En plena rivalidad con Estados Unidos y con un Japón que ha duplicado su presupuesto militar, China opta por olvidarse de la desnuclearización de una Corea del Norte que comparte hostilidad hacia esos dos países
China ha dado un giro copernicano a la relación con su díscolo vecino norcoreano al respaldar su arsenal nuclear en lugar de empeñarse en la desnuclearización de la península coreana. En medio de una rivalidad global cada vez más feroz, Pekín ha tomado la capacidad nuclear de Pyongyang como un activo geopolítico que dificulta la posición de Estados Unidos en el noreste de Asia.
El viaje de Xi Jinping a Corea del Norte en junio, con ocasión del 65º aniversario del Tratado de Amistad, Cooperación y Asistencia Mutua de 1961 entre ambos países —el único pacto de defensa jurídicamente vinculante de China—, fue la oportunidad de exhibir el punto de inflexión en el debate internacional sobre las armas nucleares de Pyongyang. Xi no reconoció explícitamente a su vecino como una potencia nuclear, pero al omitir toda referencia a la desnuclearización, abrió la puerta a una nueva relación estratégica.
Desde el ascenso al poder en 2011 de Kim Jong-un, tercero de la dinastía comunista fundada por su abuelo Kim Il-sung, las relaciones entre los dos vecinos han sido tormentosas. El joven Kim no tardó en ajusticiar a su tío, designado por su padre como mentor, y a toda su camarilla supuestamente por los estrechos lazos que mantenían con China.






