NoticiaEl fenómeno de magnitud 6,7 sorprendió a los capitalinos al comenzar el día. Las primeras revisiones descartaron daños estructurales graves.Estudiantes y personal del la universidad Javeriana evacuaron el edificio Ignacio Barón. Foto: Archivo particularSUBEDITORA DE BOGOTÁ 10.08.2026 15:31 Actualizado: 10.08.2026 15:31

Los cuadros comenzaron a moverse contra las paredes. Algunos terminaron en el piso. También cayeron platos, objetos de las repisas y todo aquello que hasta ese momento había permanecido quieto en las casas. Después comenzaron a sonar las alarmas.Eran las 7:34 de la mañana de este lunes 10 de agosto y Bogotá despertaba —o apenas intentaba comenzar otra jornada— cuando la tierra empezó a estremecerse.No hay reportado a esta hora ningún daño estructural en la ciudad. Hay grietas en algunas edificaciones que no afectan las estructuras, pero seguimos haciendo el barridoCarlos fernando galán.Alcalde de Bogotá.Al principio pudieron ser apenas unos segundos de desconcierto. Luego el movimiento continuó. Y continuó. Para muchos pareció interminable.En apartamentos, conjuntos residenciales y edificios de oficinas hubo quienes salieron con lo primero que tenían puesto. Otros tomaron a sus hijos, buscaron a sus mascotas o intentaron ayudar a adultos mayores. En las escaleras comenzaron a encontrarse vecinos que quizá llevaban meses sin cruzarse una palabra. Esta vez todos bajaban por la misma razón: llegar cuanto antes al primer piso y ponerse a salvo.El Servicio Geológico Colombiano (SGC) reportó preliminarmente que el terremoto tuvo una magnitud de 6,7, una profundidad de 82 kilómetros y se localizó en San José del Palmar, Chocó. En Bogotá, a cientos de kilómetros de distancia, se sintió con una fuerza suficiente para convertir una mañana corriente en una sucesión de alarmas, evacuaciones y llamadas desesperadas.Afuera de los edificios comenzaron a formarse grupos de personas. Algunos todavía miraban hacia las ventanas de sus apartamentos. Otros tenían los ojos puestos en el celular. Porque después del miedo provocado por el movimiento apareció otro: no saber cómo estaban los demás.Miles de personas intentaron llamar a sus padres, hijos, parejas, hermanos y amigos. Las dificultades para establecer algunas comunicaciones hicieron que aquellos minutos se volvieran todavía más angustiosos. La pregunta se repetía de teléfono en teléfono y de familia en familia: “¿Está bien?”.Varios obreros que se encontraban en una construcción se aferraban con fuerza a las estructuras metálicas que, segundos antes, estaban amarrando. En medio del movimiento constante de la edificación, buscaban sostenerse y ponerse a salvo mientras gritaban oraciones y pedían al Padre Santo que los protegiera. "Dios mío. Miren los edificios. Padre amado, padre santo, ayúdanos".Mientras Bogotá intentaba comunicarse, las evacuaciones se multiplicaban. Universidades, oficinas, colegios y edificios residenciales activaron sus protocolos. En la Universidad Javeriana, por ejemplo, estudiantes, profesores y trabajadores abandonaron las edificaciones y permanecieron en las zonas de encuentro mientras pasaba la emergencia.En el norte de la ciudad, el Cuerpo Oficial de Bomberos tuvo que apoyar la evacuación de aproximadamente 600 personas de un edificio ubicado en la calle 145 con carrera 9. Allí no se reportaron lesionados y fue activado el apoyo del Instituto Distrital de Gestión de Riesgos y Cambio Climático (Idiger). Con el paso de las horas, el susto empezó a transformarse en un inventario de lo ocurrido.Bomberos desplegó un monitoreo sobre las 20 localidades y recibió reportes de personas atrapadas en ascensores, fugas de gas y posibles agrietamientos en edificaciones. A las 11 de la mañana, el organismo reportaba cuatro incidentes relacionados con materiales peligrosos, un incendio, 13 fallas estructurales, un rescate en ascensor, una caída de árbol, dos atenciones prehospitalarias y dos quemas de residuos.Pero había un dato que, en medio de la dimensión del terremoto y de las noticias que comenzaban a conocerse desde otras regiones del país, resultaba tranquilizador para la capital: Bogotá no registraba una emergencia de grandes proporciones. “En Bogotá no tenemos novedades de emergencias. Seguimos atentos a las novedades con Idiger”, informó inicialmente el Cuerpo Oficial de Bomberos mientras sus equipos continuaban recorriendo la ciudad.Las grietas En el Centro Comercial Bima, en Suba, Bomberos acudió para valorar un agrietamiento y entregar recomendaciones a la administración. En Puente Aranda se reportó una grieta en el quinto piso de un edificio del barrio Los Ejidos, donde el Idiger realizó una visita y dejó recomendaciones a la administración.En La Candelaria, una de las zonas que concentra algunas de las construcciones más antiguas de Bogotá, la alcaldía local inició un barrido entre las carreras 1.ª y 5.ª y las calles 11 y 17. La instrucción era revisar antes de concluir que el peligro había pasado.El alcalde Carlos Fernando Galán aseguró que desde los primeros minutos posteriores al terremoto el Distrito comenzó un barrido para establecer las consecuencias que había dejado el movimiento en la infraestructura de la capital. “No hay reportado a esta hora ningún daño estructural en la ciudad. Hay grietas en algunas edificaciones que no afectan las estructuras, pero seguimos haciendo el barrido”, explicó el mandatario.Ese recorrido también llegó hasta colegios, obras públicas y uno de los proyectos que más ha transformado el paisaje de Bogotá durante los últimos años: la primera línea del Metro.La magnitud del movimiento llevó a TransMilenio a suspender preventivamente la operación del vagón C y el acceso norte de la estación Avenida Jiménez, sobre la troncal Caracas. Allí, la Empresa Metro de Bogotá y las autoridades competentes iniciaron una inspección exhaustiva de la infraestructura de la obra que se encuentra sobre la estación antes de autorizar nuevamente su funcionamiento.La medida, aclaró TransMilenio, tenía un carácter “netamente preventivo” y buscaba garantizar la seguridad tanto de los usuarios como de las personas encargadas de realizar las revisiones.Los colegios también fueron objeto de inspecciones. La secretaria de Educación, Julia Rubiano, informó que la primera revisión no encontró afectaciones graves en las instituciones educativas distritales, aunque sí fueron detectadas fisuras en algunas sedes de distintas localidades que requerirían análisis más detallados. “Seguiremos adelantando la verificación y tomando las medidas correspondientes para garantizar la seguridad de estudiantes, docentes y demás integrantes de la comunidad educativa”, señaló Rubiano.La electricidad, otra de las preocupaciones después de un movimiento de semejante intensidad, resistió en términos generales. Enel Colombia informó que la infraestructura y las redes eléctricas de Bogotá y Cundinamarca respondieron de manera estable y que la operación se mantenía con normalidad.Sin embargo, el terremoto sí ocasionó interrupciones puntuales del servicio asociadas con afectaciones en algunas líneas y circuitos. La empresa explicó que las maniobras telecontroladas y el monitoreo permanente permitieron mantener la estabilidad del sistema mientras sus equipos técnicos continuaban las verificaciones.Mientras los técnicos revisaban redes, los organismos de socorro inspeccionaban edificios y las autoridades recorrían las localidades, en las calles ocurría otra consecuencia menos técnica, pero perfectamente visible, del terremoto.En diferentes corredores comenzaron a presentarse trancones mientras unas personas intentaban continuar hacia sus lugares de trabajo y otras querían regresar a sus viviendas o encontrarse con sus familias. Durante algunos minutos, la incertidumbre se sumó al tráfico habitual de una ciudad acostumbrada a detenerse por muchas razones, pero no porque la tierra acabara de moverse bajo sus pies.Galán sostuvo comunicación con los alcaldes de las 20 localidades y aseguró que, en el primer barrido, ninguno había informado afectaciones estructurales de consideración. “Seguimos trabajando con todo el equipo del Distrito para verificar el impacto que tuvo este sismo”, afirmó el alcalde.Y Bogotá siguió esperando. Esperó mientras los bomberos revisaban grietas. Mientras los ingenieros inspeccionaban las obras del Metro. Mientras en los colegios recorrían salones y paredes. Mientras los administradores de conjuntos miraban fachadas y escaleras. Mientras centenares de personas permanecían todavía afuera de sus edificios preguntándose cuándo sería seguro volver a entrar.También mientras el país comenzaba a dimensionar que el mismo terremoto que en Bogotá había tumbado cuadros, quebrado platos, detenido ascensores y obligado a miles a bajar por las escaleras había golpeado con consecuencias más severas a otras regiones. Entonces el miedo de la mañana empezó a adquirir otra dimensión.Bogotá había sentido con enorme fuerza un terremoto que durante unos segundos hizo pensar a muchos en lo peor. Hubo grietas, evacuaciones, emergencias puntuales y una ciudad entera puesta en alerta. Pero las primeras revisiones indicaban que sus edificios, sus principales infraestructuras y sus servicios esenciales habían resistido.Y mientras en la capital comenzaba lentamente el regreso a la normalidad, sus organismos de emergencia empezaban a prepararse para mirar hacia otras zonas del país.El Cuerpo Oficial de Bomberos inició el alistamiento de su equipo USAR, especializado en búsqueda y rescate urbano, en coordinación con la Dirección Nacional de Bomberos, la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres y el Sistema Nacional de Gestión del Riesgo. La ciudad que pocas horas antes había salido asustada a los andenes empezaba a prepararse para ayudar.Quizá esa sea una de las imágenes que deje esta mañana: miles de bogotanos en pijama, con chaquetas puestas a toda prisa o con el café abandonado sobre la mesa, reunidos frente a sus edificios y abrazados a un teléfono esperando escuchar la voz de alguien querido.La tierra había terminado de moverse, pero el cuerpo todavía tardaría un poco más en entenderlo. Y mientras Bogotá regresaba lentamente a sus apartamentos, oficinas, salones y calles, quedaba una certeza sencilla después de una mañana extraordinaria: esta vez la capital había sentido el terremoto con toda su fuerza, había tenido miedo y había salido corriendo. Pero había salido bien librada.CAROL MALAVERSUBEDITORA BOGOTÁEscríbanos a carmal@eltiempo.com Lea también: Sigue toda la información de Bogotá en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.