Cecilia Cañizares (Buenos Aires, 43 años) era una ejecutiva publicitaria en una empresa donde se ocupaba, sobre todo, de las finanzas. Viajaba mucho por el mundo, dormía en hoteles de categoría y pasó a tener su propia empresa antes de la pandemia. Pero no era feliz. Había enterrado a la niña que hacía reír a sus compañeras en el colegio y no sabía por qué. Un día se rebeló contra sí misma, se metió en clases de stand up comedy y monólogos para tratar de recuperar a aquella pequeña gamberra y se le ocurrió un nombre artístico para despistar a sus clientes: Ceci Hace.Luego fue probando en bares donde a veces debía enfrentarse a un público que no había ido a verla específicamente a ella con números de 10 minutos. “De día ejecutiva, de noche comediante, era como Batman…”, recuerda Ceci. “Actuábamos en bares chiquitos, de primera instancia. A veces teníamos cuatro personas y pensábamos en suspender… Pero no, si haces reír solo a cuatro, puedes con 400. Te subís, probás y probás… Fracasas, fracasas, eso te va armando un poco el ego… La mayoría de las veces tenías que cancelar. Luego, había gente que no te quería ver, se lo tenían que tragar antes de una fiesta, todo muy violento”.Como el humor no le daba, seguía alternando su trabajo de día con la comedia de noche. Agotador. En esa época, pasada la pandemia, conoció a Nahuel Ivorra (Buenos Aires, 35 años): un muchacho que andaba en las mismas, pero que había estudiado y hecho teatro, aparte de locuciones y doblajes. “Las obras en las que participaba eran muy dramáticas, con personajes muy para dentro. Hasta que un día me harté y decidí que lo que me gustaba era hacer reír”, cuenta él.Todavía andaban ambos centrados en el mundo analógico y algunas redes, como Instagram o TikTok, abriéndose hueco en la biosfera lo mismo que ellos en salas de no mucho postín por Buenos Aires. Fueron probando a rodar sus vídeos. Pero, como pasa con casi todo en esa jungla hiperabastecida de contenido, apenas llamaban la atención. Hasta que un día, Ceci estaba esperando al borde de una cancha de fútbol de barrio y le pidió a un amigo que la grabara. Empezó a lanzar piropos a los jugadores con el descaro y la falta de gusto con que los machitos acosan a base de bromas de baja estofa a cualquier mujer por la calle. Le dio la vuelta a la tortilla de los roles de género. Pura intuición. Colgó el video y explotó… En un suspiro logró 100.000 visitas y de ahí, solo subió: “Encontró un filón”, dice Nahuel. “Solo tenía que ir colocando al personaje en otras situaciones”.Así nació La Checha, con su lenguaje retador, su ironía de hembra alfa, su verborrea bastorra y sin complejos en decenas de casos. Checha enseñando a conducir a un pibe; incitando la timidez de un muchacho descaradamente acosado en encerronas mediante proposiciones indecentes; Checha llevando a su bebé a la cancha o escaqueándose de ocuparse de los nenes cuando le toca después de un divorcio…Ceci había reconfigurado el feminismo con el lenguaje de un macho. Hoy tiene 1,3 millones de seguidores en redes, llena teatros en Buenos Aires y hace giras internacionales sin apenas haber salido en la tele, ni concedido entrevistas a las radios o aparecido en los periódicos.Tanto ella como Nahuel forman parte de una generación de artistas que se han labrado su suerte en redes y lanzado sus carreras con los códigos, el lenguaje aprendido a fuerza de prueba y error que requiere ese vértigo sin pretensiones. “Por ejemplo, así como en un número que preparas para el teatro dejas los mejores chistes para el final, en un video debes colocarlo al principio. Eso lo fuimos aprendiendo”, asegura Nahuel.Lo mismo que la ausencia total de artificio: “Los videos deben ser de andar por casa. El teléfono y un trípode, así los hacemos, nada más. Conocemos gente que lo intenta con más medios y no le sale”, afirma Ceci. “Quizás no estén haciendo algunas cosas bien”, sugiere Nahuel de manera elegante. Como diciendo, quizás les falte la intención, la chicha y la gracia en lo que cuentan, el talento para encontrar un lenguaje propio, como logró Ceci por medio de La Checha o Nahuel con el inmaduro que no superó la secundaria.El éxito de Ceci fue exponencial, de progresión geométrica desde aquel primer vídeo en la cancha de fútbol: “Tuvo un millón de visualizaciones en una semana. Imagina para alguien que apenas tenía 500 seguidores. A partir de ahí, fue sumando 100.000 cada mes, sobre todo con el éxito de La Checha. Otro hito fue cuando descubrió el lenguaje de las madres monoparentales… “Había escuchado mucho a mi familia, me nutrí del machismo más típico, hasta que entré en el mundo de las mamás divorciadas”. Un bombazo. La Checha inventando excusas para no ocuparse de sus obligaciones filiales arrasó de nuevo con un vídeo que logró… ¡33 millones de visitas!Con todos esos ingredientes del puzle sociológico que ambos componen retratando supervivencias, evasivas, descaros y fracasos, La Checha y otras mujeres encarnadas por Ceci Hace han saltado a escena como personajes de comedia en tablas. Las trajeron a Madrid, donde los entrevistamos, y a su gira española dentro del repertorio, que arrasó entre un público joven entregado. “Acá teníamos muchos seguidores, queríamos verles las caras, pero a la vez teníamos miedo de venir a España, creíamos que no se nos iban a entender los matices del lenguaje”.Pero Madrid es una ciudad y España un país entrenados en el porteño desde los tiempos de La Raulito, en los setenta. A base, en parte, del mejor cine argentino o excelentes series, pero, sobre todo, porque es un acento muy común en las ciudades desde la transición democrática. Madrid, sobre todo, es cum laude en deje argentino. Hace gracia y gusta, como pasa con otras muchas voces americanas, al haberse convertido hoy en la capital latina de Europa.Como artistas, ambos mantienen el pulso de la calle. No lo quieren perder, aunque notan mucho el éxito cotidianamente. “No me apetece ser tan famosa como para no poder ir a un café, esa libertad me gustaría seguir teniéndola”, afirma Ceci. “Somos gente muy tranquila, cero grandeza, no tenemos mucho ego, ni en sueños queremos llegar al punto de Maradona o Rosalía. ¡Por Dios! Da pena. Déjenla tranquila, dan ganas de decir, ese nivel debe ser insoportable”, asegura Nahuel.Saben que las redes las carga el diablo, pero tampoco están dispuestos a autocensurarse por miedo a la cancelación. “Simplemente, sabemos que hay que estar preparados. Debes tener en cuenta que cualquier contenido puede ser un boom mundial o motivo para que te cancelen. Es imprevisible”, afirma Ceci.Pero en el lado más oscuro, concretamente en Argentina, algunos extremos son preocupantes para Nahuel: “El nivel de violencia hoy no lo vi nunca en democracia”, dice el cómico. “Con este lenguaje que usa el presidente, que si la concha de tu madre, que si zurdos de mierda. Y pareciera que nadie se queja, la gente está como medio apagada, como si las redes, en ese sentido, gobernaran Argentina o el mundo, ¿no?”. Y a la vez, en medio de tanta agitación, comenta Ceci, “la gente agradece mucho reírse, igual. Sí, lo ven hasta como una caricia, un mimo”.Por eso quieren contribuir con humor a relajar tensiones en asuntos que polarizan, como el feminismo. “Hubo un movimiento en ese sentido fuerte. A mi juicio fue necesario lo que ocurrió, las feministas no nos pasamos ningún pueblo. Menos a la hora de justificar que por culpa de ese movimiento se explica el ascenso de Milei”.Son fenómenos que llenan la cotidianeidad de un país casi permanentemente convulso, que combate sus desgracias a base de terapias con humor, una esfera donde les sobra talento. En el caso de Ceci y Nahuel, atravesados a veces por traumas y vivencias personales: “Yo me daba cuenta de muchas cosas en casa. Por ejemplo, mi abuela fomentaba mi independencia. Ya noté algo raro cuando murió mi abuelo. Lo quiso a su manera, pero lo cierto es que se deprimió más cuando se le murió el perro. A él no lo extrañó tanto, cuando faltó, ella empezó a disfrutar más de la vida”.En cuanto a Nahuel, hijo de dos profesores divorciados, no ha sido capaz aún de poder reírse de ciertas cosas. “Mi papá tenía muchas actitudes machistas, explotaba de repente, mi mamá aguantaba, pero cuando ella se enojaba… Mi vieja fue muy rebelde. Se separaron cuando yo era medio grande, todavía no me salen chistes de eso. Estuve peleado con mi papá por aquello, no le hablé un tiempo largo, quedó ahí una herida, ahora me llevo bárbaro, pero lo siento aún medio raro”.Ambos son conscientes, por ello también, de que los pozos de donde se extraen vivencias para hacer provocar carcajadas también duelen.
Ceci Hace y Nahuel Ivorra, dos fenómenos del humor argentino en redes
La pareja de comediantes y creadores de personajes como La Checha, están detrás de vídeos que han llegado a contar con más de 30 millones de visitas







