Noticia Exclusivo suscriptores Más de 26 estructuras colapsaron. Un panorama que se suma al de dos puentes y el muelle de Juanchaco, una de las playas turísticas en Buenaventura.Escombros en Cali Foto: Samir RojasPERIODISTA10.08.2026 19:08 Actualizado: 10.08.2026 19:08
El silencio de las 7:34 de la mañana se rompió con un vaivén sutil pero macabro en Cali. Estaba en mi cuarto cuando la lámpara del techo comenzó a mecerse de un lado a otro, dibujando sombras en las paredes. Me quedé paralizada, sintiendo cómo la tierra seguía moviéndose. Al principio, como casi siempre ocurre en esta región sísmica, pensé que pasaría rápido, como hace casi 11 años, cuando un sismo de 5,7 sacudió a la capital del Valle. Pero esta vez, el sismo no cesó. Hubo una sacudida más, un susto de segundos. Pero el balanceo se transformó en un terremoto, en medio de gritos de mis vecinos, tres pisos más arriba. Mi edificio, incluida la terraza, es de cinco niveles, donde una pared se vino abajo. En segundos, el suelo de Cali dejó de ser firme y se convirtió en una masa violenta que lo agitaba todo. Mi primer pensamiento no fue salvar un objeto, una billetera o el teléfono; fue buscar a mi perrita. Vivir sola con ella significa que su vida depende enteramente de la mía. La encontré paralizada por el pánico. Aullaba. La tomé entre mis brazos, apretándola contra mi pecho con una fuerza que no sabía que tenía, decidida a no soltarla sin importar lo que pasara.Terremoto en Colombia. Cali, entre las ciudades más afectadas del país. Foto:Juan Pablo Rueda / EL TIEMPOMe oculté debajo de la mesa del comedor, viendo cómo caían porcelanas y botellas de los estantes a mi alrededor. Todo caía en pedazos. Los adornos se estrellaron contra el piso y las paredes crujían abriéndose en dos. Avanzar un solo paso era una batalla contra la gravedad. Seguía debajo de la mesa del comedor. Era mi refugio. Allí, abrazada a mi mascota entre el polvo y el estruendo, mi mente viajó en el tiempo. El pánico me arrojó las imágenes dantescas del terremoto de Venezuela: los edificios colapsados, los gritos de auxilio y la fragilidad de la vida humana ante la furia de la naturaleza. Me dije a mí misma: 'Hasta aquí fue'.En ese instante, bajo la mesa, entendí que ya no era una espectadora de las noticias; ahora yo estaba viviendo la historia. Cuando el movimiento cesó, el silencio que regresó no fue de paz, sino de absoluto estupor. Salí a la calle con el corazón en la boca, sosteniendo aún a mi perrita, para encontrarme con una realidad que superaba cualquier pesadilla. En Cali, el pánico colectivo estaba en el aire mientras las sirenas de los bomberos y las ambulancias retumbaban en el espacio. Las redes sociales empezaron a mostrar la magnitud de la tragedia a cuentagotas. Lo que en mi apartamento había sido un susto de pánico y objetos rotos, afuera era una catástrofe.El alcalde de Cali, Alejandro Eder, confirmó un balance preliminar aterrador: más de 26 edificaciones colapsadas en la ciudad. El Valle del Cauca se estaba quebrando. Con las horas, la angustia se transformó en dolor colectivo.Afectaciones en Cali por terremoto el 10 de agosto. Foto:Juan Pablo Rueda / EL TIEMPO"En Cali tenemos 26 edificios colapsados y tenemos identificados equipos de rescate en 10 de ellos. Hemos pedido la ayuda a otras ciudades, como Bogotá y Medellín, y hemos conformado 16 equipos de evaluación”, dijo Eder. "Pido que la ciudadanía se mantenga en sus casas para mantener libres las vías. Vamos a recibir agua, guantes de construcción y gafas de seguridad. Tenemos un punto de acopio en la plazoleta Jairo Varela, en el norte de Cali", agregó el alcalde. El mandatario dijo que se piden colchonetas.Durante los momentos de angustia me enteré que la familia de mi compañero Juan Pablo Rueda, reportero gráfico de EL TIEMPO, perdió su casa por completo por el desastre. Lloró en cámara informando lo ocurrido, un dolor que embarga a decenas de familias en la región.Mi vecina doña Mercedes Araújo no pudo salir de su apartamento porque su hermana está en una cama con oxígeno. "Nunca había sentido esto. Sentí que me moría con mi hermanita". En barrios del norte, como La Flora, Prados del Norte, Vipasa, La Campiña, San Vicente, el sector de Pacará y las viviendas de Brisas de los Álamos, en la salida de Cali hacia Yumbo, se quedaron sin energía desde el sismo. Terremoto y afectación en Cali y Pereira Foto:tomada del video de redes"Mi hermana depende de la luz para estar conectada a la bomba de oxígeno. Tengo esta de reserva, pero no creo que dure mucho. Ojalá no se extienda el apagón", comentó mi vecina.El Valle del Cauca se estaba quebrando. Con las horas, la angustia se transformó en dolor colectivo. El reporte oficial de las autoridades empezó a confirmar las peores sospechas, registrando más de 30 víctimas fatales en todo el departamento, cuatro de ellas sin vida bajo los escombros de esta capital, según la Alcaldía. Sin embargo, la cifra más dolorosa, la que aprieta el pecho y te hace dimensionar la verdadera crueldad del sismo, vino de los municipios vecinos. La gobernadora del Valle, Dilian Francisca Toro, informó que en Calima El Darién, la caída de una pared les arrebató la vida a tres niños. En Yumbo, la tragedia se repitió cobrando la vida de otro menor de edad. La mandataria también aseguró que estuvo en el Hospital Universitario del Valle (HUV), uno de los siete centros clínicos con afectaciones, como caída de muros y grietas, en toda la ciudad.“Lo más doloroso, cuatro niños, tres en Calima El Darién, uno en Yumbo y hay otra niña muy gravemente herida”, anotó la mandataria de los vallecaucanos. Asimismo, informó que se registró la destrucción de casas, de edificios en todos los 42 municipios del Valle del Cauca.El terremoto destruyó la emblemática iglesia de Calima-El Darién Foto:Archivo Particular.“En el municipio de El Cairo, el 80% está destrozado, se nos cayó el hospital de El Águila. En Zarzal hay muchos heridos, el hospital está colapsado en el municipio de Zarzal. En Cartago también en el hospital hubo que evacuar los pacientes, pero gracias a Dios no hubo ninguna persona fallecida”, precisó la gobernadora. "Estamos en el Hospital Universitario, aquí hay un colapso grande, hay daños al interior del hospital. Hubo una ala que se derrumbó y tenemos todavía a cinco pacientes que están debajo de los escombros. Estamos tratando de evacuarlos, allá está el ejército, está bomberos y están tratando de evacuar a estos pacientes que además eran pacientes graves graves de la unidad de cuidados intensivos en neurocardio cardiovascular”, narró Toro.En Buenaventura, el muelle de Juanchaco y dos puentes se cayeron, dijo la gobernadora.En el Hospital Universitario del Valle (HUV), que recibe a diario cerca de 11.000 personas para atención médica y cuenta con 3.800 funcionarios, 1.800 se encontraban en turno al momento del terremoto. Allí se estaban aunando esfuerzos para evacuar a todos los 600 pacientes y trasladarlos a los jardines del hospital, considerados zonas seguras.Cali, entre las ciudades más afectadas por el terremoto del 10 de agosto. Foto:Samir RojasEl gerente del Hospital Universitario del Valle, Irne Torres Castro, hizo un llamado a la comunidad y a las instituciones de socorro para que no trasladen pacientes al centro asistencial, debido a que el hospital enfrenta una situación de crisis propia ocasionada por daños en su infraestructura, que imposibilitan la recepción de más pacientes.“Hemos tenido que evacuar el 100 por ciento de los pacientes a los jardines del hospital. Tenemos unos pacientes todavía atrapados. Estamos haciendo un cálculo de los posibles fallecidos. Queremos hacer un llamado a la comunidad y a las instituciones de socorro para que no traigan pacientes al hospital en este momento, porque tenemos un drama propio con los pacientes de acá del hospital y no tendríamos cómo responder al llamado o a la atención de esos pacientes”, aseveró el gerente.Hoy, mientras Cali intenta remover los escombros de sus estructuras colapsadas, los sobrevivientes cargamos con el peso de la memoria. El suelo dejó de moverse, pero el crujido de aquella mañana de agosto se quedará resonando de cómo la Tierra se movió bajo nuestros pies.Carolina Bohórquez Ramírez, corresponsal de EL TIEMPO Sigue toda la información de Colombia en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.














