El eclipse se produce en el cielo, pero también se puede disfrutar desde él. Así lo ha creído Iberia, que ha lanzado una iniciativa única: ver el fenómeno celeste a bordo de uno de sus aviones. Concretamente, la trayectoria está pensada para poder observar la ocultación total del Sol por parte de la Luna estando a 10.000 metros de altura, en la troposfera baja. Así, el Airbus A321XLR partirá desde el aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas a las 18.45 horas con la intención de seguir el eclipse en la provincia de Palencia. Un lugar privilegiado, que garantiza una visión impecable de ambos astros.PublicidadEso sí, esta iniciativa no está abierta para el público general. A bordo de la aeronave viajarán 30 astrónomos del proyecto Shelios, además de los pilotos que también poseen formación en astrofísica. El avión está equipado con varias cámaras que grabarán todo el proceso y lo retransmitirán en directo. Por ello, todo el que quiera disfrutar de las imágenes captadas lo podrán hacer desde la comodidad de su casa. Sin embargo, la noticia de Iberia ha llamado la atención de muchos aficionados a la astronomía, que se preguntan si merecerá la pena elevarse unos metros en el aire para tener una primera fila en el eclipse del 12 de agosto.Pros y contras de ver el eclipse del 12 de agosto desde un aviónEvidentemente, la principal ventaja que tiene observar el eclipse desde un avión es garantizarse una visión nítida del astro solar. A 10.000 metros de altura, la aeronave volará por encima de las nubes, por lo que el riesgo de que un día nublado estropee la óptica no existe. Además, la perspectiva única permite observar el cono de sombra de la Luna desplazándose a velocidad supersónica a través de la superficie terrestre o el manto de nubes, por lo que se observará a la Tierra oscurecerse. Finalmente, volar durante un eclipse permite disfrutar más tiempo del fenómeno, siempre y cuando la trayectoria esté ajustada para ello, como lo será en el caso del vuelo IB1473.Aun así, esta opción también tiene sus contras. Fundamentalmente la posición de observación, a través de una ventanilla de tamaño reducido y que ofrece una visión aberrante debido al metacrilato grueso con el que deben ser construidas. Además, un avión no es una superficie estable, sino que suele vibrar, por lo que no es el lugar idóneo desde el que tomar imágenes o vídeos con una cámara. Por último, al estar en una aeronave, tampoco se experimentan algunas de las particularidades más llamativas de un eclipse de sol total, como la bajada de temperaturas o la reacción de los animales a la oscuridad súbita.Ver el eclipse en un avión comercialVer el eclipse solar total desde un vuelo regular es posible, aunque depende de la coincidencia precisa de varios factores, algunos de ellos fuera de nuestro control. Por ello, se trata de una cuestión de suerte.PublicidadLa lógica dicta que aquellos vuelos que estén atravesando la franja de la totalidad durante el eclipse tienen grandes probabilidades de poder observarlo desde el cielo. Esto es, vuelos vespertinos (entre las 19.30 y las 21.00) que conecten Galicia, Asturias o Cantabria con la costa mediterránea (Valencia o Alicante) o las Illes Balears. También, claro, aquellos vuelos internacionales que, a la misma hora, atraviesen el norte peninsular, concretamente las Comunidades de Galicia, Castilla y León, Cantabria, Aragón.Aunque hay más variables en juego para poder observar el eclipse desde un avión. Entre ellas el lado de la ventanilla (además de que la visión no sea opacada por el ala o los motores). En este caso, hay que tener en cuenta que el eclipse se produce cerca de la puesta de Sol, esto es hacia el oeste. Así, en un vuelo que se dirija hacia el sur, para poder ver el eclipse es preciso estar en el lado derecho de la aeronave, mientras que si el vuelo es de sur a norte los asientos privilegiados son los que van en el lado izquierdo. Si el avión vuela directo hacia el Oeste, el Sol quedará frontal y resultará invisible desde los laterales.Por otro lado, la altitud también es un aspecto a tener en cuenta. Por dos motivos: el primero son las nubes. El vuelo de Iberia se ha asegurado una altitud suficiente para tener una buena perspectiva del Sol en todo momento, algo que no va a hacer un vuelo comercial pues ya tiene una ruta planificada. Pero, además, al producirse cerca de la puesta de sol, las alas, los motores o el propio perfil del fuselaje pueden bloquear la línea de visión si el ángulo del avión con respecto al Sol no es idóneo.PublicidadChárteres dedicados frente al marketing aéreoEl fenómeno del eclipse ha movilizado a todo el sector turístico, pero no todas las propuestas comerciales son iguales. Por un lado están los vuelos chárter fletados por agencias especializadas, en su mayoría británicas y centroeuropeas. Estos aviones sí tienen el propósito de ofrecer la mejor vista posible del fenómeno celeste, aunque la mayoría de ellos se centran en llevar a los aficionados a la astronomía hasta la franja de totalidad, para que lo puedan disfrutar ya con los pies en la tierra. Por otro lado, la expectación ha llevado a aerolíneas comerciales como Vueling o Lufthansa a promocionar en sus canales vuelos regulares que coinciden en horario y zona con la franja de totalidad. Es una campaña que han bautizado como Chase the eclipse from above, pero que requiere una matización importante. A diferencia de iniciativas dedicadas como la de Iberia, estas compañías operarán rutas convencionales sin modificar sus trayectos, ajustar altitudes ni garantizar maniobras para encuadrar el Sol en las ventanillas. Es decir, no garantizan que se pueda ver el eclipse desde sus cabinas. Por ello, se trata más de una maniobra publicitaria que otra cosa, pues observar el eclipse queda en manos del azar.¿Avión o tierra, qué es mejor?Poder visualizar un eclipse desde un avión es, desde luego, una experiencia única. No solo porque, en un vuelo científico, se garantice la visión del mismo prácticamente al 100%, sino porque además otorga perspectivas únicas como el poder ver desde arriba como la Tierra va entrando en penumbra.Sin embargo, la experiencia desde el suelo es mucho más inmersiva, precisamente por librarse del aislamiento de una cabina. En la Tierra el eclipse no solo se contempla, se siente: no hay pantallas de metacrilato ni atmósferas climatizadas de por medio. El desplome súbito de la temperatura se percibe en la propia piel y la fauna reacciona desconcertada a tu alrededor, acentuando esa sobrecogedora sensación de pequeñez ante la inmensidad del cosmos. En definitiva, se trata de una vivencia en 360 grados.