Análisis Exclusivo suscriptores Estará fuera del país unos días y promete una enconada oposición al gobierno de De La Espriella. Sigue sin reconocer resultados de las urnas. Gustavo Petro, expresidente de Colombia Foto: PresidenciaPERIODISTA09.08.2026 12:06 Actualizado: 09.08.2026 12:06
Sin reconocer la derrota de su candidato, Iván Cepeda, en las urnas. Promoviendo sin ninguna prueba y, sobre todo, en contra de todas las evidencias, la versión de un supuesto fraude del mismo sistema electoral con el que a lo largo de 30 años logró ser elegido congresista, alcalde de Bogotá y, en 2022, Presidente de la República. Y con la sombra de la cascada de escándalos de corrupción en su entorno más cercano y sin resolver los líos con las autoridades de los Estados Unidos por los que su nombre sigue apareciendo en la temida Lista Clinton. Así se fue del poder, este viernes, Gustavo Petro Urrego. El 7 de agosto, mientras los ojos del país y del mundo se posaban en Cali, sede de la posesión de Abelardo De La Espriella, las convocatorias de Petro y del senador Cepeda en varias ciudades para tratar de empañar la histórica ceremonia no tuvieron mayor impacto. El primer gobierno de izquierdas en la historia de Colombia terminó con un crítico balance en la mayoría de áreas claves para el país y con el mismo discurso de polarización que Petro promovió en los últimos cuatro años y que, pese a sus resultados, lo tiene como cabeza de la nueva oposición. Así lo definieron desde hace algunos días el Pacto Histórico en detrimento del liderazgo de Cepeda. No hubo mayor pulso en la izquierda. Tras la segunda vuelta, y todavía con las heridas abiertas por la derrota a manos de De La Espriella a pesar de la abierta e indebida participación en política del ahora expresidente y de varios de sus funcionarios, Cepeda resignó el impacto de los 12,7 millones de votos que sacó el 21 de junio en favor de su jefe político. El discurso institucional que mantuvo por algunos días después de las elecciones le dio paso al apoyo a los intentos fallidos por poner en tela de juicio la legitimidad del nuevo presidente de Colombia. El 7 de agosto, Petro salió a las 12 del día de la Casa de Nariño. Viajaría a Italia, país del que es ciudadano, y hay versiones que apuntan a que también pasaría por Bélgica y Francia, donde reside su hija Andrea. En sus primeros meses como expresidente debe pedir permiso al Congreso para salir del país. “El Presidente de la República, o quien haya ocupado la Presidencia a título de encargado, no podrá salir del país dentro del año siguiente a la fecha en que cesó en el ejercicio de sus funciones, sin permiso previo del Senado”, dice el artículo 196 de la Constitución. Después de esas vacaciones fuera de Colombia, ha dicho que regresará a liderar la oposición porque se considera “el jefe de medio país”. Hubo especulaciones sobre posibles estadías prolongadas en el exterior y hasta de un posible asilo por cuenta de los escándalos que estallaron a la salida de su mandato, entre ellos el del poder de Juliana Guerrero y otras mujeres cercanas que supuestamente crearon una red de contratación irregular por su cercanía con el expresidente. Sin embargo, más allá de la controversia mediática y política, es poco probable que prospere una acción legal contra el ex primer mandatario. Las denuncias contra Petro de los últimos cuatro años están y estarán bajo la jurisdicción de la Comisión de Acusación de la Cámara, juez natural de la cabeza del Ejecutivo y cuya ineficiencia es histórica. De hecho, una de las mayores preocupaciones de Petro en sus últimos días en el poder fue garantizar una posición mayoritaria en esa Comisión, para blindarse jurídicamente como ocurrió en estos últimos cuatro años. El Pacto Histórico logró cinco sillas en la célula investigadora, por lo que es poco probable que un proceso contra Gustavo Petro pueda avanzar en el próximo cuatrienio.Pero el ‘estilo Petro’, basado en la confrontación y en el intento de desconocer la institucionalidad, está generando ruidos incluso en la izquierda. Distintos sectores han comenzado a verlo como una figura problemática. “Un proyecto en donde todo gira alrededor de un solo liderazgo es un proyecto frágil, porque los seres humanos nos equivocamos, somos débiles en muchas cosas y, además, somos mortales (...). La cúpula del Pacto orbita alrededor de Petro y tiene miedo de incomodarlo, pero la verdadera lealtad es proteger a un gobernante de sus propios errores”, dice Carlos Carrillo, exdirector de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo (UNGRD), frente a la inminencia de que su exjefe sea la cabeza de la oposición. Ajenos a la izquierda también han comenzado a ver la dificultad que implica un perfil como Petro tras su paso por el poder. “Cepeda tenía todas las credenciales para convertirse en el jefe de la oposición, pero resignó eso en favor de Petro. Sus razones tendrán, puede ser una muestra de lealtad, pero se prolonga la vigencia de Gustavo Petro, por lo que se anuncia que continuará en una confrontación aguda. La metodología de Petro, las cosas que dice, las equivocaciones, la tergiversación de las cifras, nos hace pensar que esta va a ser una oposición no tan reflexiva como la que debería adelantar una fuerza seria de izquierda”, señaló Humberto de la Calle, exsenador y exnegociador de paz con las extintas Farc. Esto, sin embargo, no significa que no sean muchos en la izquierda los que lo ven como el líder natural. Más allá de los escándalos, señalan que es gracias a Gustavo Petro que esa corriente llegó al poder y que se consolidó durante este cuatrienio. Dicen que si bien es cierto que el expresidente figura como un liderazgo lleno de polémicas, al mismo tiempo exponen que es gracias a su capital político que se estuvo cerca de lograr un segundo tiempo en la Presidencia de Colombia. En ese sentido, dichos sectores están a la espera del regreso de Gustavo Petro para que asuma el liderazgo de una oposición que ya ha anunciado que se hará sentir en las calles, aunque ya lo intentaron sin mayor éxito durante la posesión presidencial. Petro dijo el viernes que su despedida “será temporal” y es claro que ya está mirando a las elecciones regionales del 2027 y, sobre todo, a buscar una opción con chance real para las presidenciales del 2030. En todo caso, y aunque esta semana hizo pública una comunicación de Interpol que señala que no tiene ningún impedimento para moverse por cualquier país, mantiene las preocupaciones por los problemas con las autoridades de los Estados Unidos. Sigue matriculado en la Lista Clinton, lo que en la práctica significa una especie de ‘muerte’ financiera y comercial en casi todo el mundo, y pendiente de que no avancen los supuestos procesos en cortes federales por el poder que los capos del narcotráfico lograron en medio de su ‘paz total’. JUAN SEBASTIÁN LOMBO DELGADOREDACCIÓN POLÍTICA Sigue toda la información de Política en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.










