La apertura comercial, las plataformas digitales y el tipo de cambio dejaron expuestas las fragilidades estructurales del sector (Foto: Unión Industrial Provincia de Buenos Aires -Uitba-)Hay mucha información sobre el deterioro de la industria textil y del calzado en la Argentina. Cierres de fábricas, concursos preventivos, uso de capacidad instalada por debajo del 40 %, pérdida de decenas de miles de puestos de trabajo y una ola de productos chinos que ya explica cerca del 70 % de las importaciones textiles. La apertura comercial, las plataformas digitales y el tipo de cambio dejaron expuestas las fragilidades estructurales del sector. Ese diagnóstico ya es conocido. La pregunta relevante es otra: ¿qué hacen las empresas que no solo sobreviven, sino que crecen? Y, sobre todo, ¿qué parte de esa experiencia puede replicar el resto del entramado productivo?Un caso emblemático es JIT Pants, pyme argentina de la familia Buchbinder, con 80 años de historia. Su trayectoria también permite leer la evolución de una lógica empresaria basada en la reinversión entre generaciones. Elías, el fundador, llegó desde Polonia antes de la Segunda Guerra Mundial y aprendió el oficio desde abajo, en ropa de trabajo. Carlos, la segunda generación, migró hacia los pantalones de vestir masculinos, con diseño propio y confección tercerizada. Eduardo, de 59 años y representante de la tercera generación, detectó a tiempo que los talleres externos no garantizaban ni calidad ni tiempos de entrega. PUBLICIDADEn 1998 lanzó su propia empresa y, tres años después, incorporó el sistema Just in Time, apoyado en el Toyota Sewing System, creado por la automotriz japonesa para acompasar la producción con la demanda. Cada estación controla la tarea de la anterior. El resultado es menos desperdicio, menos error y menos demora. Las máquinas de coser son Brother, importadas de Japón.La cuarta generación -Daniel y Shirley Buchbinder- sumó luego una decisión estratégica. Mantuvo la lógica del JIT, pero desde 2024 impulsó a su padre a importar telas europeas, sobre todo de Italia e Inglaterra, en reemplazo de parte del abastecimiento chino. Son géneros finos que durante años casi no entraron al país por la presión tributaria. Hoy la colección europea ya representa el 70% de las ventas, mientras que el 30% restante utiliza telas locales, muchas de ellas con origen chino, aunque en retroceso. PUBLICIDADHoy la colección europea ya representa el 70% de las ventas, mientras que el 30% restante utiliza telas locales, muchas de ellas con origen chino, aunque en retrocesoLa mano de obra es argentina en casi toda la producción. Solo un 3% corresponde a remeras de algodón Supima importadas. La empresa dejó de operar solo en B2B y combinó ese canal con venta directa a través de la web y un local propio en la ciudad de Buenos Aires. También adoptó el criterio de “listo para usar”: el 95% del pantalón sale prácticamente terminado en distintos talles y en el local solo se ajusta el ruedo. Es una fórmula que reduce tiempos, mejora la experiencia del cliente y amplía margen. No compite en el lujo extremo, pero sí en una gama alta accesible, con foco en calidad, confort y durabilidad. No tiene deudas. Y el negocio funciona.PUBLICIDADLa clave es que no compite con China en precio. Compite en otra liga: calidad de trama, diseño, calce, confort y eficiencia productiva (Foto: EFE)