Siete meses después del secuestro de Nicolás Maduro y seis semanas después del trágico doble sismo que golpeó el país, Venezuela inicia un incierto y opaco proceso de diálogo auspiciado y vigilado por la Administración Trump. Se trata del primer acercamiento entre Gobierno y oposición desde que Estados Unidos atacase el país el 3 de enero y capturase al presidente, hoy en Nueva York acusado de narcotráfico y terrorismo. Desde entonces el país caribeño es dirigido, con el beneplácito estadounidense, por Delcy Rodríguez, quien fuese la número dos de Maduro. Hoy, su hermano, Jorge Rodríguez, dirige al chavismo en la negociación.PublicidadLa mesa se instaló este jueves dentro de la base aérea de La Carlota, en Caracas. Solo se permitió entrar a los fotógrafos, en rondas de un minuto. No hubo declaraciones ni preguntas, y ninguna delegación enseñó documento alguno. Quedó la foto de dos comisiones frente a frente, gesto serio y sin apretón de manos.De este primer encuentro solo trascendió un "comunicado conjunto" que ambas partes difundieron en redes sociales. El texto asegura que las partes se declaran en "sesión permanente hasta el 12 de agosto" y suscriben los principios de "negociar de buena fe, buscar una solución política, pacífica y constitucional, reconocerse mutuamente e informar al país de los avances". En la mesa no está ni María Corina Machado, Nobel de la Paz 2025, ni un calendario electoral: el propio Gobierno estadounidense ha enfriado la opción de acudir a las urnas a corto plazo.Enfrente se sienta Dinorah Figuera, mujer de confianza del Departamento de Estado y diputada electa en la Asamblea Nacional de 2015, las últimas elecciones legislativas que Estados Unidos reconoce. Preside una cámara que durante años actuó como una suerte de pretendido "gobierno en el exilio" con escaso impacto –esta misma Asamblea fue la impulsora del gobierno "de facto" de Juan Guaidó–. Figuera no suscita consenso entre todas las facciones opositoras y varias han recibido el encuentro con escepticismo, aunque evitan criticar abiertamente un proceso dirigido por Washington. Esa es justamente la diferencia entre este intento y la docena que lo precedió desde 2014: el respaldo explícito de la Casa Blanca y la influencia que Trump tiene ahora en ambas partes.PublicidadLa delegación opositora aterrizó el miércoles en el aeropuerto General José Antonio Anzoátegui, en Barcelona, a unos 300 kilómetros al este de Caracas, y viajó por carretera hasta la capital. Figuera, que salió del país en 2018 y vive en València, España, llegó con los exdiputados Marco Aurelio Quiñones, Juan Miguel Matheus, Ramón López, Jorge Millán y Sergio Vergara, casi todos residentes fuera del país. Del lado chavista negocian, junto a Rodríguez, el excanciller Jorge Arreaza y la ministra Ana María Sanjuán entre otros.Una mesa sin calendario electoralNada indica que esto sea el arranque de una transición con fechas. La agenda que Figuera describió al llegar tiene tres patas: una mesa prioritaria para las víctimas del terremoto, la recomposición del Consejo Nacional Electoral —el árbitro de los comicios— y la "reinstitucionalización del país", que incluye renovar el Tribunal Supremo y "garantizar los derechos políticos y civiles". La propia dirigente adelantó que el primer producto formal del trabajo no se presentará, previsiblemente, hasta diciembre. Agradeció además el acompañamiento del secretario de Estado, Marco Rubio, cuyo departamento saludó la instalación como una "oportunidad única".Washington es en Caracas impulsor, árbitro y parte. En una entrevista con Fox News difundida el domingo, Rubio ordenó las prioridades sin rodeos: primero estabilizar el país para evitar "una guerra civil, migración masiva, disturbios civiles"; después, un marco legal que permita a los inversores "entrar e invertir de manera segura"; y solo al final, elecciones. Citó como modelo las transiciones de Europa del Este y definió el papel estadounidense como el de facilitador. El martes pidió "persistencia y un poco de paciencia". Trump ya había dicho en julio que el país no está listo para votar.PublicidadEl orden de esos factores no es casual. Washington administra el esquema de licencias que decide qué compañías pueden operar en Venezuela y adónde va el crudo, y reparte los ingresos con Caracas a través de un fondo gestionado desde Estados Unidos. La producción ha subido un 27% desde enero. El terreno legal lo allanó la propia Delcy Rodríguez con la reforma de la Ley Orgánica de Hidrocarburos, aprobada en enero y reglamentada en julio, que permite por primera vez en cinco décadas que empresas privadas exploren, produzcan y comercialicen crudo mediante contratos con el Estado, rompiendo el monopolio que hasta ahora tenía la petrolera estatal PDVSA.La Casa Blanca prioriza el pragmatismo sobre la ideología. Para controlar los recursos venezolanos y reducir la influencia de China y Rusia en el que era su alfil sudamericano no hace falta descabezar al chavismo; basta con controlarlo. Y necesita, al menos a corto y medio plazo, un aparato institucional y económico que el oficialismo sigue ocupando por completo.Las grietas dentro de la oposiciónMaría Corina Machado salió de Venezuela el 9 de diciembre de 2025 rumbo a Oslo para recoger un Premio Nobel rodeado de polémica. No ha vuelto. Prometió el regreso desde Noruega, pero ha vivido fuera el semestre más convulso de la historia reciente del país, incluido el terremoto. Ni ella ni Edmundo González participan en la mesa; ambos han dicho que no la bloquearán, pero que juzgarán por resultados verificables. Rubio ha deslizado que Machado podría tener algún papel en la transición, pero no concretan cuál.El diálogo ha vuelto a evidenciar las grietas de una oposición nunca homogénea. Respaldan el mecanismo Primero Justicia, el partido de centroderecha del excandidato presidencial Henrique Capriles, que lo presenta como una oportunidad para avanzar hacia elecciones libres sin renunciar al liderazgo de María Corina Machado y Edmundo González; Voluntad Popular, la formación fundada por el también excandidato presidencial Leopoldo López; y Un Nuevo Tiempo, el partido del exgobernador del Zulia Manuel Rosales. Más crítica se ha mostrado Acción Democrática, el histórico partido socialdemócrata dirigido por Henry Ramos Allup, que cuestiona la designación de Dinorah Figuera y sostiene que un proceso de esta naturaleza debe contar con todos los partidos de la Plataforma Unitaria y con Machado. El propio Capriles ha advertido de que cualquier negociación que la excluya está "condenada a fracasar".La grieta que se abre en el chavismoDel otro lado ocurre algo parecido, aunque con menor foco mediático. El 28 de julio, aniversario del nacimiento del expresidente Hugo Chávez, veintinueve dirigentes del llamado chavismo originario se reunieron en Maracay y firmaron una carta abierta que rechaza "cualquier forma de tutelaje o dominación" sobre el país. El texto reclama recuperar el manejo soberano de los ingresos del petróleo, hoy depositados —denuncia— en un fondo administrado por Washington, y exige que la negociación se acuerde "sin injerencia extranjera alguna". El texto carga contra el Ejecutivo de Rodríguez sin nombrarla explícitamente y pone de manifiesto la tensión creciente entre las bases más ideologizadas y la dirección del partido.Entre los firmantes figuran el exministro Reinaldo Iturriza, el diputado Tony Boza, la exdiputada Aurora Morales y, sobre todo, Elías Jaua Milano. Vicepresidente ejecutivo, canciller y ministro en media docena de carteras hasta 2018, Jaua representa al chavismo intelectual que quedó desplazado por las disputas internas y conserva ascendiente sobre varios cuadros medios. En un escrito propio ha advertido de que la situación se agrava por el desembarco de tropas estadounidenses en La Guaira y por el silencio de las dirigencias "con vocería permisada", más interesadas, dice, en colaborar con el plan de Trump que en preservar la dignidad de la República. También ha rechazado los acuerdos de reconstrucción firmados con Israel tras los sismos.Las críticas más frontales llegan, sin embargo, desde otro flanco. La diputada y exministra Iris Varela ha despachado el proceso como "una falsedad". Y Mario Silva, que durante una década condujo La Hojilla, el programa desde el que la televisión estatal marcaba la línea del oficialismo, ha sido más explícito: "Los que nos entregaron ya hacen planes para salvarse". Ambos encabezaron el 24 de julio una concentración en la plaza Bolívar de Caracas donde se quemaron banderas de Estados Unidos e Israel.
EEUU tutela un lento acercamiento entre chavismo y oposición sin elecciones a la vista
Por primera vez desde el ataque estadounidense de enero, gobierno y oposición se sientan en una mesa de negociación sin María Corina Machado y sin elecciones en el horizonte cercano.














