El 17 de abril de 2024, Alcalá Norte publicó su álbum debut (de título homónimo). El crecimiento que habían experimentado tras la publicación de su primer sencillo, La vida cañón, superó cualquier expectativa. Sin embargo, cuando comenzaron a actuar en festivales como Tomavistas y Primavera Sound aquel mismo verano, la banda era consciente de que su experiencia todavía era escasa. El salto a escenarios cada vez más grandes empezó a evidenciar algunas limitaciones. Fue entonces cuando decidieron buscar ayuda externa e incorporar a un productor de directo. “Habíamos dado unos 25 conciertos o así”, recuerda su batería, Jaime Barbosa (Madrid, 31 años), rodeado de toda la banda en su estudio de grabación, en el barrio madrileño de Chamberí. Aquellos primeros directos estaban construidos sobre una espontaneidad que se convirtió rápidamente en una de las señas de identidad del grupo. “Siempre hemos pecado de hablar mucho”, admite Laura de Diego (Madrid, 29 años), teclista. “Parábamos el concierto para sortear un jamón. Yo sacaba una bola de bingo y habíamos dado unos cien números a la puerta”, recuerda Barbosa. Esa libertad seguía siendo una de las virtudes de Alcalá Norte, pero necesitaban ayuda.Un productor de directo es la persona encargada de transformar una colección de canciones en un espectáculo coherente. Raúl de Lara (Murcia, 46 años), responsable de giras de artistas como Izal, Arde Bogotá, Iñigo Quintero y Ginebras, define su trabajo como “la dirección artística y técnica de los espectáculos musicales en directo”. Su labor consiste en estudiar “la idiosincrasia del artista o banda”, desarrollar “una propuesta o concepto artístico con una narrativa o hilo conductor sobre el que pivote el show”, y coordinar “áreas tan diversas como sonido, iluminación, visuales o puesta en escena”. El objetivo, explica, es “crear las atmósferas necesarias para que el público viva una experiencia en directo, sin restar un ápice de espontaneidad, autenticidad o impronta del artista o banda”. Fuera de España, esta figura lleva décadas integrada en las grandes producciones musicales. El estadounidense Adam Blackstone, director musical de varias Super Bowl, coordinó los aspectos musicales de los espectáculos de Shakira y Jennifer Lopez, en 2020, y Rihanna, en 2023. Incluso momentos aparentemente espontáneos como el baño de masas de Shakira de aquel show estaban cuidadosamente planificados: las personas que la sostuvieron no eran espectadores elegidos al azar, sino personal previamente seleccionado y coordinado por el equipo de producción. Aunque en España esta figura ha estado tradicionalmente vinculada a galas y formatos televisivos, cada vez son más los artistas del ámbito independiente que recurren a ella. Proyectos como Anabel Lee, Karavana, Besmaya y Repion han contado con Raúl de Lara en algunas de sus giras. El dúo cántabro formado por Marina Iñesta Moreno (Santander, 32 años) y Teresa Iñesta Moreno (Santander, 30 años) decidió incorporarlo en un momento de crecimiento. “Siempre hemos estado contentas con nuestro directo. La respuesta siempre ha sido muy buena, pero era como un pasito más para profesionalizarnos un poco”, explica Marina. Más que corregir errores, buscaban una mirada externa. “Nos gustaba la idea de que una persona externa nos viera y opinara. Hay cosas en las que nosotras ya estamos muy viciadas. A veces, desde nuestra posición, no somos capaces de ser críticas”. Además querían ganar consistencia en sus directos: “Mola un poco tener una homogeneidad en toda la gira, da igual el tipo de público que haya, que siempre vamos a darlo todo y vamos a ofrecer el mejor show”. Gran parte del trabajo de un productor de directo consiste en decidir qué elementos del concierto conviene dejar fijados previamente y cuáles dejar a la improvisación. De Lara afirma que siempre “hay una escaleta (que no guion), pero en directo pasan muchas cosas”. Cuando un artista baja al público, explica, hay que controlar cuestiones técnicas y de seguridad, pero “las canciones mandan y el público también”. Por eso mismo, algunos artistas son algo escépticos a la hora de contar con estos profesionales. Teresa Iñesta reconoce que fue la integrante más reticente de Repion cuando surgió la posibilidad de trabajar con Raúl de Lara. “Me costó un montón”, admite. “Llevamos tanto tiempo trabajando solas que muchas veces siento que tengo las cosas muy claras”. Ese escepticismo también se extendía a algunas de las herramientas habituales en este tipo de producciones. El grupo incorporó claqueta para las tres integrantes (pues en directo suelen ir con Iris Banegas, de Bum Motion Club, al bajo) y comenzó a utilizar indicaciones por auriculares durante la actuación. Las indicaciones de claqueta, por regla general, se llaman órdenes y son grabadas por los músicos previamente al comienzo de la gira para marcar entradas, salidas o algo que necesiten recordar a lo largo del concierto. “Antes tenía claqueta solo Teresa, y al principio me resultaba extraño tener aquí mi propia voz hablándome, diciéndome cosas”, aunque con el tiempo acabó entendiendo esas referencias como una ayuda para ganar seguridad y mantener una mayor consistencia en las actuaciones en vivo. Además, las hermanas también empezaron a valorar algunas de las propuestas escénicas que surgieron durante el proceso de preparación de la gira. Una de ellas fue la construcción de un momento acústico en el que interpretan una canción sentadas juntas sobre una tarima y compartiendo un mismo micrófono. “Cuando compusimos esta canción fue súper emocionante y se nos ponía la carne de gallina”, recuerda Teresa. “Éramos Marina y yo solas en el local, con una guitarra y en el mismo micro”. El objetivo fue trasladar aquella sensación al escenario. “Queríamos intentar generar ese mismo momento que habíamos sentido Marina y yo, pero delante de la gente”, explica.Alcalá Norte no utiliza claquetas ni mensajes grabados, pero la producción de directo le ayudó a ordenar elementos que ya formaban parte de su personalidad escénica. “Con Raúl de Lara, llegamos un poco a la conclusión de que lo guay era que Barbosa fuese un poco nuestro maestro de ceremonias”, explica Álvaro Rivas (Madrid, 31 años), vocalista de la banda. “Hablamos con Raúl de las cuatro o cinco escenas que solían suceder y nos ayudó a encajarlas, a que tuvieran sentido y a no encadenar dos seguidas que rompieran el ritmo del show”. Los ensayos generales fueron también uno de los aspectos que más sorprendieron a ambas bandas. Marina recuerda que al principio se sintió “ridícula” actuando frente a técnicos y representantes sin público. “Lo pasé fatal. Me dio una especie de ataque de ansiedad el primer día”. Los integrantes de Alcalá Norte vivieron una experiencia similar. Aunque Álvaro Rivas reconoce que no terminó de implicarse en aquella fase, con el tiempo ha acabado valorando especialmente el material generado durante esos días. “Lo más valioso que hicimos fue grabar el directo”, explica Carlos Elías (Navalmoral de la Mata, 37 años). Pablo Fergus Cimadevila Ahern (Madrid, 28 años), director musical de proyectos como Samurai, Dani Fernández, Janire y Hermanos Martínez —muchos de ellos junto a su socio Alex Moreno—, explica que gran parte del trabajo consiste en coordinar todos los elementos de un directo. “Intento estar desde el primer momento en contacto con la gente de escenografía, visuales o iluminación para que todo sea coherente”, señala. En muchos casos, las claquetas, secuencias e indicaciones que circulan por los auriculares no están pensadas para los músicos, sino para sincronizar el espectáculo completo. “Hay veces que la única razón por la que llevamos claqueta es para que las luces vayan con nosotros”, explica. Fergus, que además toca los teclados en la banda de Dani Fernández, utiliza varios sistemas de comunicación simultáneos. Dispone de un micrófono para coros, otro micrófono de órdenes en directo para coordinar a músicos y técnicos y de un segundo canal que excluye al propio cantante para resolver incidencias sin interferir en su interpretación. “Hay veces que se desenchufa un cable o surge algún problema técnico y podemos solucionarlo por detrás sin que Dani esté escuchando todo eso, porque si no afectaría a su gestualidad o a que entre dentro de determinadas canciones”, explica. El hecho de que bandas que no actúan en recintos tan grandes hayan decidido contar con estos profesionales ha reabierto un viejo debate sobre la autenticidad. Para Fergus, la discusión parte de una premisa equivocada. “Una dirección musical es algo que siempre ocurre”, sostiene. “Hay veces que la hace el propio artista y otras que hay una persona externa que le ayuda a ejecutar esa visión”. Las bandas consultadas coinciden en esa lectura. “Hay mucho mito con esto de que se crean productos todos iguales y cortados por el mismo molde”, reflexiona Carlos Elías. “Pero eso es un prejuicio”. Para el guitarrista, trabajar con un productor de directo se parece más a la relación entre una banda y el productor de un disco: la personalidad sigue perteneciendo al artista, mientras que la figura externa aporta herramientas para comunicarla mejor.
La figura invisible detrás de los conciertos: así trabajan los productores de la magia de los directos
Desde Alcalá Norte hasta Repion, pasando por Dani Fernández o Samurai, cada vez más artistas recurren a estos profesionales para planificar la puesta en escena e incluso los momentos espontáneos con el público






