BUENOS AIRES (AP) — A casi cuarenta años de la última visita de un papa a la Argentina, muchos católicos recibieron la noticia del viaje de León XIV al país sudamericano en noviembre como una señal divina en medio de las penurias económicas que llevaron a millones de argentinos a endeudarse para sobrevivir.“Espero que el papa venga a ayudar a los pobres como yo”, dijo María Ruíz Díaz, una jubilada de 70 años que, como cada 7 de agosto, acudió este viernes a la Parroquia de San Cayetano de Buenos Aires a rezar al santo católico del trabajo.“El país no la está pasando bien, hay muchos hermanos necesitados”, opinó Santiago Olave, de 60 años, entre decenas de devotos que aguardaban por ingresar al santuario ubicado en el barrio de Liniers. “El papa puede abrir corazones y mentes”.El Vaticano anunció el miércoles que el papa visitará Argentina, la patria de su predecesor Francisco, del 8 al 11 de noviembre, como parte de su primera gira por Latinoamérica que también incluirá Uruguay y Perú.

El último líder de la Iglesia Católica que pisó suelo argentino fue Juan Pablo II en abril de 1987. Francisco nunca regresó a la Argentina, donde el catolicismo es la religión mayoritaria, desde que asumió su pontificado en 2013.La llegada de León XIV se produce en momentos en que la Iglesia Católica argentina viene alertando sobre un deterioro alarmante en las condiciones de vida de los sectores más postergados como consecuencia del plan de austeridad del presidente liberal Javier Milei, que en tres años ha logrado desacelerar la inflación y reducir drásticamente el déficit fiscal, pero con un alto costo social.