La urgencia es generacional y también de género. Más de mil millones de personas viven con algún trastorno de salud mental y, entre los 15 y 29 años, el suicidio es la tercera causa de muerte. En mujeres y jóvenes, la carga de ansiedad y depresión crece de modo persistente. Tras la pandemia, la salud mental de los de 18 a 34 años no recuperó niveles previos y una proporción significativa convive con estrés funcional. No es un relato: lo muestran mediciones longitudinales y los propios informes de la OMS. En América Latina, además, la inestabilidad económica, la precariedad laboral, la sobrecarga de cuidados y la inseguridad alimentan un clima emocional que no se resuelve con consejos individuales. En la encuesta WIN–Voices, realizada en 40 países, aproximadamente un tercio de las personas con hijos declara preocuparse con frecuencia por la salud mental de ellos: señal de alarma que cruza culturas y niveles de ingreso. También conviene mirar dónde fallamos como sistemas. Según la OPS, la brecha de tratamiento en salud mental sigue siendo enorme: entre siete y nueve de cada diez personas que lo necesitan no reciben atención, según el trastorno. A la vez, el gasto público se mantiene bajo —en torno al 2% del presupuesto sanitario— y una porción desproporcionada de esos recursos aún va a hospitales psiquiátricos, en detrimento de la atención comunitaria que previene y acerca ayuda donde la vida transcurre. Este déficit convive con un frente que la OMS elevó a prioridad: la soledad. Su Comisión de Conexión Social, lanzada en 2023, llamó a tratar la “salud social” con la misma urgencia que la física y la mental e instaló la necesidad de medir y abordar la soledad no deseada, especialmente en adolescentes y adultos jóvenes. Argentina ofrece una fotografía que dialoga con el panorama regional y global. Con datos de Voices y la red WIN en 40 países, un 63% de argentinos declara haber atravesado con frecuencia estados de ánimo negativos, en línea con el 62% global. En la foto regional, Paraguay y Chile encabezan este ranking negativo: siete de cada diez personas reportan con frecuencia estados de ánimo negativos, señal que refuerza la necesidad de políticas de acceso y prevención en toda la región. Si ordenamos por incidencia, el cuadro queda así para la Argentina: preocupación (36% lo sufre con frecuencia), estrés (33%), cansancio (32%), dificultades para dormir (26%), soledad (23%) y sentirse abrumado/a (23%), irritabilidad (22%) y tristeza/vacío/depresión (21%).
La región abrumada: por qué la salud mental debe ser prioridad
El bienestar emocional dejó de ser un asunto individual y se volvió una deuda social. Con generaciones marcadas por la precariedad y la soledad, Latam necesita convertir el problema en una prioridad pública.







