De lejos parece una joven estudiante de paseo por el Raval barcelonés. De cerca es Verónica Gago (Chivilcoy, Argentina, 1976), una de las pensadoras feministas que mejor sabe desentrañar las máscaras contemporáneas del poder. La filósofa, politóloga, investigadora y activista argentina es autora de una decena de obras, muchas firmadas con otros autores, como Contra el autoritarismo de la libertad financiera (2025), junto a Luci Cavallero, donde analizan cómo la ultraderecha entrena a la población en el abandono de toda esperanza social. Antes publicó La razón neoliberal: Economías barrocas y pragmática popular (2015) o La potencia feminista o el deseo de cambiarlo todo (2019), de la editorial Tinta Limón, con la que colabora y cuya misión es visibilizar textos relacionados con el discurso político cotidiano. Además, es profesora e investigadora en la Universidad de Buenos Aires y en la Nacional de San Martín.En primavera, la filósofa fue una de las participantes de los Diálogos Globales de la Universidad de Georgetown, celebrados en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB). En un receso del encuentro, Gago diseccionó el Gobierno argentino como laboratorio de la nueva ultraderecha mundial. Antes de publicar la entrevista, actualizamos la conversación por videoconferencia, donde revela que ese campo de pruebas lleva a un proceso de fascistización que transforma las frustraciones sociales en crueldad y odio, y que ese es el tema del nuevo libro que ultima estos días. Pregunta. Este año se cumplieron 50 años de la dictadura argentina. ¿Hay paralelismos con el Gobierno de Milei? Respuesta. El aniversario sirve para trazar las continuidades, y hay muchas. Está el papel que cumple la deuda externa como herramienta de opresión contra la población en nombre de la austeridad, se repite el cierre de empresas, los recortes de los derechos y una reforma laboral abominable. Legaliza jornadas de 12 horas, elimina licencias por cuidados, concede a la patronal el poder de pagar el salario en especies, y prohíbe el derecho a huelga en sectores como salud o educación. No es casual. Son los que luchan fuerte contra el Gobierno. P. Y este, ¿qué busca?R. Es un proyecto de reforma extrema, quiere anular las distintas formas de organización —obreras, de derechos humanos, movimientos populares— que han sido el pilar del fin de la dictadura. El Gobierno acusa a los feminismos, a los movimientos indígenas, a los jubilados y jubiladas, de hacer política presentándolos como sectores parasitarios, que quieren vivir del Estado. En realidad, son los sectores que organizan los territorios donde el Estado se ha retirado, o solo interviene de manera represiva.P. Lo llama “política aniquilacionista”.R. Milei es una respuesta contrarrevolucionaria a una manera de hacer política, y tiene una pulsión aniquilacionista. Dice que hay poblaciones que deben ser sacrificadas, como las personas con discapacidad, los ecologistas o las feministas.P. Advierte sobre la brutalidad del avance del mercado global de la mano de la extrema derecha, que tiene carácter transnacional. ¿Es lo que sucede en Gaza o en Irán?R. Hay un término que se usa en Argentina y es el de zonas de sacrificio. Se llama así a lo que hacen algunos negocios extractivistas. Dicen que hay que sacrificar el territorio, sacrificar el agua y desplazar a sus poblaciones. Y arman maquinarias de gobierno para gestionar esas zonas de sacrificio. Es la plataformización del Estado, que se pone al servicio de los negocios extractivos.P. También denuncia usted la fascistización de la vida cotidiana.R. Hay procesos por los que ciertas propuestas de la ultraderecha terminan siendo escuchadas a pesar del daño que causan en la vida material de las poblaciones. Es una radicalización de la violencia a través de la crueldad y de la imposición de la austeridad. Ese tipo de argumento empieza a formar parte de la racionalidad popular cuando dicen “bueno, es que los jubilados están cobrando mucho”. Es la idea de que la austeridad solo se consigue a través de la crueldad.P. Denuncia el antifeminismo estatal.R. El antifeminismo ha formado parte de la campaña política de Milei. Les dice a los varones jóvenes que la culpa de que no tengan horizonte laboral y de vivienda es que las feministas se han quedado con sus derechos. Ese discurso después se convirtió en política de Estado, anulando programas contra la violencia de género, por ejemplo.P. ¿Por qué es el feminismo el enemigo a batir?R. El feminismo sigue siendo un movimiento masivo muy crítico con el neoliberalismo y las jerarquías. También ha liberado otras formas de desear y de amar. Las nuevas generaciones tienen otras percepciones, otros modos de vincularse, y eso es también una transformación del sentido común. El feminismo cuestiona todo el sistema: la vivienda, la deuda, la familia. Son críticas transversales y, al mismo tiempo, locales. Combina el pensamiento y la acción entre lo sistémico y lo concreto, a partir de lo que pasa en una escuela o en un barrio.P. El feminismo latinoamericano pone el foco en las desigualdades sociales.R. Ante las diferentes formas de precariedad, el neoliberalismo propone un modelo de responsabilización individual. El feminismo señala su carácter estructural, rompe el hechizo de la supuesta culpabilización y competencia individual, planteando estrategias colectivas que buscan aterrizar lo económico-estructural en la vida cotidiana.P. Usted habla de “deseo de teoría”.R. Ciertos movimientos sociales separan la teoría de la práctica, como si la realidad estuviese despojada de conceptos. No es así. Los feminismos trabajan nuevas narrativas, abren la imaginación y la percepción social. Se decía “crimen pasional”, hoy feminicidios. P. Parece que en el horizonte solo está el apocalipsis.R. La ultraderecha global existe porque actúa frente a las experiencias de liberación social. Incluyo las Primaveras Árabes, las revueltas en América Latina contra el neoliberalismo o las revueltas transfeministas.P. Concede un gran papel a la perseverancia, como la de las madres y abuelas de mayo, que ahí siguen, cada jueves en la plaza. R. Lo que aprendimos de ellas tantas generaciones es esa persistencia. Es una tecnología política que parece sencilla —caminar juntas en ronda— y que aloja otras luchas. Es un lugar de hospitalidad, de ir a buscar fuerza, de estar juntos sin afiliación biológica. P. ¿Ese espacio compartido tiene valor más allá de lo resolutivo?R. Sí, la eficacia productivista es una idea capitalista. Del argumento catastrófico “hay mil marchas, pero no cambia nada”. La narración del poder busca infiltrar impotencia, es clave salir del paradigma utilitarista.