OpiniónEs hora de recordar que nuestra sociedad sabe levantarse de catástrofes como la sufrida este lunes.Una edificación ubicada en la carrera 24 con calle 9 en Cali colapsó por el movimiento telúrico registrado en el país. Foto: Samir Rojas10.08.2026 19:01 Actualizado: 10.08.2026 20:01 Este 10 de agosto quedará marcado en nuestra historia como un día triste y conmovedor para Colombia. La tierra que pisamos y que nos ha dado todo, inclusive la vida, se estremeció con inusitada fuerza y prolongación. Nuestro país vivió así un movimiento telúrico que parecía no querer terminar, con una intensidad de 7,4 en la escala de Richter, una profundidad de 96 kilómetros y epicentro localizado a 20 kilómetros de San José del Palmar, en Chocó.Está claro que se trata de uno de los más graves desastres naturales en la historia reciente de Colombia. Las consecuencias son dolorosas en varias regiones, pero en especial en ciudades como Pereira, Manizales, Cali, Quibdó y Armenia. Hasta el momento de cerrar este comentario, las pérdidas humanas eran de 111 personas. Aparte de los enormes daños estructurales en varias ciudades y regiones. Sin duda, una tragedia que encoge el alma, que exige solidaridad, unidad y acciones urgentes.Fue un movimiento telúrico que sorprendió a los habitantes de buena parte de la nación, sobre todo de la región Andina, a las 7:43 de la mañana, cuando apenas los colombianos iniciaban sus actividades de la semana. Un sismo que, a diferencia de otros ocurridos en el pasado reciente, no solo pudo percibirse en buena parte de la geografía nacional, sino que dejó graves daños, como queda dicho, en varias capitales, algo nunca antes visto en la historia de Colombia. Porque el impacto de tragedias similares como los terremotos de Popayán, en 1983, y del Eje Cafetero, en 1999, se había circunscrito a una zona.En medio de la conmoción, vale reflexionar cómo un episodio de estos hace aflorar la faceta más vulnerable de cada individuo y de todo el colectivo. Un marco emocional en el que se entremezclan el dolor y la impotencia frente a los estragos tangibles y no tangibles que causa un hecho de esta naturaleza. En este contexto, providencialmente surgen como bálsamo robustos hilos de solidaridad, unión y voluntad de salir adelante. Y así ha sido, comenzando por la reacción pronta del Gobierno Nacional, en cabeza del presidente De La Espriella, y la respuesta inmediata de mandatarios seccionales, gobernadores y alcaldes, Fuerzas Armadas, empresa privada, todos, en una actitud de unidad y de disposición de ayuda.Es momento para revisar que los planesde emergencia de cada ente territorial estén al día, que en todas partes se estén llevando a cabo los simulacros con el rigor que la ley exige.Esos lazos y voluntades son valiosos y hay que aprovecharlos y fortalecerlos. También, solidarizarse, desde luego, con las familias que hoy están sumidas en el dolor y acompañar a todos aquellos que iniciaron un insospechado proceso de duelo.Y en medio de la conmoción y la tristeza, hay que actuar sin demora. Además de las decisiones ya tomadas por el Gobierno Nacional —la oportuna declaratoria de desastre de carácter nacional—, convocar voluntades que confluyan en un solo esfuerzo coordinado y armónico que reúna instituciones, gremios, sociedad civil, organizaciones no gubernamentales, ayuda internacional, en fin, a todos aquellos que en buena hora han desplegado ya recursos para rescatar personas y llevar alivio a quienes afrontan horas traumáticas. Colombia tiene mucho recorrido en materia de respuesta a eventos extremos de la naturaleza, y en una situación así esta experiencia tiene que pesar. Por ejemplo, sumar y armonizar buenas voluntades para que las ayudas lleguen adonde realmente se necesitan.En suma, es momento de unión. Cuanto más unido esté el país, más llevadera será la tragedia y más sólida y pronta será la reconstrucción. Como ya decíamos, es hora de reflexionar y desempolvar lecciones del pasado, de revisar todo lo bueno que se hizo en experiencias como la reconstrucción del Eje Cafetero con una gerencia a cargo de la tarea.Por ahora conviene recordar la importancia de prepararse frente a una situación semejante. Que se piense en la fortaleza del Estado en infraestructura, en sistema hospitalario, en prevención de la sociedad. Es vital lo que se haga antes en cuanto a ordenamiento urbano, normas para expedir licencias de construcción y personas e instituciones idóneas y transparentes que las hagan cumplir con rigor.Ante los caprichos de la naturaleza no se suele estar preparados del todo, pero mientras se dimensiona mejor la magnitud de la tragedia es momento para revisar también que los planes de emergencia de cada ente territorial estén al día, que en todas partes se estén llevando a cabo los simulacros con el rigor que la ley exige. De igual forma, cada persona debe verificar si está preparada y preguntarse cómo puede contribuir a que sus lugares de residencia y de trabajo sean más seguros, tanto en términos de infraestructura como de capacitación. Ante eventos extremos así cobra todo el sentido que prevenir y prepararse es tarea de todos. Así como aliviar a quienes viven este drama. Sigue toda la información de Opinión en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal. BOLETINES EL TIEMPORegístrate en nuestros boletines y recibe noticias en tu correo según tus intereses. Mantente informado con lo que realmente te importa.EL TIEMPO GOOGLE NEWSSíguenos en GOOGLE NEWS. Mantente siempre actualizado con las últimas noticias coberturas historias y análisis directamente en Google News.EL TIEMPO WHATSAPPÚnete al canal de El Tiempo en WhatsApp para estar al día con las noticias más relevantes al momento.EL TIEMPO APPMantente informado con la app de EL TIEMPO. 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Unión ante la tragedia
Es hora de recordar que nuestra sociedad sabe levantarse de catástrofes como la sufrida este lunes.














