IdeasLa solución cuesta poco: que el Congreso publique en su sitio, dentro de las 24 horas siguientes, el texto aprobado indicando qué se aprobó y qué se improbó en cada votación.
Asumo la responsabilidad de corregir un dato errado en mi columna anterior. El viernes pasado escribí que el decreto 18-2026 conservaba dos artículos sobrantes —los que definían la “vivienda habitual”— y advertí que esa ambigüedad les abriría la puerta a los alcaldes. Me equivoqué. Los diputados sí eliminaron esos artículos. Reconozco el error. Pero cómo lo cometí es importante.
El Congreso improbó los dos artículos durante las aprobaciones por artículos. Esa tarde en el Congreso escanearon el decreto aprobado y lo circularon. Ese primer archivo no traía el sello de improbado en los artículos. De seguro, alguien lo advirtió y media hora después salió una segunda versión, ya con el sello. Yo recibí la primera versión. La segunda nunca me llegó. Sobre ese texto escribí mi columna.
Al día siguiente de la aprobación, todavía le pregunté al presidente de la comisión que dictaminó la iniciativa. Me dijo que sí los habían quitado, en el fondo de revisión. Volví a leer el fondo de revisión y ahí no aparecía ninguna eliminación. Debí ver la sesión completa antes de publicar. La vi después: dura siete horas. Ahí estaba la votación. Nada de esto borra mi responsabilidad. Sí explica cómo un ciudadano puede recibir información oficial incompleta, aunque revise el expediente con cuidado.











