EditorialDe la Espriella hereda un pa�s donde la violencia ha ganado terreno y los grupos armados se han fortalecidoEl presidente colombiano, Abelardo de la Espriella.AP PhotoActualizado Viernes,

agosto

23:11Audio generado con IAAbelardo de la Espriella hereda una Colombia profundamente dividida. Ese es el legado m�s perdurable de su antecesor, Gustavo Petro, y probablemente el m�s dif�cil de revertir. El nuevo presidente, que ayer jur� el cargo entre fuertes medidas de seguridad, asume las riendas de un pa�s donde la violencia ha ganado terreno, la promesa de �Paz Total� ha fortalecido a los grupos armados y el clima pol�tico ha alcanzado uno de los mayores niveles de polarizaci�n de su historia.Petro deja tras de s� un balance decepcionante en seguridad y ensombrecido por los esc�ndalos de corrupci�n que afectaron a miembros de su entorno pol�tico y familiar, empa�ando el discurso regenerador con el que conquist� el poder en 2022. Sin embargo, su herencia m�s preocupante trasciende cualquier indicador econ�mico o policial. Durante cuatro a�os consolid� un clima de confrontaci�n permanente que termin� contaminando incluso el relevo presidencial. En sus �ltimas horas en el Palacio de Nari�o insisti� en denunciar un fraude electoral sin el respaldo de los organismos nacionales e internacionales que supervisaron los comicios y se neg� a reconocer plenamente la legitimidad del presidente electo. Al mismo tiempo, parte de la izquierda decidi� ausentarse de la toma de posesi�n y convoc� movilizaciones contra un Gobierno que ni siquiera hab�a comenzado a ejercer.El resultado electoral refleja hasta qu� punto ese desgaste ha transformado el mapa pol�tico colombiano. De la Espriella no ha llegado al poder �nicamente por el rechazo al balance de Petro en materia de gesti�n -en la que se cuentan algunos logros en cuanto a crecimiento y reducci�n de la pobreza-, sino, sobre todo, porque una parte significativa de la sociedad ha dejado de creer que las negociaciones con los grupos armados, tal y como fueron planteadas en los �ltimos a�os, puedan ofrecer resultados.El talante del nuevo presidente tampoco invita, por ahora, a pensar en una desescalada. Admirador declarado del presidente salvadore�o Nayib Bukele, ha construido su liderazgo sobre la idea de una ruptura frontal con el pasado y ha querido subrayarla desde el primer momento mediante gestos cargados de simbolismo pol�tico. Esa estrategia puede reforzar su autoridad entre sus partidarios, pero resulta dudoso que contribuya a reconstruir la confianza entre quienes no le votaron. Y sin embargo, gobernar un pa�s polarizado exige ampliar la base de legitimidad del poder m�s all� de los propios apoyos.Recuperar el control del territorio frente a las organizaciones criminales y sanear unas instituciones golpeadas por los esc�ndalos constituye una prioridad inaplazable. Pero nada de esto podr� llevarse a cabo si contin�a erosion�ndose el principio de que el adversario tiene derecho a gobernar cuando gana en las urnas. Petro entrega una naci�n m�s fracturada de la que recibi�. La primera responsabilidad de su sucesor es impedir que esa fractura se convierta en el rasgo definitorio de la pol�tica colombiana.