Los sueños no siempre están al otro lado del mundo. Tampoco son estáticos o inamovibles. Y no necesariamente deben tener un descomunal tamaño para ser dignos. Son parte de nuestra esencia como una brújula irrenunciable que dirige nuestras decisiones para cada día tratar de hacer posible lo que nos parece imposible. Eso lo demuestra la periodista Hellen Quiñónez, quien –después de casi dos años en Univisión 45 Houston (Texas)– decidió regresar a Ecuador para incorporarse a Ecuavisa. Su decisión sorprendió a colegas y seguidores, pues implicó dejar una de las cadenas hispanas más importantes de Estados Unidos. Sin embargo, para la periodista no se trató de un retroceso en su carrera, sino de una elección consciente basada en su crecimiento personal, profesional y espiritual, asegura en esta entrevista.Publicidad¿Qué motivó su salida del canal estadounidense? Quiñónez desea aclarar que su partida responde a una filosofía de vida que ha orientado todas sus elecciones. “Siempre hay que reinventarnos”, afirma, convencida de que los cambios forman parte de la evolución profesional. “Yo soy una mujer que confía plenamente en Dios, que siempre quiere más cosas, que siempre está soñando con más”, dice.La periodista revela que no tenía previsto abandonar Estados Unidos. Incluso mantenía vigente su documentación migratoria y contaba con estabilidad laboral. Fue la propuesta de Ecuavisa la que cambió el panorama. Aunque inicialmente la rechazó, con el paso de los días comenzó a verla como una oportunidad que respondía a sus aspiraciones. “Yo le pido a Dios cosas grandes. Un día entendí que, a veces, uno le pide subir a la torre, pero Dios te pone la torre y eres tú quien tiene que subir”, reflexiona.En su mejor momentoQuiñónez insiste en que su decisión no estuvo motivada por carencias ni inconformidades. Al contrario, asegura que dejó Estados Unidos en uno de sus mejores momentos. “Cuando me fui de Ecuador también estaba muy bien, y cuando regresé también estaba muy bien. Yo no tomo decisiones porque me falte algo; las tomo porque quiero más”, manifiesta.PublicidadPublicidadEn todo caso, la comunicadora cuestiona la idea de que emigrar representa necesariamente el punto más alto de una carrera profesional. Considera que muchos periodistas idealizan trabajar en Estados Unidos sin conocer realmente cómo es el ejercicio cotidiano de la profesión.“Estaba haciendo exactamente lo mismo que hacía aquí. Presentaba noticias en un canal internacional, sí, pero no estaba descubriendo el agua tibia. No estaba sentada al lado del presidente Donald Trump; estaba haciendo noticias”, aporta.En ese sentido, rechaza la percepción de que la televisión ecuatoriana esté muy por detrás de la estadounidense. “Los canales en Ecuador han invertido muchísimo. Llegué y sentí que no tenía que extrañar nada. Los estudios, la tecnología y muchas herramientas están a la par”, agrega.Para Quiñónez, el prestigio internacional existe, pero considera que muchas veces se exagera: “Idealizamos lugares, países y oportunidades creyendo que estamos en la Luna. La verdad es que no era así”.Lecciones de Estados UnidosLas comparaciones son inevitables, pero Hellen Quiñónez relativiza las diferencias entre ambos mercados televisivos. Más bien reconoce que su paso por Univisión fortaleció significativamente sus capacidades profesionales.Entre los principales aprendizajes menciona el dominio de herramientas digitales, el uso de nuevas tecnologías, la producción de contenidos para plataformas móviles y el fortalecimiento de la producción periodística: “En Estados Unidos no solo presentaba noticias, también redactaba textos, hacía titulares, producía avances y participaba mucho más en la elaboración del noticiario”.PublicidadUno de los mayores retos que enfrentó fue el idioma. “Cuando llegué me di cuenta de que no sabía ni el abecedario en inglés”, bromea. Y no se quedó allí. Estudió entre cinco y seis horas diarias, porque todo el funcionamiento interno del canal se desarrollaba en inglés. “Las reuniones, los correos, las instrucciones del apuntador... Todo era en inglés. Hoy no estoy al cien por ciento, pero sí alrededor del setenta”, sostiene.Además, aprovechó su estancia para continuar su formación académica. “Le saqué el jugo a Estados Unidos. Invertí mi dinero en estudiar”, precisa. Cursó un diplomado en la Universidad de Nueva York sobre periodismo moderno y obtuvo una certificación relacionada con coberturas sobre cambio climático.Uno de los pasajes más reveladores de la entrevista apunta a la realidad que observó entre la comunidad migrante latina. La presentadora de noticias cree que hay una imagen de prosperidad que suele difundirse en redes sociales que contrasta con el panorama que ella vio, marcado por la soledad, la presión económica y el desgaste emocional.“La gente está psicológicamente muy afectada”, comenta. Recuerda que compartía vivienda con otros compatriotas, quienes apenas tenían tiempo para compartir porque trabajaban constantemente para cubrir gastos y enviar dinero a sus familias. “Todo era plata, plata y plata”, subraya.Adicionalmente hay un elevado costo de vida. “Un arriendo puede costar tres mil dólares, salir a comer es caro y la plata no alcanza como muchos creen”, enfatiza. Aunque ella contaba con estabilidad económica, asegura que pudo observar de cerca las dificultades que enfrentan miles de migrantes. “Eso que vemos en redes sociales no siempre es la realidad”, puntualiza.La transformación invisibleMás allá del crecimiento profesional, Quiñónez está segura de que la mayor transformación ocurrió en el plano personal. Su jornada laboral comenzaba a las tres de la madrugada, por lo que debía acostarse alrededor de las cinco de la tarde. “Yo no funciono si no duermo. No tomo café ni energizantes; funciono con disciplina”, añade.A esa rutina sumó ejercicio físico, terapia psicológica, alimentación saludable y largas jornadas de estudio: “Hice bicicleta, corría, estudiaba inglés, hacía ejercicio y también aprendí a estar sola”. Aclara que la terapia no respondió a una crisis emocional, sino a una decisión preventiva. “Hay que gestionar todas esas cosas. Cuidé mucho mi mente”, menciona.Si hubo algo que realmente le hizo falta durante su permanencia en Estados Unidos fue la cercanía con sus seres queridos. Los domingos eran especialmente difíciles, confiesa. “Veía por el teléfono a mi familia reunida, los cangrejos, la piscina, los amigos… y el corazón se me hacía chiquito”, declara.El momento más emotivo durante su estancia en Texas justamente ocurrió cuando comunicó a su madre que regresaría definitivamente. “Mi mamá me dijo que desde el primer día en que me fui le pidió a Dios que me trajera de regreso”, comparte. Ese reencuentro le confirmó que había tomado la decisión correcta. “A veces, uno cree que su misión está lejos, pero resulta que está cerca”, reflexiona.Inspirar a las nuevas generacionesLa comunicadora reconoce que buena parte de su fortaleza proviene de las dificultades que enfrentó durante su infancia en Esmeraldas. Recuerda que hubo momentos en los que su familia debía elegir entre destinar el dinero a la alimentación o a sus estudios universitarios.“Nunca sufrí por lo que no tenía. Siempre viví con la esperanza de que algún día vendrían cosas mejores”, recalca. Y así fue. Por eso a su yo adolescente le agradecería precisamente esa capacidad para no rendirse. “Le diría: ‘Gracias por creer en tus sueños, por tomar decisiones con miedo, pero tomarlas igual’”, expone.Su única “deuda” pendiente”, dice entre risas, es no haber encontrado pareja durante su experiencia en Estados Unidos. “Lo único en lo que he fallado es que no traje al gringo”, bromea.Con serenidad, Hellen Quiñónez concluye que cada etapa de su carrera ha tenido un propósito. Después de cumplir uno de los grandes sueños de su vida, asegura que hoy enfrenta otro desafío: poner toda esa experiencia al servicio del periodismo ecuatoriano y de una nueva generación de jóvenes que buscan abrirse camino.En esta nueva etapa televisiva, la periodista está convencida de que parte de su misión es inspirar a las nuevas generaciones de comunicadoras. En esa línea, desea convertirse en un referente para niñas y jóvenes que, como ella, crecieron con escasos recursos. “Venir de abajo es muy difícil, pero los sueños sí se pueden cumplir”, ilustra.El primer paso de este propósito se está cumpliendo puertas adentro. Después de verla alcanzar sus metas, una de sus sobrinas ha cambiado de opinión sobre su futuro profesional. “Me dijo: ‘Tía, quiero ser periodista como usted, porque usted no tenía plata y cumplió su sueño de vivir en Estados Unidos’”, relata con mucho cariño, reafirmándose en su meta. “Quiero dedicar esta etapa a las niñas y a los niños del Ecuador”, agrega. A pesar de que en cada oportunidad ha reivindicado con orgullo sus raíces afroesmeraldeñas, aclara que su mensaje busca llegar a todas las personas. “No quiero hablar solo a la comunidad afro. Prefiero hablar de derechos humanos, porque todos merecemos las mismas oportunidades”. (E)