Tan inesperado fue que la Comisión Electoral de Rusia permitiera la participación de Yábloko en las elecciones legislativas del 20 de septiembre, pese a su programa contra la guerra y la represión, como previsible fue su veto este lunes a raíz de una demanda presentada ante el Tribunal Supremo por presuntos incumplimientos de la normativa sobre financiación extranjera y propiedad intelectual.

Lo que ocurrió durante los 11 días que separan ambas decisiones explica el cambio de actitud del Kremlin. Si la admisión del partido, con un apoyo históricamente muy bajo, debía servir para demostrar la marginalidad de las posiciones pacifistas y dividir el voto liberal, la reacción social ha obligado al poder ruso a dar marcha atrás. La oposición política pidió casi en bloque el voto por Yábloko, su popularidad se disparó en la red y las encuestas empezaron a darle opciones de entrar en el Parlamento ruso.