Desde hace 10 días, en el paseo del General Martínez Campos hay que caminar con sumo cuidado. No por las obras del Museo Sorolla, cerrado temporalmente, ni por el Instituto Médico Láser, escondido detrás de un bonito jardín, sino por el riesgo de aparecer de fondo en un telediario. A la altura del número 35, la acera se ha convertido en el escenario que todos quieren fotografiar. Como si hubiera un funambulista cruzando entre dos edificios sin red, todas las cámaras apuntan hacia el cielo. Concretamente, hacia el 9.º B: el ático que el Gobierno de Isabel Díaz Ayuso (PP) compró por 6,3 millones hace tres meses y medio. Tiene 485 metros cuadrados, 199 de terraza, cinco habitaciones y un futuro incierto: la Comunidad de Madrid lo ha puesto en venta en tiempo récord. El misterio rodea al polémico ático, que, según dijo en un primer momento el Gobierno regional, se adquirió como oficina temporal mientras se acometían unas obras ―de las que no se sabía nada hasta este viernes― en la sede de la presidencia, pese a que la normativa municipal lo impide. En una nueva versión, el Ejecutivo regional ha recordado estos días que la presidenta autonómica carece de residencia oficial, pero el inmueble de marras, que anunciaron que venderían 33 horas después de que EL PAÍS revelara la insólita compra, tampoco lo podría haber sido. Con cada vuelta de tuerca, más morbo, más interés y más cámaras, hasta el punto de que quien pasa por delante del ático no puede evitar mirar hacia arriba. El viernes, entre las 11.00 y las 11.20, lo hicieron seis personas diferentes, como si fuera un nuevo enclave turístico. La primera parada para muchos es la entrada del edificio. Allí trabaja el hombre que más sabe y menos habla de este caso: el portero. Es rumano y en las últimas semanas se ha acostumbrado a esbozar un gesto amable durante horas mientras se las ingenia para no contestar a los curiosos. Los periodistas preguntan, él sonríe y sigue limpiando las largas barandillas doradas de la entrada. Muchos residentes se enteraron por los medios de que el ático se había vendido. Algunos bajaron a preguntarle por qué su edificio aparecía de repente en todos los telediarios. Él siguió con su trabajo. “No quiero problemas”, dice agobiado. Los comerciales de las agencias pasan casi todos los días, coquetean con él y le dejan regalos con la esperanza de que los avise cuando quede libre alguna vivienda. El jueves por la tarde, sin ir más lejos, pasaron de Red Piso y le dejaron dos abanicos y tres balones inflables de piscina. Según cuentan los vecinos, actualmente en la finca de 18 pisos no hay inquilinos: todos son propietarios. Por la puerta de servicio este viernes entraban y salían los obreros. Todos aclaran que no están trabajando en el ático. También pasan por allí empleadas de la limpieza uniformadas que salen a comprar el pan o a pasear a los perros. Es agosto y quedan pocos residentes. Casi todas las ventanas están cerradas y las persianas bajadas. Hasta hace muy poco, sin embargo, una pareja vivía en el ya célebre ático. Algunos vecinos cuentan que se marcharon de vacaciones unos días y, al regresar, descubrieron que la vivienda se había vendido a Planifica Madrid. La propietaria era Astrid Gil-Casares, escritora y exmujer de Rafael del Pino, presidente de Ferrovial. Gil-Casares encargó la operación a Promora, su inmobiliaria habitual, que anunció el ático por 6,6 millones de euros en sus redes sociales. Uno puede irse de vacaciones y esperar encontrarse una planta seca, una gotera o varias facturas. Ellos se toparon con Ayuso explicando en una rueda de prensa que el ático de su edificio sería un lugar donde recibir invitados y hacer reuniones con la prensa mientras duran las obras de la Real Casa de Correos.Cuando la presidenta dijo que podría utilizarlo como oficina, los vecinos advirtieron de un pequeño obstáculo: los estatutos de la comunidad y las normas urbanísticas no lo permiten. Por Ayuso, sin embargo, estarían dispuestos a estudiar un cambio. No sería la primera vez. Hace años ya modificaron las normas de la finca para impedir que hubiera pisos turísticos. Ahora podrían volver a cambiarlas para permitir una oficina presidencial. “Estoy segura de que aquí tiene muchos votantes”, dice otra vecina que prefiere no decir su nombre. La finca, en todo caso, goza de cierta vida social. En el primer piso, según relatan los vecinos, se reúnen los martes y los jueves más de 50 personas para celebrar misas vinculadas al Opus Dei, con sacerdote incluido.En la misma calle está el bar El Yate, donde no hace falta mirar hacia arriba para saber qué ocurre en el ático. Los clientes siguen desde la barra las novedades y las comentan entre cañas y pinchos de tortilla.—Ya la podrían dejar en paz.—Iba a ser la más pobre de ese edificio.Chamberí es el barrio de toda la vida de Ayuso y, como en los pueblos, puede que nadie haya visto nada, pero casi todos saben algo. “Hoy, cuando mi novio me preguntó dónde quería ir a cenar, busqué un sitio por la zona porque lo que realmente quiero ver es el ático de Ayuso”, asegura una turista que ha seguido la historia por la prensa. En la esquina están el restaurante Sushita, la hamburguesería Vicio y la discoteca Bonded. Los transeúntes atraviesan estos días la zona bajo la atenta mirada de las cámaras. Basta detenerse unos segundos, como suelen hacer, o mirar hacia arriba para terminar formando parte del decorado. “La primera noche había focos apuntando al edificio. No sé qué creerían que iba a salir de la terraza del ático”, dice un residente. La nueva ruta turística continúa en el número 40, justo enfrente. “Como la vivienda se compró con dinero público y la propia Ayuso aseguró que serviría para recibir visitas, hemos intentado entrar para hacer un house tour”, dice, medio en broma y medio en serio, un vecino del edificio. De momento, sus pretensiones no han tenido éxito. Allí, quien vive en un ático es el portero. Lo cuenta el presidente de la comunidad de propietarios, que tampoco entiende la inversión del Gobierno regional. “Los áticos y las terrazas en Madrid no se pueden aprovechar bien. En invierno hace mucho frío y en verano, demasiado calor”, afirma. Dos portales más adelante, en el número 42, está El Puertito, un establecimiento especializado en ostras. Pero la exclusividad del paseo también se mide en tazas pequeñas. Concretamente, las que sirven para poner un café que en el establecimiento más barato cuesta 3,50 euros. Para muchos trabajadores de la calle, la única alternativa son los platos preparados del Mercadona del número 39. Chamberí no es para Ayuso un barrio cualquiera. La presidenta nació en el hospital de La Milagrosa, a pocas calles del ático, se crió en el distrito, estudió en el cercano colegio religioso Blanca de Castilla y tiene una vivienda en ese mismo paseo. En una entrevista con Vanity Fair de 2021, contó que uno de sus planes favoritos era pasear por su barrio y “tomar una cervecita en alguna terraza”. Su Gobierno ha añadido a la zona una actividad turística más: dar un paseo cerca del ático del que todos hablan.
Bienvenidos a la ruta turística del ático de lujo de Chamberí del Gobierno de Ayuso: ostras y misterio en 485 metros cuadrados
La compra del piso de 6,3 millones ha convertido un tramo del paseo del General Martínez Campos en un escenario que fotografiar y en tema de conversación de porteros, vecinos y comerciantes












