Abelardo de la Espriella tomó posesión anoche como presidente número 61 de Colombia, durante una ceremonia celebrada en Cali, la tercera ciudad del país. Este cambio presidencial se materializa después de que, el 21 de junio, en la segunda vuelta de las elecciones, el ultraderechista De la Espriella se impusiera por menos de 250.000 votos al izquierdista Iván Cepeda, correligionario de Gustavo Petro, titular de la presidencia colombiana desde agosto del 2022 hasta ayer.Tres elementos destacan en esta llegada al poder de De la Espriella. En primer lugar, su perfil populista, en sintonía con el corrimiento hacia la derecha que se registra en Latinoamérica, donde en los últimos años han accedido al poder Nayib Bukele en El Salvador, Javier Milei en Argentina, José Antonio Kast en Chile o, más recientemente, Keiko Fujimori en Perú. Estos mandatarios, a los que podríamos sumar al ecuatoriano Daniel Noboa, a la costarricense Laura Fernández o al hondureño Nasri Asfur, dibujan una Latinoamérica escorada a la derecha y la extrema derecha, que cuenta con el beneplácito del presidente de EE.UU. Donald Trump, a quien algunos de los mencionados admiran.El segundo elemento a destacar es la polarización entre izquierda y derecha que caracteriza la actual coyuntura colombiana. Cepeda, que perdió las elecciones por un estrecho margen, y Petro han alentado esa rivalidad, entre sugerencias de fraude electoral no probadas. También la ha alentado De la Espriella, que anuncia grandes cambios en la seguridad y la economía y promete lucha sin cuartel contra el narcotráfico, una revolución desreguladora, un crecimiento económico del 7%...Abelardo de la Espriella se convierte en el presidente número 61 del país latinoamericanoEl tercer elemento es la incógnita que representa De la Espriella. A diferencia de recientes antecesores suyos en el cargo como Ernesto Samper, Andrés Pastrana, Álvaro Uribe, Juan Manuel Santos o el propio Petro, con una consistente carrera política a sus espaldas mucho antes de llegar a la presidencia, De la Espriella es un outsider recién incorporado a la esfera política. Su carrera profesional se ha desarrollado en el ámbito de la abogacía y los negocios, careciendo por tanto de experiencia en la gestión de lo público.De la Espriella ha tratado de superar esta falta de currículo político –exitosamente– basándose en un perfil cincelado en las redes sociales, con apelaciones a bolsas de electores conservadores o relacionados con movimientos religiosos, además de con una serie de promesas para regenerar el país, en las que las palabras patria y milagro son recurrentes. Pero, ante un parlamento fragmentado, lo que puede serle de mayor utilidad, más que los milagros, siempre imprevisibles, es la flexibilidad para sumar mayorías legislativas.Colombia es un país cuyas instituciones gozan de un merecido prestigio, cuya economía es la cuarta latinoamericana en términos de PIB (solo por detrás de Brasil, México o Argentina, y casi doblando a Chile, la quinta), con un potente sector de servicios y considerables recursos en minería, hidrocarburos y agricultura. Su ejército ha evitado cualquier tipo de asonada durante los últimos setenta años, algo que por cierto no pueden decir muchos de los países vecinos. Es cierto que en decenios recientes ha sufrido los estragos de las luchas entre guerrillas marxistas y otras formadas por paramilitares, con intereses políticos y económicos enfrentados, a menudo relacionados estos últimos con el tráfico de drogas. Pero nada de eso ha comprometido hasta la fecha la viabilidad del país.La división y la polarización marcan el inicio de un mandato que debe durar hasta el 2030La gran prioridad de De la Espriella debe ser, lógicamente, cumplir con su programa electoral, que es el que le ha llevado al poder, y que como se ha sugerido más arriba no carece de ambición. Pero tanto o más importante que eso es conservar el buen cartel de Colombia y, en la medida de lo posible, mejorarlo; por ejemplo, corrigiendo un déficit que ha rondado el 8% del PIB en tiempos de Petro, sin por ello cercenar el sistema social al que este último ha dedicado no pocos recursos.Y, desde luego, sin ahondar en la polarización de un país ya dividido, puesto que una mitad le apoya a él y la otra mitad es la que protagonizó el estallido del periodo 2019-2021, en demanda de una reforma del sistema económico y más justicia social, que en el 2022 acabaría llevando en volandas a la presidencia a Petro. El tiempo dirá, cuando De la Espriella llegue al término de su mandato, previsto para el 2030, si sus métodos son los más adecuados para ello o no.
Cambio de rumbo en Colombia, por Editorial
Abelardo de la Espriella tomó posesión anoche como presidente número 61 de Colombia, durante una ceremonia celebrada en Cali, la tercera ciudad del país. Este cambio presidencial se materializa después de que, el 21 de junio, en la segunda vuelta de las elecciones, el...














