Los colores de la bandera colombiana habían tapado los viejos murales de las víctimas de la violencia policial a lo largo de la calle Quinta, la avenida principal de Cali por la que pasaron Abelardo de la Espriella camino de la Universidad de Santiago, donde tomó posesión de la presidencia colombiana.Pero el telón de fondo hecho a la medida del famoso eslogan del nuevo presidente, “Firmes por la patria”, había sido modificado durante la noche con dos grafitis : “Abelardo gonorrea, el pueblo no copea [no cede]” y “Volvió la horrible noche”.No fue el mensaje que se quería transmitir a los invitados internacionales, entre ellos, el rey Felipe de España, jefes de Estado de la nueva ola de la derecha latinoamericana, como Javier Milei y Daniel Noboa, y una delegación estadounidense dominada por funcionarios especializados en narcotráfico. El Rey viajó acompañado del ministro español de Exteriores, José Manuel Albares, una novedad en las salidas al exterior del monarca. Dentro del anfiteatro de la Universidad Santiago de Cali, donde se celebró la ceremonia a las tres y media de la tarde, hora colombiana, saltaba a la vista el contraste entre la diversidad de la ciudad, con su elevada población afro, y el público —casi todos blancos, la mayoría hombres— que observaba mientras que De la Espriella juró lealtad a Colombia, al igual que había jurado lealtad a EE. UU. en Miami tres años antes. Esto pese a los compromisos del abogado y cantante romántico, ahora presidente de Colombia, por descentralizar y diversificar el poder. De la Espriella es el último de los que ya son doce populistas de la derecha dura que han accedido al poder, desde El Salvador y Honduras hasta Argentina y Chile, todos aliados fieles de Donald Trump. La retórica del nuevo presidente colombiano se ha moderado en alguna medida desde el fin de la campaña durante la que amenazaba con “destripar” a la izquierda. En su discurso del viernes, pronunciado después de la toma de posesión en la base militar Batallón Pichincha, se esperaba un llamamiento a la unidad nacional. Horas antes del acto en Cali, el nuevo presidente anunció que su gobierno hará “lo que les conviene a los más humildes, a los más desprotegidos y a los más débiles”.El presidente del Congreso, Honorio Henriquez —del partido conservador Centro Democrático— citó en su discurso tras la posesión la transición española como ejemplo para unificar Colombia. Pero ni el rey español, que acudió acompañado del ministro de Exteriores, José Manuel Albares, parecía del todo convencido por el ejemplo. Lo cierto es que, tras una victoria muy justa en las elecciones del pasado 21 de junio frente al candidato de izquierda, Iván Cepeda y ante una oposición progresista con la bancada más grande en el Congreso, de La Espriella preside un país dividido en dos y con elevadas posibilidades de confrontación social. El saliente presidente Gustavo Petro, que no reconoce la legitimidad del nuevo gobierno debido a acusaciones de difícilmente comprobadas de fraude electoral, ya ha convocado manifestaciones de protesta. Con el 70% de los votos favorables a Cepeda, Cali parecía una ubicación elegida por el nuevo presidente para marcar las nuevas líneas de la batalla que se avecina. “La posesión de De la Espriella en Cali tiene el propósito de ser una provocación”, dijo el médico y activista pro Cepeda, Manuel Rosenthal, vecino del pueblo de Santander de Quilichao, a 40 kilómetros al sur de la ciudad, donde el Ejército encontró el martes, en una camioneta, 400 kilos de explosivos. Tras el despliegue de 11.000 integrantes de las fuerzas de seguridad , “Cali está militarizada; hay una tensión enorme”, dijo Rosenthal en una entrevista telefónica. El rey de España acudió a la ceremonia acompañado del ministro de Exteriores, José Manuel AlbaresEl nuevo presidente ha reafirmado su intención de librar una guerra sin tregua contra los grupos armados vinculados al narcotráfico que actúan libremente en amplias áreas del país, entre ellos, el Cauca, la región al sur de Cali. Se comprometió en su discurso antes de la toma de posesión a recuperar “el territorio para quitárselo a los violentos que tienen azotado al país”. Pero en mucha de su retórica electoral el nuevo presidente ha identificado a la izquierda petrista con esos grupos. Cepeda distribuyó ayer un comunicado según el cual, De la Espriella, en coordinación con , la Administración de Control de Drogas estadounidense (DEA), “pretende vincularnos con el narcotráfico (...) a Gustavo Petro (...) y a mí”.Había señales de enfrentamiento el viernes en Cali. A pesar de haber sido prohibidos por el alcalde conservador, Alejandro Eder, los movimientos indígenas del Cauca, conocidos como “la minga”, que la derecha vincula con los grupos armados, tenían previsto “estar presentes como protesta”, dijo un activista en la región.Para caldear más el ambiente, en su último discurso presidencial, Petro anunció “la primera manifestación de la resistencia”, en alusión a las protestas que había convocado contra De la Espriella en todo el país. Dada la victoria importante de Pacto Histórico en las elecciones legislativas de mayo, en las que la izquierda logró su mayor número de representantes en la historia, la polarización del país es total. Petro ha llegado a calificar a De la Espriella como “Abelardo el Breve”, parafraseando a Hugo Chávez en su referencia a Pedro Carmona, que fue presidente durante 24 horas tras el intento de golpe en Venezuela en 2002. En un discurso pronunciado el viernes en Barranquilla, nueva sede gubernamental de De la Espriella, Cepeda animó a sus seguidores a llevar a cabo acciones de desobediencia civil pacifica. El presidente ultraconservador ya ha anunciado su decisión de restablecer la policía antidisturbios Escuadrón Móvil Antidisturbios (ESMAD), responsable de “uso excesivo e innecesario de la fuerza” en el estallido social de 2021, segun Amnistia internacionalDe La Esprella no solo desafía a la izquierda. La decisión de no invitar a Juan Manuel Santos, expresidente y premio Nobel de la Paz, confirma los temores de que de la Espriella pretende desmantelar todo el proceso de paz y sus mecanismos de justicia transicional y reconciliación. El nuevo presidente se ha comprometido a reanudar la guerra sin tregua contra los múltiples grupos armados que ocupan territorios amplios en departamentos como el Cauca. Pero su mandato popular es mucho más débil que su retórica. Solo 250.000 votos —solo el 1% del total— separaron a de la Espriella de Cepeda, y uno de cada tres de estos fue depositado en el exterior, principalmente en FloridaLa delegación de EE.UU. la encabeza el fiscal Todd Blanche y la integran expertos en el narcotráficoPara recuperar los territorios gestionados por grupos armados y narcotraficantes, De la Espriella cuenta con el apoyo de EE.UU. Pero, pese a la reacción entusiasta de la administración Trump a su victoria electoral, ni Trump, ni su vicepresidente JD Vance, ni el secretario de Estado Marco Rubio decidieron asistir a la toma de posesión. En su lugar llegó a Cali un grupo de expertos en la lucha contra el narcotráfico encabezado por Todd Blanche, el fiscal general nombrado por Trump, y el director de la DEA, Terry Cole. También estará Joseph Humire, diseñador de los bombardeos contra las llamadas narcolanchas, calificados como asesinatos extrajudiciales por grupos de derechos humanos en Washington. El colaborador de Rubio y del lobby cubano en Florida, Mario Díaz-Balart, participará en la delegación estadounidense también.Según Nate Morris, el multimillonario de Kentucky que Trump ha nombrado próximo embajador en Bogotá, De la Espriella ya ha accedido a las presiones desde Washington en favor de salir de la iniciativa china Ruta de la Seda para mejorar infraestructuras. “El presidente electo me ha hecho saber su compromiso de salirse del memorando de entendimiento (con China). Todas las naciones deben decidir si hacen negocios con nosotros o con China”, dijo Morris en Washington. Para quienes en Bogotá han comprobado cómo una constructora china avanza como ninguna empresa anterior en la construcción del nuevo metro, trabajando 24 horas al día, la noticia no será tan buena
De la Espriella asume la presidencia colombiana en otro avance de la derecha dura suramericana
La ceremonia se celebró en Cali, en una ciudad tomada por 11.000 soldados en medio de una fuerte tensión











