Antonio Resines (Torrelavega, 1954) no necesita presentaciones. Su voz de timbre inconfundible ha resonado durante décadas en los salones de millones de hogares españoles. Con comedias míticas que marcaron a una generación, al pico histórico de audiencia que supuso Los Serrano, Resines ha sido un intérprete muy querido por el público. Y más adelante, descubrió su vena dramática y volvió a multiplicar la admiración. Eso sí, el actor reconoce que “cuando sales en la tele por primera vez es cuando empieza a cambiar todo de verdad”.El intérprete cántabro ha recibido el Premio de Honor en la primera edición de los Premios Anillos de Oro, galardones creados para reconocer la excelencia, el talento técnico y la creatividad en las series de televisión. Un galardón que recibe entre el orgullo por una trayectoria impecable y la sorna que siempre le ha caracterizado ante las etiquetas solemnes. “Lo de darme un premio a ‘toda una vida’ me afectó profundamente”, bromea, para añadir que “es el reconocimiento a una carrera que tiene mucho que ver con las series, las que te dan más popularidad y cercanía”.Lee tambiénCon más de cuatro décadas de oficio, cerca de 150 películas a sus espaldas, con hitos como el debut de Fernando Trueba, Ópera prima, o su maravilloso papel en La buena estrella, que le valió el Goya, Resines también vivió una etapa como presidente de la Academia de Cine. “No se lo deseo a nadie”, confiesa. Y sigue demostrando capacidad para reinventarse. Ahora se lanza a presentar en Prime Video el programa de humor LOL: Si te ríes, pierdes con Georgina Rodríguez. “Somos una pareja completamente inesperada”, señala, y resume su relación con la empresaria y modelo como “impresionante”.A finales de noviembre de 2025, tras sufrir un colapso en su sistema cardiovascular, Antonio Resines tuvo que ser operado de urgencia a corazón abierto; le realizaron tres bypass coronarios. Fiel a su estilo directo, encaja este bache con pragmatismo. “Tengo los achaques normales de la edad, me operan de vez en cuando y ya está”, resume. Por eso, asegura que se cuida más y camina 10.000 pasos diarios “bastante a rajatabla”. Aunque a lo que da más valor es a una filosofía muy suya: “Hay que reírse de uno mismo, es la mejor vacuna contra la tontería”.¿Qué supone para usted recibir el Premio de Honor de la primera edición de los Premios Anillos de Oro?Lo primero fue una sorpresa, porque al ser la primera edición no sabía que existían estos premios y me parece que ya era hora de premiar las series. Y lo segundo... bueno, lo de darme un premio a ‘toda una vida’ me afectó profundamente (risas). Es broma, está muy bien, es el reconocimiento a una carrera que tiene mucho que ver con las series. He hecho bastante cine, pero las series son, en definitiva, las que te dan más popularidad y cercanía con el público.Eso es cierto, ha entrado en las casas de todos los españoles. ¿Es cierto que cuando se sale en la televisión todo cambia para un actor?Efectivamente. Cuando sales en la tele por primera vez, es cuando empieza a cambiar todo de verdad. Antes era distinto; las películas tenían mucha repercusión y las veía muchísima gente, pero nunca al nivel de la televisión. Me acuerdo de que Los Serrano tenía audiencias del 40% y llegábamos a los 7 millones de espectadores, una barbaridad. Santiago Segura se va a enfadar, pero estas eran las cifras (risas). Y ten en cuenta que eran 7 millones según el sistema de medición, pero había más gente en las casas.Me acuerdo de que ‘Los Serrano’ tenía audiencias del 40% y llegábamos a los 7 millones de espectadores, una barbaridadAntonio Resines¿Cómo era salir de casa con tanta popularidad?Me acuerdo de que cuando salía después de un capítulo, en el segundo o tercer año, era impresionante. Desde la puerta de mi casa al kiosco, que hay 75 metros, me podían parar cuatro o cinco personas. Te conocía todo el mundo, era una cosa alucinante. Ahora, por salir todo el rato, la gente ya se ha acostumbrado a verme. Pero es muy importante hacer un festival para las series porque no había un reconocimiento a un trabajo que es importante y que hace feliz a mucha gente.Sigue usted sumando títulos, tiene casi 200 personajes a sus espaldas según IMDb. ¿Le tienta hacer una fiesta cuando llegue a los 200?¡Si es que he perdido la cuenta! (Risas). Salen 190, pero ahí meten de todo, series y películas. Aunque no sea el protagonista, lo incluyen. Películas creo que llevaré entre 140 y 150. Pero sí, buena idea, lo de celebrar. Cualquier excusa es buena.Ahora va a estrenar un proyecto totalmente distinto, el programa LOL: Si te ríes, pierdes, que presentará junto a Georgina Rodríguez. ¿Cómo está viviendo esta experiencia?Muy bien. Cuando lo presentamos en Prime Video, lo anunciaban con la frase “es una pareja inesperada”. Y efectivamente, somos una pareja completamente inesperada (risas). Pero nada, muy bien. Van a ser seis capítulos que se emitirán en Navidad. La gracia es que los que nos podemos reír somos nosotros, no los que están dentro de la casa. El programa trata de que entre los cómicos se hagan reír unos a otros; si te ríes, Georgina y yo les sacamos tarjeta amarilla o roja. El programa está muy bien pensado y espero que sea un éxito.¿Qué tal con Georgina?Magnífico, impresionante. Impresionante es la palabra.¿Cómo se recuerda de niño? ¿Cómo fue su infancia?¡Me has dejado de piedra con esta pregunta! Pues la recuerdo francamente bastante feliz, salvo algún episodio lógico de peleas o historias de estas. Yo lo he pasado bien casi siempre. Había momentos en los que tenías que esforzarte un poco más estudiando, o algún problema familiar normal dentro de una convivencia, pero bien. Yo corría mucho porque era bastante bajito; me llamaban Canijo. En los colegios los mayores abusaban de los pequeños, por eso me especialicé en correr. Pero al margen de eso, bastante bien.¿Era un niño bueno o travieso?En un término medio, porque era un poco falso (risas). Yo las mataba callando. Al no pegar el estirón hasta más tarde, tenías que buscarte la vida y disimular. Cuando era un niño tenía pelo y hasta flequillo, imagínate, con eso ya está casi toda mi infancia explicada.Resines recibió el Premio de Honor en la primera edición de los Premios Anillos de Oro. CedidaTuvo un comienzo en el cine mítico con Ópera prima, el debut en la dirección de su amigo Fernando Trueba. ¿Cómo recuerda aquella primera película y cómo llegó a ahí?Éramos unos críos, teníamos 23 o 24 años. Era la felicidad absoluta; nos dejaban jugar con los mayores, que es lo mejor que te puede pasar. Seguíamos haciendo lo que hacíamos nosotros, que eran cortometrajes entre nosotros, pero dimos el salto y entramos en una historia profesional. Me acuerdo perfectamente de la primera noche rodando en el aeropuerto de Barajas; me acuerdo como si lo estuviese viendo ahora. Fue divertido, adiestrador y emocionante.¿Tenía claro que querías ser actor o le empujaron un poco?Me empujaron, me empujaron… Yo no lo tenía claro. En los cortometrajes, como no teníamos dinero para pagar a los actores, a veces alguno de nosotros hacía algún papel de una frase o dos. Por razones que no sé exactamente cuáles son, me veían otros directores y me empezaron a llamar no solo la gente de mi círculo, sino gente de fuera. Yo no le tenía ningún miedo a la cámara, no me importaba salir y decir tonterías o poner un café. No eran grandes actuaciones, pero fui aprendiendo, me gustó y me siguieron llamando, sobre todo a raíz del exitazo de Ópera prima.Lee también¿Qué momento cree que supuso un antes y un después en su carrera?Ópera prima sin duda, porque fue la primera y porque fue un éxito. Y luego, un cambio brutal fue cuando empecé a hacer películas dramáticas y no solo comedias. La transformación real fue La buena estrella, entre el 97 y el 98, más de 15 años después de empezar. Ahí hubo un cambio de registro evidente y un cambio de actitud hacia mi trabajo por parte de todo el mundo. Antes de esa película estaba más catalogado como actor casi exclusivamente de comedia.Llegó el Goya y, más adelante, fue presidente de la Academia de Cine. ¿Ha sido uno de los trabajos más difíciles de su vida?Sin ninguna duda. No se lo deseo a nadie (risas). Fernando Méndez-Leite lo está haciendo espléndidamente bien ahora. Ser presidente de la Academia de Cine española es muy complicado porque, aunque seamos el mismo colectivo, no todos tenemos los mismos intereses. Dentro del mismo oficio hay otros oficios. Y no es lo mismo ser directivo que ser un currito. Las instituciones son importantes y han contribuido muchísimo a los éxitos del cine español, pero son estructuras muy complicadas de llevar, y más si no eres empresario. Llevar un colectivo de más de 3.000 personas es muy difícil.Me obligo a andar los famosos 10.000 pasos, o más, todos los días; desde que me operaron en noviembre, lo estoy haciendo bastante a rajatablaAntonio Resines¿Cómo lleva el paso del tiempo y el hacerse mayor en una profesión tan expuesta físicamente?Creo que no lo llevo mal. Tengo los achaques normales de la edad, pero me operan de vez en cuando y ya está. Me canso antes, eso está claro, pero en un rodaje te acostumbras al ritmo, y también ahora trabajo en mejores condiciones y con más comodidades, por eso de ser mayor. Antes, diez horas de rodaje me parecían una tontería; ahora pesan, pero aparte de eso no llevo mal hacerme mayor.En lo cotidiano, ¿cómo cuida su salud física y mental?La mental se me ha ido ya completamente, está perdida, así que no tengo ningún problema (risas). Y en la física, me obligo a andar los famosos 10.000 pasos, o más, todos los días. Desde que me operaron en noviembre, lo estoy haciendo bastante a rajatabla. Me encuentro francamente bien y se lo recomiendo a todo el mundo. Los cardiólogos me dijeron que si en atención primaria mandasen a todo el mundo andar 5 o 6 kilómetros al día en vez de tanta medicina, nos quitaríamos muchísimos problemas de encima. Pero a veces es complicado hacerlo y no todo el mundo puede.¿Cuál es el mejor consejo que le han dado?Yo diría que varios. Lo primero, reírse de uno mismo, es una buena vacuna contra mucha tontería. También asumir que la vida no es justa; esto te evita frustraciones innecesarias y quedarte varado en la queja constante. Y dar las gracias, siempre, incluso cuando no sea necesario.¿Cómo se despediría un señor mayor de Torrelavega de una entrevista como esta?¡Ni puta idea, porque aquí no hay ningún señor mayor! (risas). Pues diría: “El Killer de Torrelavega se despide de La Vanguardia y espero que nos volvamos a encontrar pronto”.