No suele haber explicaciones terrenales para Adrián Martínez. Hombre de fe, siempre recurre a la Biblia. Dios le dijo que iba a jugar contra River, por los octavos de final del Torneo Clausura 2025 y también, que Gastón Martirena haría un gol. Lo reveló el propio uruguayo. El mismo Señor lo curó, según la autodefinición del delantero, unos meses antes. Tenía un edema óseo en la rodilla derecha, le aseguró a Gustavo Costas que ya estaba sano y pegó un grito ante Unión en Santa Fe. Maravilla construyó su escalera al cielo, conquistó a la masa celeste y blanca, pero hoy está agobiado por sus propios demonios.El codazo que le pegó a Kevin Gutiérrez, fuera de contexto y al borde de la mala intención, no admitía dobles interpretaciones, más allá del error inicial de Pablo Dóvalo. El árbitro estaba de frente a la jugada y pareció misericordioso. El VAR, en cambio, advirtió la conducta violenta y el atacante de 34 años se fue expulsado, al tiempo que el volante de Argentinos Juniors -crédito del predio Tita- continuó el partido con una gorra de nadador. Producto del impacto con el brazo del atacante había sufrido un corte en el arco superciliar derecho.— SportsCenter (@SC_ESPN) August 9, 2026
Maravilla Martínez y el codazo que lastima a Racing: de construir su escalera al cielo a estar agobiado por sus propios demonios
Su expulsión contra Argentinos Juniors volvió a ponerlo en el centro de la escena para los hinchas, porque quedaría afuera del clásico frente a Boca."Soy un jugador que siempre juega todas las pelotas disputadas desde que llegué a este lugar", se excusó.













