Pagar un hotel, sacar una pequeña cantidad de un cajero o aceptar el importe que aparece en la pantalla del terminal son operaciones rutinarias durante unas vacaciones. Cuando el destino utiliza una moneda distinta del euro, sin embargo, cada una puede incorporar comisiones o márgenes de cambio diferentes. El coste final dependerá de la tarjeta contratada, el país, el cajero utilizado, el importe y la moneda elegida.El primer paso debería darse antes de cerrar la maleta. Gemma Reinón, de Català Reinón Abogados, advierte de que muchos viajeros miran únicamente el saldo o el límite de crédito. “Muchos viajeros conocen el límite disponible, pero desconocen qué comisión aplica su entidad por pagar en una moneda distinta del euro, cuánto cuesta retirar dinero y qué tipo de cambio se utiliza”, señala.Las comisiones que cobra la entidad emisora deben figurar en el contrato o en la documentación de tarifas de la tarjeta. El Banco de España recuerda que, al viajar a un país cuya moneda no es el euro, el banco puede aplicar costes por cambio de divisa tanto en los pagos en comercios como en las retiradas de efectivo. El propietario del cajero puede añadir, además, su propio recargo.El cajero puede incorporar varios costesUna retirada de efectivo puede resultar más cara de lo que sugiere inicialmente la cantidad solicitada. “La entidad del viajero puede cobrar una comisión por la operación, la entidad propietaria del cajero puede aplicar su propio recargo y, si hay cambio de moneda, puede existir un margen incorporado al tipo de cambio”, explica Reinón.Una retirada de efectivo puede sumar la comisión de la entidad, el recargo del propietario del cajero y el coste de la conversión de moneda. iStockEl Banco de España distingue esas tres posibles capas: la tarifa del emisor de la tarjeta, el recargo del propietario del cajero y el margen aplicado en la conversión. Su importe varía según la entidad, la tarjeta, la divisa y la operación concreta, por lo que no es posible establecer un coste general para todos los viajeros.Por eso, la abogada recomienda no confirmar la retirada de forma automática. “Antes de aceptar una retirada, hay que leer toda la información que aparece en la pantalla. Si el cajero anuncia una comisión, el usuario todavía puede cancelar la operación y buscar otra alternativa”.Realizar menos retiradas, pero mejor planificadas, puede ayudar cuando la tarjeta establece una comisión mínima o un coste fijo por operación. No es, sin embargo, una regla universal. “También suele ser más eficiente realizar pocas retiradas planificadas que muchas operaciones de pequeños importes, aunque esto dependerá de cómo calcule las comisiones cada entidad”, matiza Reinón.La normativa europea equipara las comisiones de los pagos transfronterizos en euros dentro de la Unión Europea con las aplicadas a operaciones nacionales equivalentes. Esta igualdad no incluye los costes de conversión de moneda, que pueden seguir encareciendo una compra o una retirada cuando interviene otra divisa.Ver el precio en euros no garantiza un mejor cambioOtro momento delicado aparece cuando un comercio o un cajero pregunta si el cliente quiere pagar en euros o en la moneda del país. Jordi Català, abogado especializado en derecho civil, consumo, vivienda y cuestiones económicas cotidianas, señala que “uno de los errores más habituales es aceptar automáticamente que la operación se convierta a euros”.Esta alternativa, conocida como conversión dinámica de divisa, permite conocer en ese momento la cantidad que se cargará en euros. La sensación de control puede resultar engañosa: “El hecho de ver el importe en euros puede transmitir seguridad, pero no significa necesariamente que el cambio sea más favorable”, advierte Català.Cuando el viajero acepta el cargo en euros, la conversión la efectúa el proveedor del terminal o del cajero conforme al cambio y los costes mostrados. Si escoge la moneda local, la operación será convertida posteriormente por el emisor de la tarjeta según las condiciones del contrato.La regulación europea obliga a informar antes de iniciar la operación sobre el tipo de cambio, las comisiones, el importe en la moneda local y el total que se cargará en la moneda de la cuenta. También reconoce al consumidor la posibilidad de rechazar la conversión ofrecida por el cajero o el comercio y pagar en la divisa utilizada por el vendedor.Eso no significa que elegir la moneda local sea siempre más barato. El resultado dependerá del margen ofrecido por el terminal y de las condiciones que aplique la entidad emisora. “El viajero no debería aceptar la conversión a euros por simple comodidad. Debe observar el tipo de cambio, el margen anunciado y cualquier comisión”, sostiene Català. Cuando la pantalla no permita comprender claramente las alternativas, añade, resulta prudente cancelar la operación.Una segunda tarjeta y algo de efectivo, pero sin concentrar todo el dineroLa planificación también debe contemplar problemas ajenos a las comisiones: una tarjeta bloqueada, un fallo técnico, una pérdida o un comercio que no acepte pagos electrónicos. “Viajar con una segunda tarjeta, guardada en un lugar distinto, permite afrontar un bloqueo, una pérdida o un problema técnico”, indica Reinón.Combinar una segunda tarjeta con una cantidad moderada de efectivo reduce la dependencia de un único medio de pago, siempre que se guarden por separado. EUROPA PRESS / Europa PressUna cantidad limitada de efectivo puede ser útil en transportes, pequeños comercios o zonas con menor aceptación de tarjetas. El Banco de España recomienda informarse previamente sobre los medios de pago habituales en el destino, ya que la disponibilidad de cajeros y la aceptación de tarjetas no son iguales en todos los países o regiones.El efectivo tampoco está libre de riesgos. “Llevar todo el presupuesto en efectivo aumenta el riesgo en caso de pérdida o robo”, recuerda Reinón. El reparto entre varios medios de pago debe adaptarse al destino, la duración del viaje, las reservas ya abonadas y la posibilidad real de guardar el dinero de forma segura.Notificaciones, límites y comprobantesAntes de partir conviene comprobar los límites diarios, el funcionamiento de la aplicación bancaria y el procedimiento para bloquear la tarjeta. “También debe revisarse si el banco bloquea automáticamente determinadas operaciones en el extranjero o permite limitar geográficamente el uso de la tarjeta”, explica Català.Las aplicaciones de numerosas entidades permiten bloquear temporalmente la tarjeta en caso de pérdida. El Banco de España aconseja, además, consultar los movimientos durante las vacaciones y verificar que las claves y los canales de acceso funcionan antes de salir.Los justificantes pueden ser decisivos ante un cargo duplicado, un importe incorrecto o una retirada fallida. “Debe conservarse el recibo y anotarse el nombre del comercio o la ubicación del cajero”, recomienda Català. El Banco de España aconseja guardar los comprobantes, contrastarlos con los movimientos y activar, cuando la entidad lo permita, los avisos de cada operación.Ante una transacción que el titular no reconoce, la recomendación es comunicarla cuanto antes al emisor. La entidad supervisora también aconseja bloquear la tarjeta ante una pérdida, un robo o cargos sospechosos, sin esperar al regreso del viaje.El margen de actuación del consumidor empieza, por tanto, antes del desplazamiento. “El viajero debería saber antes de salir qué tarjeta utilizará, qué coste tiene, cuánto efectivo llevará y qué hará si pierde el medio de pago principal”, resume Català. No existe una fórmula que elimine todas las comisiones, pero conocer las condiciones evita que una sucesión de compras y retiradas pequeñas termine elevando el presupuesto: “Las comisiones no suelen deberse a una única operación extraordinaria, sino a la repetición de pequeñas operaciones realizadas sin conocer sus condiciones”.