecnológica de las Fuerzas Armadas británicas. La flota costó alrededor de 12 millones de libras y los aparatos han operado cerca de algunos de los espacios más sensibles de la defensa británica. No son precisamente un experimento marginal. Pueden transportar hasta 600 kilos y operar durante 30 días consecutivos. Han participado en pruebas de la OTAN en el Báltico y el modelo ha sido también adquirido por el Mando de Operaciones Especiales de Estados Unidos. Según ha revelado The Telegraph, una investigación detectó que sus cámaras enviaban las denominadas "heartbeat communications", pequeños paquetes de datos utilizados para confirmar que un dispositivo continúa conectado y funcionando correctamente, a un servidor localizado en China. TE PUEDE INTERESAR Londres insiste en que, hasta ahora, no existe ninguna prueba de que información sensible, imágenes o sistemas del Ministerio de Defensa hayan sido accedidos, comprometidos o transmitidos al exterior. Tampoco está probado que Pekín estuviera detrás de esas comunicaciones. Pero que un componente instalado en equipamiento de las fuerzas especiales pudiera establecer conexiones con China sin que aparentemente hubiera sido detectado antes ha disparado las alarmas sobre algo potencialmente más importante: la enorme dependencia tecnológica de Occidente respecto al gigante asiático en un momento de creciente rivalidad geopolítica y militar. No es un temor exclusivamente británico. En España, el Ejército de Tierra ha ordenado recientemente retirar 85 máquinas de vending de cuarteles ante las dudas sobre cámaras y micrófonos incorporados a sus sistemas de pago, aunque en ese caso no consta ninguna transmisión de información y la decisión es preventiva. TE PUEDE INTERESAR En Reino Unido, los drones K3 Scout fueron suministrados por la empresa británica Kraken Technology Group, que compró las cámaras a un tercer proveedor que había garantizado su seguridad. La compañía reconoce que contenían "un pequeño número de componentes procedentes de fuera de Reino Unido", aunque asegura que las cámaras cumplían con las normas estadounidenses que restringen el uso de tecnología de determinados fabricantes chinos en equipos de defensa. Tras una auditoría conjunta con la Royal Navy, Kraken sostiene que "nunca se ha compartido información sensible fuera de los canales previstos" y que cualquier posible vulnerabilidad "ha sido identificada y cerrada". Con todo, el contexto en el que se utilizaron los dispositivos explica la preocupación. Han estado en las proximidades del cuartel general del Special Boat Service (SBS) en Poole, Dorset, donde trabajan miembros de las fuerzas especiales con altas autorizaciones de seguridad. Existe además inquietud porque las cámaras podían permanecer activas incluso cuando las embarcaciones estaban apagadas. Más delicado todavía: según fuentes de Defensa citadas por el periódico, estos drones habían participado en preparativos relacionados con futuros planes británicos para garantizar la libertad de navegación en el estrecho de Ormuz. "Es un grave fallo a la hora de comprobar el origen de los componentes y hemos perdido la confianza en la plataforma", reconoció una fuente militar de manera anónima al rotativo. TE PUEDE INTERESAR El Ministerio de Defensa afirmó que se toma "extremadamente en serio la seguridad de nuestros equipos, redes y datos" e insistió en que ningún dato había sido comprometido. Sin embargo, la oposición conservadora ha pedido al Gobierno que realice "urgentemente una auditoría" de sus equipos para detectar posibles huellas chinas ocultas. Alicia Kearns, portavoz de Seguridad en la oposición, declaró: "Si no podemos decir con seguridad qué hay dentro de nuestro propio equipamiento militar, no podemos decir que sea nuestro ni que seamos soberanos". "Cuando se descubre que cámaras fabricadas con componentes chinos están grabando a nuestras fuerzas especiales —sus rostros, sus entrenamientos y sus operaciones—, no deberíamos sorprendernos; deberíamos estar furiosos por no haber despertado todavía ante la realidad de la amenaza a la que nos enfrentamos", añadió. El incidente llega en el peor momento para la estrategia militar británica. El Gobierno ha comprometido 5.000 millones de libras para acelerar el desarrollo de drones y sistemas autónomos y quiere convertirlos en uno de los pilares de unas Fuerzas Armadas capaces de combatir con menos personal y una combinación cada vez mayor de plataformas tripuladas y no tripuladas. El K3 forma precisamente parte del llamado Project Beehive de la Royal Navy, diseñado para crear una flota híbrida en la que los buques tradicionales operen junto a embarcaciones autónomas. El problema es que Occidente quiere librar la guerra del futuro con una tecnología cuya cadena de suministro continúa dependiendo en gran medida de China. TE PUEDE INTERESAR La advertencia ya había llegado previamente a Westminster. En febrero, el exjefe de la Royal Air Force Lord Stirrup recordó en la Cámara de los Lores que alrededor del 85% de los componentes utilizados en drones en todo el mundo proceden del gigante asiático y reclamó la construcción urgente de cadenas de suministro más resistentes. El propio Ministerio de Defensa reconoció en abril que utiliza productos fabricados en China dentro de su cadena de suministro y admitió que ni siquiera dispone de un porcentaje centralizado que permita conocer el alcance de esa dependencia. Apenas dos meses después aseguró al Parlamento que los controles de seguridad, contratación e importación existentes eran «robustos y suficientes» para gestionar los riesgos derivados de proveedores chinos. "Comprar British" El caso de los K3 convierte ahora aquella respuesta en políticamente incómoda. La vulnerabilidad no consiste necesariamente en comprar directamente un dron a una empresa china. El problema, según los expertos, se esconde varios escalones más abajo. Una compañía británica puede diseñar y ensamblar una plataforma, adquirir cámaras a otro proveedor y descubrir después que determinados componentes internos proceden de China. TE PUEDE INTERESAR Es la diferencia entre el origen de un producto y el origen de cada una de las piezas que lo componen. Y explica por qué "comprar británico" no equivale necesariamente a eliminar la dependencia china. Reino Unido conoce bien el dilema. El Gobierno lleva años retirando cámaras de vigilancia fabricadas por compañías sujetas a la Ley Nacional de Inteligencia china de instalaciones gubernamentales sensibles. El pasado noviembre anunció que había completado la retirada de estos dispositivos de todos los emplazamientos sensibles bajo su control. Las fuerzas especiales británicas también han extremado recientemente las precauciones con vehículos eléctricos chinos en sus instalaciones. ...vs. el temor chino El incidente llega en un momento especialmente delicado, ya que Downing Street ha iniciado un acercamiento diplomático con Pekín mediante una serie de visitas de alto nivel al país, con la esperanza de alcanzar lucrativos acuerdos comerciales para reactivar la economía británica, que sigue estancada. A principios de este año, el Gobierno laborista aprobó los planes para construir una gigantesca embajada china en Royal Mint Court, en pleno centro de Londres, pese a las preocupaciones por la proximidad del emplazamiento a líneas de comunicaciones sensibles. TE PUEDE INTERESAR Los servicios de seguridad, por su parte, multiplican sus advertencias sobre las actividades de la inteligencia china. El MI5 alertó el pasado año a los parlamentarios de los intentos "implacables" de los servicios chinos por obtener información e influir en Westminster. En este sentido, el Gobierno defiende una relación pragmática con la segunda economía mundial: cooperar cuando beneficie a Reino Unido y enfrentarse a Pekín cuando amenace su seguridad. La dificultad, sin embargo, está en separar ambas cosas. Durante años, el debate sobre China se concentró en Huawei, las telecomunicaciones o las grandes infraestructuras. La revolución de los drones ha trasladado el problema a miles de cámaras, sensores, baterías, motores, chips y módulos de comunicación mucho más difíciles de rastrear. La cuestión que deja el K3 Scout, por tanto, va mucho más allá de determinar qué información salió de esas cámaras. Reino Unido pretende construir una fuerza militar más autónoma, conectada y tecnológicamente avanzada mientras intenta reducir su dependencia de China. Pero cuanto más digital es el campo de batalla, más componentes necesita. Y cuantos más componentes necesita, más difícil resulta saber exactamente quién los fabricó, qué software llevan dentro y con quién pueden comunicarse.