Abelardo de la Espriella ha marcado el inicio de su mandato como presidente de Colombia de cuatro años con un discurso en un espacio inusual, el campo de paradas del batallón Pichincha de Cali. Frente a decenas de uniformados en uniformes de gala, cuadrados a decenas de metros de la tarima, habló durante más de una hora ante un público impertérrito, que no puede tomar partido político y que cumplió una función simbólica.En las decenas de páginas que leyó en un atril, mientras el sol se ponía en la tercera ciudad del país, recorrió sus principales lineamientos para cada sector del Estado colombiano. En contraste con sus emotivos eventos de campaña, llenos de alusiones políticas, hizo un recorrido más bien administrativo. El anuncio más novedoso fue el congelamiento inmediato del gasto estatal, en medio de una difícil situación fiscal. “Debemos poner la casa en orden; es el primer deber de mi Gobierno”, dijo, como dicho en uno de los compromisos que asumió en las palabras que marcan el inicio del que llamó “un gobierno de extrema coherencia”.1. La religión, el marco del discursoLas primeras palabras de Abelardo de la Espriella como presidente las dedicó a Dios. Tras los saludos protocolarios, y antes de definir cualquier postura política o trazar cualquier meta, agradeció a “Nuestro Señor Jesucristo”. El tono religioso, que ya había marcado la ceremonia previa en la que juró el cargo ante el presidente del Senado. “El que está de rodillas delante de Dios, jamás será vencido”, expresó más adelante, en una de las distintas alusiones de quien es un ferviente católico desde hace algunos años. “Mi principal preocupación, lo confieso, son los pobres. Dios lo sabe”, dijo al defender la justicia social para “los más pobres y vulnerables”, en un eco a la doctrina social de la Iglesia. “Que Dios bendiga a cada uno de sus hijos, ilumine nuestro entendimiento, afine nuestro carácter y guíe nuestras decisiones”, dijo al cierre del discurso. “¡Firmes por la patria, que viva Cristo Rey!“, terminó.Más adelante tomó el micrófono José Roberto Ospina, obispo de la cercana ciudad de Buga, en lo que fue la quinta intervención de un líder religioso en la tarde.2. El énfasis en la mano dura y lo militarPor semanas, Colombia vivió a la expectativa del lugar en el que tomaría posesión De la Espriella. No pudo ejecutar su deseo de hacerlo en un cuartel militar, pues el ahora expresidente Gustavo Petro lo impidió, así que asumió en un auditorio universitario para desplazarse rápidamente, durante el evento, al batallón en el que finalmente habló al aire libre. Ese énfasis en lo militar se sumó a una serie de anuncios de mano dura, propios de sus propuestas de campaña.“Ha comenzado el tiempo de la recuperación del orden, la autoridad y la libertad”, dijo, y reiteró que no negociará con ningún grupo. criminal. “Reafirmo mi intención de derrota, sin tregua, al narcoterrorismo”, dijo. “Los invito a todos a que nos constituyamos en permanentes defensores de la patria”, convocó a los ciudadanos, y luego, a los militares y policías les dio “la orden perentoria de combatir a todas las estructuras criminales”. Más adelante, incluso mencionó la idea de imponer cadena perpetua a quienes violenten a niños y mujeres, pese a que en Colombia está prohibida esa pena.3. Un llamado a quienes no votaron por élComo ya había hecho a partir de su victoria en la primera vuelta, De la Espriella pasó de un discurso duro frente a la izquierda y sus bases, a tender la mano. “Seré el presidente de todos los colombianos”, dijo. “Quienes no creyeron en mi propuesta encontrarán en los hechos la demostración de que en este gobierno no hay espacio para la intransigencia; todo lo contrario: llego con el ánimo de convocar a todos mis compatriotas”. E insistió: “Nadie será perseguido por pensar distinto, ni privilegiado por respaldar al Gobierno” o “Las mayorías tendrán derecho a gobernar, y las minorías el derecho a controvertir”.4. La misión: “reconstruir a Colombia” como un país descentralizado“Puedo prometer, y prometo, que gobernaré desde las regiones. Puedo prometer, y prometo, que dedicaré todas mis energías a recorrer el territorio colombiano” dijo el presidente sobre otra de sus grandes banderas, la que lo ha llevado a anunciar una reforma constitucional para hacer de Barranquilla una capital alterna, crear gerentes para las principales ciudades o hablar de terminar con el “bogocentrismo”. Incluso habló de la necesidad de hacer una “regeneración” como la que lideró el también caribeño presidente Rafael Núñez a fines del siglo XIX, pero esta vez no para centralizar el país tras una constitución federal. “La nueva regeneración exige un estado nacional fuerte y unas regiones capaces de decidir y construir su propio desarrollo”. Dijo, en una idea que repitió en otros momentos, como cuando señaló que su política de infraestructura demostrará que el suyo “será un gobierno de las regiones y para las regiones”.5. Un compromiso con la institucionalidad: “no se abrirá el camino a ninguna constituyente”Quien hizo campaña como un outsider del sistema político ha iniciado su mandato con un compromiso firme con la institucionalidad, en distintos flancos. Lo enmarcó primero como una comparación implícita con su antecesor, Gustavo Petro, quien ha hablado sin pruebas de un fraude electoral, y luego como un respeto al equilibrio de los poderes públicos y el mantenimiento de la Constitución: “La relación entre el Ejecutivo y el Legislativo estará guiada por un principio inquebrantable de transparencia, el diálogo será institucional”, dijo. “En la independencia de los jueces, encuentran amparo los derechos de los ciudadanos (...) Nunca los señalaré ni pretenderé invadir competencias que la Constitución ha confiado a otras autoridades”. La gran excepción fue su crítica reiterada a la justicia transicional. “No puedo aceptar que la justicia se convierta en mecanismo de indulgencia”, dijo al reiterar sus cuestionamientos a la Jurisdicción Especial para la Paz, o JEP. Anunció que respetará las normas que blindan la existencia de esa justicia, pero aclaró que estudiará en detalle cómo hacerle ajustes.6. La corrupción, el retrovisor más grande“Los cuatro años que hoy concluyen estuvieron marcados por un recurso inaceptable de los dineros públicos; el erario fue tratado con una irresponsabilidad que indigna” dijo De la Espriella en el que quizás haya sido el mayor cuestionamiento al gobierno anterior, en términos del tiempo que le dedicó y los términos que utilizó. Anunció que su equipo ha documentado el “vasto entramado de corrupción que deja el gobierno saliente” y que interpondrán las denuncias del caso. “Que oigan bien quienes saquearon a Colombia: no habrá impunidad, no habrá escondite en el que puedan evadir las consecuencias de sus actos”. Aunque no mencionó la palabra “extradición”, sí se refirió a la colaboración con autoridades de otros países. Y, en un sentido más prospectivo, prometió la implementación inmediata de herramientas modernas como Inteligencia Artificial o blockchain. “Se acabó la corrupción y viene la prosperidad”.7. La promesa de la meritocraciaEl presidente recordó que abrió una convocatoria, llamada banco de talentos, desde las semanas previas, contó que más de 300.000 personas participaron y reiteró que allí encontró a su ministra de Ciencia, Tecnología e Innovación, Claudia Benavides. Aunque ella sea la excepción en un gabinete de políticos y activistas, la resaltó como ejemplo de que cumple una de sus grandes promesas que hizo para subrayar su carácter de outsider a lo largo de la campaña: “Nuestro país está lleno de talentos que solo esperaban una oportunidad. Son ‘los nunca’ de los que he hablado”, dijo, en referencia a su reivindicación de ser la alternativa al continuismo en el poder de “los de siempre”.8. Álvaro Uribe y Álvaro Gómez Hurtado, los dos ejemplosEn el largo discurso, el presidente refirió pocos referentes. Citó a Winston Churchill o a Thomas Jefferson, y en Colombia solo a tres políticos. Uno, el conservador Marco Fidel Suárez, por su libro Los sueños de Luciano Pulgar, más que por su obra o personalidad. Le dio más despliegue a dos Álvaros, el expresidente Uribe y el exsenador y varias veces fallido candidato presidencial conservador, Gómez Hurtado. Los dos son figuras fundamentales de la derecha colombiana del último medio siglo, y su selección marca la filiación ideológica del nuevo presidente.Del primero lo señaló como prueba de la forma de usar la mano dura para mejorar la seguridad en el país, una referencia breve pero dirigida al corazón de su promesa como mandatario. Y del segundo, tío de su ministro de Hacienda y tío abuelo de su jefe de Gabinete, hizo una larga y sentida defensa. Recordó que ese “hombre singularísimo”, el “maestro” que escribió un libro tras haber sido secuestrado durante casi dos meses por la extinta guerrilla del M-19. “Tenía razón: la violencia nunca ha resuelto un solo de los problemas de Colombia”, dijo sobre “uno de los más grandes demócratas de nuestra historia”.9. La apuesta por el sector privadoComo exponente de la derecha, en su discurso De la Espriella hizo una férrea defensa de la función de la iniciativa privada en el futuro de Colombia. “Ese será otro de los pilares de la patria milagro”, dijo en referencia a la confianza y la estabilidad económicas, bases de esa visión.Es una apuesta que mencionó también al comprometerse a retomar la exploración en hidrocarburos para hacer una transición energética “desde la fortaleza”. Prometió, por ejemplo, dedicar su esfuerzo diplomático a la reducción de aranceles a los productos colombianos, desarrollar la política de infraestructura para mejorar la productividad o enfocar la educación en producir mejoras en la capacidad laboral. 10. La ausencia de lo socialSi hubo algún cambio frente al presidente anterior, Gustavo Petro, fue la presencia apenas tangencial de los asuntos sociales. Con cortas excepciones para reivindicar a las mujeres y asegurar que mantendrá los programas sociales, el discurso se concentró en otros asuntos. Con una mirada propia del liberalismo económico, hizo una corta promesa de ayuda a quienes trabajan en la economía informal, y si habló de la defensa de “los más pobres y vulnerables”, fue desde la suma de una perspectiva de mejora económica para todos o de una justicia social con el tono propio de la democracia cristiana. No mencionó la desigualdad ni los pueblos étnicos, ejes fundamentales de la visión de la izquierda.
Las claves del discurso de posesión de Abelardo de la Espriella
La presencia permanente de mensajes religiosos y el énfasis en lo militar enmarcan las primeras palabras del nuevo presidente de Colombia











