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Los científicos encontraron indicios de que una onda sísmica generada por el devastador terremoto de Tōhoku del 2011 viajó hasta las profundidades, rebotó en el límite del núcleo de la Tierra y regresó a la superficie, donde habría provocado un pequeño desplazamiento hacia el este en algunas zonas de Japón.

El estudio de la Universidad de Chicago analizó registros del sistema japonés GEONET y concluyó que algunas zonas del país se desplazaron entre cinco y seis milímetros justo cuando la señal reflejada retornó desde el interior del planeta. Los resultados, publicados en la revista Science, plantean una posible nueva forma de activación de fallas después de los grandes terremotos.

El 11 de marzo del 2011, un terremoto de magnitud 9,0 sacudió la costa noreste de Japón. El sismo se produjo cuando la placa del Pacífico se deslizó bruscamente bajo la placa que sostiene el norte del archipiélago japonés. El evento generó un devastador tsunami y desencadenó el accidente nuclear de Fukushima Daiichi.

La enorme energía liberada produjo múltiples ondas sísmicas que atravesaron el planeta. Una de ellas, identificada como onda ScS, descendió 2.900 kilómetros hasta el límite entre el manto y el núcleo externo líquido de la Tierra. Desde esa frontera, la señal rebotó y emprendió el camino de regreso hacia la superficie.