—¿Por qué es tan importante encontrar una teoría que unifique la mecánica cuántica con la relatividad general? ¿Y qué es lo que hoy no podemos explicar por no tenerla? —Hoy tenemos teorías que son muy exitosas para explicar la física fundamental. Durante el siglo XX se entendió cómo funciona la materia, de qué están hechos los átomos, cómo son las partículas elementales. Llegamos a un nivel donde todo lo que podemos medir directamente lo podemos escribir en términos de una teoría que llamamos el modelo estándar. Se llama así porque empezó siendo un modelo, uno de tantos, y resultó ser la base, la visión más microscópica que tenemos del mundo, de las leyes a nivel microscópico. Con esas leyes después explicamos otras cosas, como los núcleos, los átomos, las moléculas y la estructura de la materia en general, no solo acá en la Tierra, sino también en las estrellas, en las estrellas de neutrones, etcétera. Todas esas leyes se basan en el principio de la mecánica cuántica, un tipo de mecánica de movimiento distinto de la clásica, es más probabilístico, hay variables que no pueden determinarse al mismo tiempo, como la velocidad y la posición de una partícula. Todas esas leyes están hoy muy bien establecidas dentro del modelo estándar, y se está tratando de encontrar hasta dónde llegan. Se basan también en principios como la relatividad especial, el hecho de que si uno se está moviendo con respecto a otro, los dos ven las mismas leyes de la física, y en particular la misma velocidad de la luz. Eso hace que el tiempo pase de forma diferente para los distintos observadores. Esa relatividad del tiempo hace que sea más eficiente pensar el espacio y el tiempo como una sola cosa unificada. Eso se entendió a principios del siglo XX, esta idea del espacio-tiempo describe un aspecto de la física microscópica; por otro lado, está el espacio, los planetas, cómo se mueven, eso ya lo había entendido Newton hace mucho. Pero Einstein se dio cuenta de que, para incorporar la relatividad especial, convenía pensar que ese espacio-tiempo era una variable dinámica, algo que se puede mover y deformar por la presencia de materia. Esa es la teoría moderna que tenemos de la gravedad, que se fue entendiendo cada vez mejor, se encontraron cosas sorprendentes como los agujeros negros o la expansión del universo. Más recientemente se pudieron ver ondas gravitatorias, que son vibraciones del espacio-tiempo, de hecho una argentina, Gabriela González, trabajó mucho en la parte experimental de física, para detectar esas ondas, y gracias a ese esfuerzo hoy nos están dando información directa del universo. Todo eso se describe con la teoría de la relatividad general de Einstein, donde el espacio-tiempo es curvo y dinámico. Es una teoría clásica de campo, que se basa en leyes deterministas, dada la forma del espacio-tiempo en un momento, uno puede calcular su forma en momentos posteriores. Pero, con todos los grandes éxitos que tienen estas dos teorías, la expansión del universo, los agujeros negros y muchas otras aplicaciones, sin embargo, hay cosas que no podemos describir con esta teoría. Si vamos hacia atrás en el tiempo, el universo, que ahora es muy grande, en ese momento era muy pequeño, y al ser tan pequeño en los momentos iniciales, los efectos de la mecánica cuántica eran importantes. Con la teoría actual no podemos describir eso, porque no podemos juntar lo cuántico con la gravedad. Una manera de explicarlo es la siguiente: el espacio-tiempo es como un escenario donde se mueven los actores, que son las partículas. Pero en general el escenario también se mueve, cuando hay muchos actores concentrados en un lugar, se deforma. Al principio del universo había tantos actores, y todo estaba tan concentrado, que el espacio-tiempo mismo se movía, y además de forma probabilística. La idea es encontrar una teoría que describa eso. No la tenemos, no tenemos una teoría que pueda describir el principio del universo. Ese es el objetivo principal de desarrollar una teoría de la gravedad cuántica. —Usted, en 1997, publicó un trabajo que terminó convirtiéndose en lo que hoy conocemos como “La conjetura de Maldacena”. ¿Nos podría explicar, en sus propias palabras, de qué se trata, y por qué, después de treinta años, sigue siendo una conjetura?