0:000:00El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia ArtificialHace ya un tiempo que el fotógrafo y divulgador de fauna marina David Jara organiza expediciones desde Badalona en busca de tintoreras. Un proyecto de ecoturismo marino, Pelagik Expedititions, que pone en valor a esa especie de tiburón azul que está en peligro de extinción en nuestro mar Mediterráneo. Salen a la mar en su encuentro, saltan al agua tras el avistamiento y las graban. Cada documento es una historia. Y el grabado el pasado 22 de junio un hito histórico. El grupo logró captar un intento de cópula de dos tiburones azules delante de Badalona. Un sueño para cualquier amante del mar.Es la primera vez que la secuencia se documenta en el Mediterráneo y la tercera en todo el mundo. No es nada fácil estar allí delante de ese violento instante en el que el macho inmoviliza a la hembra con los dientes y trata de introducir su pene. Para Jara, uno de los elementos más reveladores de las imágenes es que demuestran que en nuestras costas hay un comportamiento reproductivo. Una extraordinaria noticia para una especie tan en riesgo de extinción en el Mediterráneo.En esa expedición del 22 de junio acompañaban a Jara los biólogos Mara Segovia y Gerard Martín Carrasquero. Ambos estaban igual de felices y emocionados que el primero. Y no es para menos.En un primer momento avistaron las aletas de dos machos. Uno claramente más grande que el otro. Se impuso la ley del más fuerte y el de mayor envergadura logró echar del lugar al pequeño. El mayor debía tener más de dos metros y medio. Y de repente, apareció ella, la hembra. Un precioso ejemplar de más de dos metros con marcas evidentes de intentos de cópula anteriores.De repente, el macho se abalanzó con violencia sobre la hembra y empezó a morderla por el lomo para intentar inmovilizarla. Los biólogos no daban crédito de lo que estaban viendo, mientras seguían documentando la secuencia.“El macho intenta posicionarse para introducir uno de sus dos pterigopodios (órganos sexuales masculinos de los tiburones y las rayas) dentro de la hembra”, cuenta Jara. Aunque no se produjo el apareamiento. La cópula no fue completa, pese al insistente y violento cortejo del macho.Para el divulgador, poder presenciar ese momento fue una experiencia “increíble”. Pero destaca por encima de todo el valor científico que tiene documentar un comportamiento reproductivo del que apenas existe documentación. Si nadie alza la voz y dice lo contrario, estas imágenes representan el primer registro visual directo de comportamiento reproductivo de una tintorera en el Mediterráneo. “Podría situar la costa catalana como un área potencialmente clave de reproducción de una especie catalogada en peligro crítico de extinción en el Mediterráneo según la ICUN (Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza), insiste emocionado Jara.Solo hay dos registros anteriores de ese mismo episodio. “Los dos precedentes conocidos corresponden a un episodio observado en el golfo de Bizkaia, publicado en la revista ‘Web Ecology’ en 2025, y a un segundo registro en Baja California publicado en ‘Bulletin of Marine Science’ en 2026”.El equipo de Pelagik Expeditions ya trabaja junto con la asociación Catsharks en la publicación científica del registro frente a las costas de Badalona. “Gracias a su duración y detalle, hemos podido observar interacciones que podrían aportar nuevas claves sobre el comportamiento reproductivo de esta especie”, apunta la bióloga Mara Segovia, una de las testigos del cortejo e investigadora en Catsharks. “Es una herramienta para respaldar el papel de la costa catalana como zona de reproducción de esta especie de tiburón”. Además la grabación de la existencia de crías de tintorera en Cap de Creus, “refuerza la idea de que nuestras aguas son un lugar esencial para el futuro de estas poblaciones”. De ahí la necesidad, con más razón ahora, de protegerlas.Escribe y cuenta historias de la mala vida desde que empezó en el oficio del periodismo, desde los tiempos del fax. Autora de 'Desmontando el crimen perfecto'. Convive con dos perros, Simón y Lola; y con todo por aprender