La normalización de las relaciones diplomáticas entre Perú y México cierra uno de los episodios más prolongados de tensión política entre dos países que, durante décadas, habían mantenido una relación estable y una estrecha coordinación regional. Tras nueve meses de ruptura formal y casi cuatro años de alta tensión, ambos Gobiernos anunciaron este viernes el restablecimiento de sus vínculos diplomáticos. La decisión no solo pone fin a una disputa que había aislado a dos socios históricos de la Alianza del Pacífico, sino que también destraba el caso que provocó el quiebre entre ambas cancillerías: la permanencia de la ex primera ministra Betssy Chávez en la sede diplomática mexicana en Lima, a la que finalmente el Estado peruano concedió el salvoconducto para aterrizar en Ciudad de México. Chávez, condenada a 11 años, cinco meses y 15 días de prisión por ser coautora del autogolpe fallido del expresidente Pedro Castillo en 2022, viajó durante la madrugada del viernes, en el secretismo más absoluto. Los tres presidentes interinos (Dina Boluarte, José Jerí y José María Balcázar) se negaron durante estos nueve meses a entregarle el salvoconducto. Ha sido la nueva administración de Keiko Fujimori, quien ha acabado con las largadas, en una de sus primeras decisiones significativas desde su llegada a Palacio hace menos de dos semanas. “Uno de nuestros objetivos era recuperar las relaciones con México. Nosotros vamos a tener un Gobierno muy institucional y de absoluto respeto al Estado de derecho. Cuando uno actúa de esta manera, no ve los colores políticos”, declaró la mandataria. La noticia no ha recibido el aplauso unánime y más bien le ha valido críticas de sus aliados. Congresistas de las agrupaciones políticas de derecha, proclives a formar un bloque con el fujimorismo, han cuestionado la decisión abiertamente. Carlos Espá indicó que, producto de la reanudación de las relaciones diplomáticas, se reabrirán las embajadas en cada país. “Luego seguramente vamos a conocer el nombramiento de los embajadores y, sobre todo, vamos a impulsar una serie de iniciativas, no solamente de orden económico, sino también de orden cultural, para demostrar que nuestra voluntad de acercamiento, de estrechar nuestras relaciones con un país hermano como es México, son auténticas y son importantes tanto para México como para el Perú”, apuntó.La senadora Lourdes Alcorta, de Renovación Popular y exmilitante de Fuerza Popular, el partido oficialista, considera que se ha cedido “a la extorsión y chantaje de la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, quien puso como condición (el salvoconducto) para reactivar las relaciones”. Incluso Humberto Abanto, abogado de la cúpula fujimorista, ha señalado que el Perú debe demandar al Estado mexicano ante la Corte Internacional de Justicia por abusar de algunas cláusulas de la Convención de Caracas. “Se debe evitar que se tergiverse el otorgamiento del salvoconducto a Betssy Chávez en favor del golpista Pedro Castillo, quien está preso por tratar de liquidar nuestra democracia y no por ser víctima de alguna clase de persecución política”, afirma. La Cancillería peruana ha indicado, mediante un comunicado, que la entrega del salvoconducto no limita el derecho del Estado peruano de solicitar posteriormente la extradición de Betssy Chávez si las condiciones jurídicas lo permiten. Keiko Fujimori, además, ha desestimado que la situación de Chávez influya en la excarcelación de Pedro Castillo, por quien ha abogado una vez más la presidenta Sheinbaum este viernes. “Ella está en su derecho de tener esa postura. La postura del Gobierno es que Castillo tiene una condena de primera instancia y respetamos los fueros del Poder Judicial”.El internacionalista Francisco Belaunde considera que las asperezas con México respondieron más a presiones políticas internas que a una evaluación de los intereses permanentes del Estado. “Era un grave error romper relaciones con México”, afirma. “Era lo que correspondía. Se hizo por presiones políticas de la parte más de derecha del espectro político, pero no se justificaba. Romper relaciones con un socio de la Alianza del Pacífico, un país con el que hemos tenido muchos vínculos históricos, era un sinsentido”.Respecto al caso Chávez, Belaunde sostiene que el desenlace actual simplemente aplica las reglas del derecho internacional que el Perú había decidido postergar durante meses. “Lo que hizo México fue cumplir la Convención de Caracas. Normalmente no le hubiera correspondido el asilo a esta señora, pero quien tiene la última palabra es el país asilante y allí no había nada que objetar. Había que dárselo desde un inicio. Felizmente, el actual Gobierno decidió restablecerlas. Lo que importa es que los intereses del Estado se han impuesto a las voces ideologizadas que no tenían en cuenta el interés nacional”. A su juicio, el siguiente paso debería ser reactivar la Alianza del Pacífico, uno de los principales mecanismos de integración económica de América Latina.La reconciliación, sin embargo, deja cabos sueltos. Uno de los principales es el régimen migratorio. En 2024, en plena escalada diplomática, México restableció el requisito de visa para los ciudadanos peruanos, poniendo fin a un sistema de libre ingreso vigente desde 2012. Perú respondió inicialmente con una medida similar, aunque terminó retirándola pocos días después por el impacto que habría tenido sobre el turismo. Hasta ahora, ninguno de los dos Gobiernos ha informado si la eliminación de ese requisito formó parte de las negociaciones que permitieron recomponer la relación.Para Belaunde, la nueva etapa debería desarrollarse sobre bases mucho más pragmáticas. “Será una relación de respeto, no cálida necesariamente. Esperemos que desde México no vuelvan a opinar sobre temas internos peruanos”.
La reconciliación de México y Perú: fin a cuatro años de alta tensión y primer choque interno de Fujimori
La entrega del salvoconducto a Betssy Chávez, la ex primera ministra condenada por conspiración, ha provocado la crítica de fuerzas afines al fujimorismo











