Detectar el dolor en un gato puede resultar especialmente complicado. A diferencia de otros animales, no suele expresar abiertamente el malestar, por lo que la primera señal puede ser una modificación aparentemente pequeña en su comportamiento cotidiano.Observar cómo se mueve, dónde descansa, cuánto juega o cómo se acicala resulta fundamental. Cambios que en ocasiones se atribuyen al carácter o al envejecimiento pueden esconder un problema médico que conviene valorar en consulta."Los gatos, como buenos depredadores, son expertos en disimular el dolor. En lugar de quejarse, cambian sus costumbres", explica Irene de Miguel, veterinaria clínica y responsable del servicio de rehabilitación en Medivet Velilla de San Antonio.La reducción de los saltos, el abandono de determinados espacios de la vivienda, una menor actividad o cambios en el aseo pueden ser algunas de las primeras señales. "Dejan de saltar a sus lugares favoritos, juegan menos, duermen más, se acicalan peor o incluso dejan de utilizar algunas zonas de la casa", enumera la especialista.Estos comportamientos suelen aparecer de forma progresiva, por lo que pueden pasar inadvertidos. "Muchas veces el tutor piensa que 'se está haciendo mayor', cuando en realidad puede estar conviviendo con un dolor que tiene tratamiento", advierte.Entre los casos de traumatología felina, las caídas desde ventanas y balcones continúan siendo uno de los principales motivos de consulta, especialmente en viviendas que no cuentan con sistemas de protección. También son frecuentes los atropellos, las peleas entre animales y algunos accidentes domésticos.Una parte importante de estos casos puede evitarse. De Miguel recomienda instalar redes seguras en ventanas y balcones y controlar el acceso del gato al exterior, medidas sencillas que reducen el riesgo de lesiones graves.Acupuntura como tratamiento complementarioLa acupuntura veterinaria ha despertado tradicionalmente dudas entre algunos tutores, aunque su aceptación está aumentando. "Hace unos años generaba bastante escepticismo, pero cada vez más tutores llegan preguntando por ella", señala la veterinaria.Su uso no reemplaza los tratamientos convencionales, sino que puede incorporarse a un abordaje multimodal junto a otras medidas. Según explica De Miguel, existen estudios que apuntan a que puede contribuir al control del dolor y a la recuperación de determinados pacientes, siempre que sea aplicada por profesionales con formación específica. "Además, tenemos la gran suerte de que nuestros pacientes no se ven afectados por el efecto placebo", añade.Prudencia ante el uso de CBDEl interés por el cannabidiol también ha crecido, pero la veterinaria pide cautela. "Aunque los resultados preliminares son prometedores en algunos pacientes, todavía necesitamos más estudios para conocer mejor su eficacia, las dosis más adecuadas y qué animales pueden beneficiarse realmente", afirma.Por ello, el CBD no debería administrarse por iniciativa propia ni sustituir otros tratamientos. Su posible uso debe valorarse bajo supervisión veterinaria y dentro de un plan terapéutico adaptado a las necesidades de cada gato.