Lleno de tatuajes, con la corpulencia de un viejo guerrero saj�n y una frondosa barba, John Gwynne (Singapur, 1968) no tiene demasiadas dificultades para pasar desapercibido entre los miles de lectores que abarrotan el Festival Celsius de Avil�s en su 15� edici�n. Al menos hasta que alguien repara en �l como el autor de alguna de las sagas m�s influyentes de la fantas�a contempor�nea, un nombre que desde hace a�os aparece inevitablemente junto a los de Joe Abercrombie, Robin Hobb o Brandon Sanderson cuando sus casi dos millones de lectores discuten qui�n ha recogido el testigo de Tolkien. Sin embargo, sentado frente a una mesa, habla con calma, sonr�e con frecuencia, busca las palabras con cuidado y sus ojos azules tienen una expresi�n serena que contrasta con los guerreros, las hachas, los gigantes, dragones y batallas que llenan sus novelas.Tambi�n con Maldad (Minotauro), el libro con el que tras el �xito de su trilog�a Hermanos de sangre, inspirada en la mitolog�a n�rdica, comienza a publicarse en Espa�a Los fieles y los ca�dos, la tetralog�a que lo convirti� en uno de los autores imprescindibles del g�nero fant�stico.La historia arranca en las Tierras del Exilio, un territorio donde los ecos de una antigua guerra entre seres celestiales y demon�acos -inspirada en El para�so perdido de John Milton- siguen latiendo bajo una paz apenas aparente. All�, un muchacho llamado Corban empieza a descubrir que las viejas profec�as quiz� no sean tan claras como todos creen y que el destino de los reinos depende menos de los elegidos que de quienes toman decisiones aparentemente insignificantes. Pero igual que con su admirado Tolkien, basta leer unas pocas p�ginas para advertir que, detr�s de esa arquitectura monumental, Gwynne est� hablando de otra cosa.�Mi principal objetivo siempre es entretener, intento recuperar esa sensaci�n que ten�a como lector cuando un libro consegu�a absorberme por completo y el mundo desaparec�a durante unas horas�, dice enseguida Gwynne, �pero tambi�n intento escribir historias y personajes con profundidad emocional para que quien los lea se lleve algo m�s que entretenimiento. Siempre vuelvo a los mismos temas. La familia es lo m�s importante para m�, por eso todos mis libros hablan de la familia, del amor, de la amistad, de la p�rdida, del duelo y tambi�n de la esperanza�.Para saber m�sDurante m�s de 20 a�os Gwynne fue profesor en la Universidad de Brighton. Hab�a pasado ya de los 40, ten�a cuatro hijos y ninguna intenci�n de convertirse en novelista cuando comenz� a escribir por las noches. Maldad, afirma, nunca naci� con vocaci�n de publicarse. �Lo escrib�a como un pasatiempo y pensaba regal�rselo a mis hijos. Me gustaba la idea de dejarles algo que pudieran leer alg�n d�a, cuando yo ya no estuviera. En el fondo era una forma de transmitirles algunas cosas que me parec�an importantes sobre c�mo vivir�.Ese origen ilumina buena parte de la novela, porque aunque las p�ginas est�n pobladas de fortalezas, ej�rcitos y criaturas nacidas de antiguas leyendas, la verdadera batalla se libra siempre en otro lugar. Gwynne no parece especialmente interesado en los grandes h�roes predestinados, sino en el efecto que una decisi�n casi imperceptible puede tener sobre la vida de los dem�s. �Uno de los temas principales de toda la saga es que incluso las decisiones m�s peque�as tienen un enorme impacto. A veces sentimos que no tenemos ninguna influencia sobre el mundo, pero las peque�as decisiones son como una piedra que cae en un estanque y genera ondas que se extienden mucho m�s lejos de lo que imaginamos�, defiende.Quiz� por eso Maldad acaba siendo una novela mucho m�s preocupada por la bondad que por el mal anunciado en su t�tulo. Sus personajes sobreviven porque alguien decide mantenerse fiel, porque alguien protege a un ni�o, porque alguien cumple una promesa cuando nadie podr�a reprocharle haberla roto. �Eso era exactamente lo que quer�a contar. Puedes construir escenarios inmensos y una historia �pica, pero al final son las peque�as decisiones cotidianas las que cambian las cosas�, insiste. �Recuerdo ver Gladiator, escuchar aquello de 'fuerza y honor' y pensar que yo tambi�n quer�a una frase que resumiera lo que intentaba transmitir a mis hijos�, rememora. As� naci� �Verdad y valent�a�, lema que acaba convirti�ndose en grito de guerra de los protagonistas. �Para m� significa algo muy sencillo, que la verdad importa porque las mentiras son como un veneno y el valor no consiste necesariamente en ser m�s fuerte que los dem�s, muchas veces s�lo significa tener el coraje de defender lo que uno cree que es correcto�.Hay una escena que se repite una y otra vez en sus novelas: alguien empu�a un arma, alguien cae, la batalla termina... pero lo verdaderamente importante empieza despu�s. Los muertos pesan, los supervivientes cargan con ellos y ninguna victoria sale gratis. La violencia nunca aparece desprovista de consecuencias. �Siempre me fascinaron las grandes epopeyas hist�ricas. De ni�o mi padre me sentaba con �l a ver Espartaco, Ben-Hur y pel�culas as�, pero crecer consiste tambi�n en entender que la guerra y la violencia son algo terrible, aunque formen parte de la condici�n humana�, reflexiona. �Por eso intento escribirlas de una manera que resulten reales, no gloriosas. Recuerdo el impacto que me produjo Braveheart porque fue una de las primeras pel�culas que mostr� el combate sin embellecerlo. Despu�s lleg� Salvar al soldado Ryan y aquella secuencia inicial se convirti� casi en un referente. Escribo muchas batallas, pero nunca quiero glorificar el combate�.John Gwynne sostiene un hacha de �poca en los campos de Eastbourne.PAN MACMILLANSu aspecto invita a imaginar otra clase de respuestas. Como dec�amos, Gwynne es un hombre corpulento, de manos enormes, exactamente el tipo de figura que uno esperar�a encontrar entre los guerreros de sus novelas llevando un hacha a la espalda. Sin embargo, cuando habla de ellos lo hace casi siempre para referirse al cuidado, a la responsabilidad o a la igualdad. �Es un tema muy importante para m� e intento mostrarlo m�s que explicarlo. Procuro evitar esa masculinidad tradicional y t�xica donde el hombre siempre es el h�roe y la mujer existe para ser rescatada. Todos somos humanos y la vida es mucho m�s compleja que eso. La fuerza no tiene demasiado valor si no va acompa�ada de responsabilidad�, afirma tajante. �La verdadera �pica consiste en hacer el bien en los peque�os detalles cotidianos�."Evito esa masculinidad tradicional y t�xica donde el hombre siempre es el h�roe y la mujer existe para ser rescatada"Gwynne vivi� otra experiencia que termin� de moldear esa manera de entender el hero�smo. En 2021 falleci� Harriet, una de sus hijas, que padec�a una grave discapacidad y cuya vida hab�a cambiado para siempre la de toda la familia. El escritor no busca extraer de esa tragedia una lecci�n edificante, pero resulta imposible no percibir su huella en unos libros en los que el cuidado pesa tanto como el combate y la p�rdida nunca aparece como un mero recurso narrativo. �Perder a tus padres es terrible, pero sabes que alg�n d�a ocurrir�. Nadie, en cambio, puede prepararse para perder un hijo. Estuve a punto de dejar de escribir cuando muri� Harriet. Fue una �poca muy dif�cil�.No lo hizo. Al contrario, aquella ausencia termin� encontrando un lugar en su literatura. Su nueva serie, que se publicar� en el mercado anglosaj�n en noviembre, incluye una ni�a con discapacidad inspirada directamente en ella y una familia que intenta protegerla en medio del caos. �Ahora entiendo mucho mejor el duelo y eso influye inevitablemente en c�mo escribo sobre �l. Pero no quer�a escribir un libro triste, sigo creyendo que, mientras estemos aqu�, debemos vivir plenamente y aprovechar cada d�a. Por grande que sea, el dolor no cancela la posibilidad de seguir encontrando belleza en el mundo�.Precisamente ese optimismo, esos ideales de bondad y belleza son algunas de las cosas en las que Gwynne m�s de asmeja al maestro Tolkien. Durante a�os la fantas�a pareci� empe�ada en demostrar que hab�a alcanzado la madurez alej�ndose de �l. Llegaron los antih�roes, el cinismo, los finales amargos y una violencia cada vez m�s descarnada. Gwynne admira profundamente esa evoluci�n -�Joe Abercrombie me parece un escritor extraordinario y George R. R. Martin cambi� el g�nero para siempre�-, pero no cree que la complejidad moral obligue a renunciar a la esperanza. �El grimdark ha sido una corriente que ha enriquecido much�simo la fantas�a, pues mostr� personajes llenos de contradicciones y se alej� de esa visi�n simplista del bien y del mal, pero la esperanza tambi�n forma parte de la condici�n humana. Somos imperfectos, nos equivocamos constantemente y, aun as�, seguimos siendo capaces de hacer el bien. Creo que ahora, en estos tiempos de incertidumbre, muchos lectores vuelven a buscar precisamente eso, esperanza�.Tal vez ah� resida una de las razones de su gran �xito. En un momento dominado por el miedo, la polarizaci�n y una tecnolog�a que parece cuestionarlo todo, millones de lectores encuentran refugio en historias de bosques, juramentos, espadas y viejos dioses. Gwynne sonr�e al hablar de si la inteligencia artificial podr� llegar alg�n d�a a sustituir ese impulso de contar historias. �Da un poco de miedo, claro, pero tambi�n es una herramienta muy �til. Lo que no creo es que pueda reemplazar algo que forma parte de nosotros desde hace miles de a�os. Antes nos reun�amos alrededor del fuego y alguien empezaba a contar una historia. Homero hac�a exactamente eso. Todas las culturas han utilizado los relatos para entender el mundo, para transmitir experiencias y ense�ar a los m�s j�venes. Creo que esa necesidad nunca va a desaparecer�.Quiz� por eso tampoco le preocupa demasiado que sus lectores extraigan una cierta �tica de sus novelas. Nunca pretendi� escribir manuales de conducta, insiste, pero tampoco oculta cu�les son las convicciones que sostienen su ficci�n. �Siempre vuelvo a las mismas dos palabras: verdad y valent�a. Si mis libros consiguen transmitir, aunque sea un poco, la importancia de decir la verdad, de tener el valor de hacer lo correcto y de tratar con decencia a quienes nos rodean, sentir� que todo esto ha merecido la pena�. No parece una mala definici�n para una obra que habla de dragones, dioses y gigantes, pero que, en el fondo, nunca ha dejado de preguntarse c�mo seguir siendo humanos cuando el mundo parece empe�ado en lo contrario.MaldadJohn GwynneTraducci�n de Simon Saito. Minotauro. 752 p�ginas. 23,95 � Ebook: 11,99 �