La vuelta del ser humano a la Luna obligará a la NASA a enfrentarse a un enemigo que puede parecer insignificante a simple vista: el polvo. El regolito lunar puede dañar trajes, mecanismos y equipos, por lo que la agencia estadounidense está probando nuevas tecnologías antes de las futuras misiones Artemis. El polvo lunar tiene poco que ver con la arena que podemos encontrar en la Tierra. Sus partículas son afiladas, abrasivas y tienen facilidad para adherirse a prácticamente cualquier superficie, unas características que pueden convertirse en un problema serio cuando los astronautas trabajan durante largos periodos fuera de una nave o de una futura base. La propia NASA advierte de que este material puede deteriorar componentes, introducirse en mecanismos con piezas móviles y afectar a los trajes espaciales. Su presencia también supone un posible riesgo para la salud de los astronautas si las partículas consiguen entrar en los espacios habitables. La experiencia de las misiones Apolo ya demostró hasta qué punto el regolito podía resultar molesto. Ahora, el desafío adquiere todavía más importancia porque Artemis no busca únicamente regresar a la superficie lunar, sino sentar las bases para una exploración más prolongada. Un laboratorio para recrear las condiciones de la Luna Para anticiparse al problema, los ingenieros trabajan en el Lunar Development and Test Facility del Centro Espacial Johnson, en Houston. Estas instalaciones permiten poner a prueba equipos en condiciones que imitan el entorno lunar antes de que tengan que funcionar a cientos de miles de kilómetros de la Tierra. Los especialistas utilizan un material que reproduce las características del regolito y cámaras de vacío para estudiar cómo responden diferentes tecnologías. Entre ellas se encuentran elementos de los trajes espaciales, componentes de vehículos y sistemas con articulaciones o mecanismos móviles, especialmente vulnerables a la acumulación de polvo. Las instalaciones cuentan con un laboratorio destinado a la preparación y contención del polvo, una cámara de vacío de aproximadamente 0,9 metros de lado y otra cámara térmica de vacío de unos 4,6 metros. Esta última emplea además un circuito cerrado de nitrógeno para ayudar a reproducir las exigentes condiciones a las que tendrán que enfrentarse los equipos. TE PUEDE INTERESAR Una de las tecnologías que está pasando por estas pruebas es la Handheld Lunar Electrostatic Dust Mitigation, una herramienta portátil concebida para combatir la acumulación de polvo mediante principios electrostáticos. La NASA está evaluando su funcionamiento dentro de estas instalaciones para comprobar su utilidad antes de futuras operaciones sobre la superficie. El objetivo no se limita a mantener limpios los equipos. Evitar que el regolito se acumule en lugares sensibles puede contribuir a alargar la vida útil de los sistemas y reducir fallos durante las misiones. La necesidad será todavía mayor si los astronautas terminan pasando periodos más largos sobre la Luna que sus predecesores del programa Apolo. Las pruebas también permiten investigar otras posibilidades que van más allá de combatir el polvo. Mike Salinas, responsable adjunto de una de las ramas de la División de Propulsión y Energía del centro, explica que los ingenieros están desarrollando técnicas para extraer recursos directamente del regolito lunar. Entre las posibilidades estudiadas se encuentra obtener oxígeno para los astronautas y oxígeno líquido que pueda emplearse como propelente. Artemis mira hacia una presencia más duradera Estas investigaciones forman parte de una estrategia mucho más amplia. El programa Artemis pretende devolver astronautas a las proximidades y posteriormente a la superficie de la Luna, pero también utilizar esas misiones para aprender a vivir y trabajar de manera más sostenible fuera de la Tierra. Resolver problemas aparentemente cotidianos, como impedir que unas diminutas partículas terminen deteriorando un traje o bloqueando un mecanismo, será fundamental para conseguirlo. La NASA está sometiendo el hardware a estas pruebas precisamente para descubrir sus puntos débiles antes de que los astronautas dependan de él durante una misión real. El polvo lunar, por tanto, representa mucho más que una cuestión de limpieza. Controlar el regolito será una pieza importante de la nueva exploración lunar, especialmente si Artemis consigue transformar las visitas puntuales de la era Apolo en estancias cada vez más largas sobre nuestro satélite. La vuelta del ser humano a la Luna obligará a la NASA a enfrentarse a un enemigo que puede parecer insignificante a simple vista: el polvo. El regolito lunar puede dañar trajes, mecanismos y equipos, por lo que la agencia estadounidense está probando nuevas tecnologías antes de las futuras misiones Artemis.