0:000:00El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia ArtificialEl récord de recaudación es un objetivo cada vez más relevante en la industria del cine porque provoca un efecto llamada. Ha vuelto a pasar con dos películas estrenadas con pocos días de diferencia: La Odisea y Spider-Man: Brand New Day. La medalla de los fines de semana más rentables se la ha llevado La Odisea, con casi mil millones de dólares en todo el mundo. Poco después, Spider-Man ha igualado estas cifras y nos ha retrotraído a julio del 2023, cuando se estrenaron simultáneamente Barbie y Oppenheimer. Entonces el fenómeno se bautizó como Barbieheimer, que es el típico hallazgo que propulsa el furor viral. Atraído por la liturgia gregaria, el público se siente partícipe de una competición artificial.Promoción de la película 'Spider-Man: Brand New Day' en Corea del Sur JUNG YEON-JE / AFPEl éxito no se suele discutir, pero puede atrofiar la capacidad de dudar: ¿que la recaudación sea mayor significa que hay más espectadores que nunca o que las entradas son más caras? De la recaudación de La Odisea y Spider-Man en EE.UU., casi el 20% corresponde a las llamadas salas prémium (IMAX, sofisticados sistemas de sonido, butacas ergonómicas, efectos especiales, espacio para comer; solo falta que te ofrezcan la posibilidad de, aprovechando tu estancia en el cine, hacerte una colonoscopia).Casi el 20% de la recaudación en EE.UU. corresponde a las llamadas salas prémiumEl circuito de estrenos, en cambio, se debilita y, como pasa con las franquicias comerciales de las ciudades de todo el mundo, el monocultivo castiga la diversidad de la oferta. Las fórmulas agresivas insisten en el factor de la experiencia (perdón: experience) , como si ver una buena película sin parafernalia mercadotécnica no fuera, artística, emocional o intelectualmente, una experiencia.¿Queréis experiencias? Si sumamos la duración de La Odisea, los anuncios y los tráilers, la estancia en la sala es de más de tres horas. Comentando la película, constato que muchos espectadores (hombres, mujeres) preguntan qué pasaba cuando tuvieron que ir al lavabo y se perdieron unos minutos. La epopeya de Ulises avanza mientras los espectadores procuran que las urgencias de próstata o de vejiga no les arruinen la experience. Es un estrés íntimo que, si no fuéramos esclavos del ansia recaudatoria, podría solucionarse con un entreacto y uno de aquellos letreros, tan habituales en todos los viejos cines que cerraron a causa de la odisea del progreso, que decían: “Visite nuestro bar”.