Michelle Knotek, más conocida como "Shelly" (Foto del libro "If you tell" de Gregg Olson)
En la apacible zona rural de Raymond, en el estado de Washington, los vecinos, casi toda gente sencilla y de trabajo, consideraban a los Knotek una buena familia. Shelly y su marido David eran amables con todos y se sabía que eran personas generosas y solidarias, capaces de acoger en su casa, donde vivían con sus tres hijas, a amigos y familiares que estaban pasando alguna necesidad. Las personas iban y venían, hasta que se dejaba de verlas, seguramente porque habían solucionado sus problemas y se habían ido a otro lugar para rehacer sus vidas. En el trato social, los Knotek eran un verdadero modelo, sobre todo Shelly, una mujer dada que siempre tenía una palabra bondadosa para todos, un ejemplo que seguían las chicas, a las que se veía muy bien educadas. Por eso cuando el 8 de agosto de 2003 la policía apareció por la casa de esa buena vecina y se llevó detenidos a Shelly y a David, la sorpresa fue monumental. Nadie podía creerlo, porque para todos la buena de Shelly era incapaz de cometer los crímenes que se le imputaban: torturar, matar y hacer desaparecer los cadáveres de sus víctimas, que no eran otras que aquellas personas a las que había acogido en momentos de necesidad.La sorpresa fue aún mayor cuando se enteraron de que las hijas de Shelly, las tan educadas Nikki, Sami y Tori, les contaron a los policías primero y a la Justicia después que las tres habían sufrido abusos físicos por parte de sus padres, y que esos invitados que aparentemente se habían ido estaban en realidad muertos, asesinados por su madre con la complicidad de su marido. Los detalles que dieron eran estremecedores: relataron que Shelly había encerrado a sus víctimas, que las había dejado días sin comer, que las torturaba físicamente y las obligaba a consumir drogas y a beber su propia orina, y que incluso las había obligado a saltar desde el techo de la casa para después ponerles lavandina en las heridas.PUBLICIDADCuando la investigación se profundizó, quedó claro que Shelly era la mente siniestra y principal ejecutora de los crímenes y que David la había ayudado porque vivía con ella en una relación de sometimiento y que, si bien más de una vez había pensado en denunciarla, nunca se atrevió. Él mismo se sorprendió cuando conoció el verdadero pasado de su esposa, que ella contaba a su manera, desde el lugar de víctima, cuando en realidad había sido todo lo contrario.Durante más de una década, los crímenes cometidos por Shelly Knotek permanecieron ocultos. Las hijas de la pareja crecieron en un ambiente de violencia y control. Fue recién en 2003 cuando Nikki y Sami, ya adultas, decidieron acudir a la policía y revelar lo que habían vivido (Fotos del libro "If you tell" de Gregg Olson)








